Los primeros pasos hacia la reformulación de la economía, con una propuesta asimétrica y gradualista en exceso.

Dinámica Económica

La coyuntura actual

El crecimiento económico se mantiene. El PBI llegaría a 2,8% de incremento para 2017. El crecimiento alcanza a la mayoría de los sectores incluyendo el industrial, y se aceleró la expansión del crédito. La confirmación del buen momento de esta administración quita algo de la incertidumbre sobre los cambios a realizar y podría haber un mayor dinamismo de la inversión privada, tal vez impulsando el crecimiento a 3.5% para 2018.

Que en líneas generales haya un leve crecimiento de la actividad no indica que los desajustes macroeconómicos hayan siquiera comenzado a corregirse: el estado tiene un déficit fiscal enorme, inelástico y creciente de casi 9% del PBI, la balanza comercial es negativa al punto de llegar a perderse casi us$ 6.000 millones de diferencia entre importaciones y exportaciones sin posibilidades de corregirse en 2018 en que llegará a us$ 8.000 millones. La inflación no cede y será…

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Los primeros pasos hacia la reformulación de la economía, con una propuesta asimétrica y gradualista en exceso.

La coyuntura actual

El crecimiento económico se mantiene. El PBI llegaría a 2,8% de incremento para 2017. El crecimiento alcanza a la mayoría de los sectores incluyendo el industrial, y se aceleró la expansión del crédito. La confirmación del buen momento de esta administración quita algo de la incertidumbre sobre los cambios a realizar y podría haber un mayor dinamismo de la inversión privada, tal vez impulsando el crecimiento a 3.5% para 2018.

Que en líneas generales haya un leve crecimiento de la actividad no indica que los desajustes macroeconómicos hayan siquiera comenzado a corregirse: el estado tiene un déficit fiscal enorme, inelástico y creciente de casi 9% del PBI, la balanza comercial es negativa al punto de llegar a perderse casi us$ 6.000 millones de diferencia entre importaciones y exportaciones sin posibilidades de corregirse en 2018 en que llegará a us$ 8.000 millones. La inflación no cede y será casi de 24% en 2017 y las tasas utilizadas para contenerla restringen el crédito al sector privado.

La financiación del déficit con crédito externo mantiene bajo el dólar y genera fuga de divisas al mismo tiempo que dificulta las exportaciones que ya tienen caída de precios y costos internos de producción elevados por la enorme presión impositiva. Una combinación que manejada por la administración anterior hubiera resultado explosiva, en este momento resulta muy preocupante y no será resuelta en menos de cinco años mientras el crecimiento cierto deberá esperar.

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La evaluación macroeconómica suele desplazar a un enfoque microeconómico que refleje los problemas diarios de las empresas medianas y pequeños emprendimientos que en última instancia son los más desprotegidos. El aumento del costo del crédito hace que las grandes empresas compradoras y distribuidoras trasladen el costo financiero a sus proveedores llevándolos a reducir sus inventarios al mínimo y a bajar sus márgenes y su personal en blanco a la menor expresión. Esto mantiene una fuerza de trabajo estimable en un 30% que cobra en negro y se pierden aportes y contribuciones. En todos los sectores excepto el agroexportador esta situación – además de la carga impositiva – genera inflación reprimida que es la que presiona la inflación núcleo hacia arriba.

Inflación

La inflación de octubre se desacelera respecto a septiembre. El IPC presentó un incremento de 1.5%.  La inflación acumulada en 2017 es 19.4%.

Aumentaron Bebidas Alcohólicas y Tabaco 3%, Comunicación 5.3% e Indumentaria 2%.

La inflación núcleo baja 1.3%, y el promedio de tres meses es 1.5%. Acumula en 17.6% en 2017.

Para noviembre se llegará 1.4%. La baja del precio de los Combustibles (-1.5%), modera el aumento de octubre. En diciembre habrá una variación de 2.0%, con inflación anual en 22/24%.

A pesar de la baja no se afloja la política monetaria porque el mercado mantiene cierta expectativa inflacionaria.

Las propuestas económicas post triunfo electoral

El éxito electoral y un claro diagnóstico de los problemas a resolver que ha realizado y presentado  la actual administración horas después de recibir respaldo electoral, indican que han decidido enfrentar los desafíos de corrección macroeconómica y estructurales de la economía en forma gradual y sin correr riesgos políticos, excepto con la reforma previsional. Dejan de subestimar la macroeconomía y eso genera algo de certidumbre dando lugar a un pragmatismo con el que se evalúan estos primeros dos años

Las modificaciones anunciadas parecen bien orientadas y son el primer paso de un largo camino, que arranca desde un lugar muy difícil, con muchos obstáculos a superar. La macroeconomía no está en absoluto consolidada para conseguir estabilidad duradera y necesita reformas mucho más profundas que las anunciadas para iniciar un crecimiento sostenido a mediano y largo plazo.

Lo que se ha decidido presentar es muy gradual y no llega al fondo del problema:

  1. una reforma sobre cómo repartir los recursos entre la Nación y las Provincias;
  2. una reforma impositiva neutral en 2018 con costo fiscal creciente en los años sucesivos para que las provincias disminuyan sus cargas
  • una reforma previsional que modifica la fórmula de la movilidad jubilatoria como elemento vital para reducir el déficit fiscal primario en 2018 y evitar la quiebra del sistema a mediano plazo
  1. una reforma laboral que aspira a blanquear parte del empleo en negro y reducir la litigiosidad.

Las tres primeras se negocian todas juntas con los gobernadores.

La reforma laboral tiene como escollo principal a los sindicatos.

Si se modifican sin un contexto los impuestos nacionales y provinciales, se crea el impuesto por única vez al revalúo de activos, se cambia el reparto de recursos entre Nación y Provincias, se altera la fórmula previsional y se recortan subsidios energéticos nadie puede racionalmente imaginar siquiera si mejorará o no la situación fiscal y la competitividad.

Esta administración necesita bajar impuestos porque el sector privado está impedido de crecer de forma genuina porque el tamaño del gasto público pasó de ser 25% cuando comenzó la administración anterior a 43% hoy. Si no se baja el gasto público, no hay forma de bajar los impuestos. Es por eso que la reforma tributaria que propuso el gobierno no parece útil, simplemente no conseguirá bajar impuestos.

Será un modificar constante e imprevisible de recursos y gastos en función de cómo opere el déficit. Eso sin tomar en cuenta algún Acto de Dios que modifique el medio ambiente condicionante.

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La visión de esta administración en cuanto a los gastos a favor de la población.

Cualquier reforma que se diseñe desnuda la visión de la administración que las propone y revela el pensamiento de la coalición gobernante. Sus iniciativas muestran que esta administración tiene un buen diagnóstico, con demasiados problemas no resueltos y ha elegido un conjunto de reformas livianas que entrarían en vigencia muy lentamente y con limitaciones durante cuatro años.

Si bien el diagnóstico parece correcto, enfrentan demasiados problemas no resueltos aun: según ellos no se puede bajar el gasto público que debe crecer tanto como la inflación.

Esto es así porque asumen que la situación argentina actual es de una fuerte desigualdad en la distribución de la riqueza, un alto nivel de pobreza (30% de la población) y una crisis de la infraestructura. Por eso esta administración siguió aumentado las prestaciones sociales y la obra pública durante dos años, compensando con el aumento de tarifas. Ahora tratarán de corregir limitando el gasto social.

Como no se puede bajar el gasto social y poder gobernar al mismo tiempo, esta administración encaró una reforma impositiva más que lavada para bajar la presión tributaria global, donde todos los cambios entrarían en régimen en forma gradual en un plazo de cuatro años.

La reforma impositiva aspira a reducir la presión recién en 2021/2022, pero en 2018 habrá mayor presión tributaria porque no es posible reducir los impuestos debido a la inacción de 2016 y 2017 y la necesidad de bajar gradualmente el déficit fiscal primario.

Las restricciones presupuestarias condicionan las reformas y sus resultados, que aún son difícilmente estimables hasta no conocerse el texto final de las leyes.

La reforma laboral es algo más agresiva y con resultados probables más positivos en el corto plazo.

El cambio de la forma de ajuste de la movilidad jubilatoria y de auxilio al 30% de la población con menos recursos laborales resulta el más significativo de este paquete de reformas porque en conjunto esos gastos sociales representan el 57% del total del gasto público y es – hasta el momento – inelástico a la baja y elástico a la suba porque se ajusta en forma indexada con inflación y recaudación pasada en un contexto donde se reduce la inflación.

Para la administración de las cuentas públicas resulta imprescindible desactivar esa inelasticidad, sin embargo para la población afectada resultará en una caída de ingresos de más de $ 80.000 millones en un año. Cabe preguntarse si se ha calculado bien hasta qué punto afectará a la demanda agregada porque los cálculos previos de esta administración en varios aspectos clave de la economía han demostrado apresuramientos con sus consecuentes errores y posteriores rectificaciones.

Este año, la tasa de inflación bajará de 38,4% (2016) a 24%. Las jubilaciones se ajustaron por la fórmula 28%. Si no se cambiara nada el 2018 sería igual: la inflación se estima será 17%, mientras que la movilidad de las jubilaciones puede llegar al 23%.

Cambiar la fórmula utilizando la inflación ahorra $ 10.000 M por cada punto menos que aumenten las jubilaciones. Con 8 puntos de diferencia estimados para 2018, el ahorro teórico máximo llegaría a $ 80.000 M, pero casi con seguridad se va a negociar algo con la oposición, que tiene un plato servido para negociar.

Pero no se mencionan los otros gastos sociales. Si agregamos la evolución del gasto social sin incluir las jubilaciones y las pensiones, esto es educación, salud y vivienda en valores constantes de 2016, aumentó 2,4 veces en términos reales durante 2017.

En dólares, el gasto social adicional total aumentó de U$S 28000 millones en 2001 a U$S 80000 millones en 2016, o sea que se multiplicó casi por 4. Pero desde el 2003, cuando empezó la administración anterior hasta el 2016 el gasto social aumentó 6,6 veces en dólares.

Por lo tanto si la solución a la pobreza es aumentar los planes sociales, hoy no habría pobres.

Este gobierno no ha logrado revertir la cultura de la ayuda en vez de la cultura del trabajo y seguirá según las cifras del presupuesto 2018 tal como puede verse en los siguientes cuadros.

Como afectarían las reformas en el corto plazo

El conjunto de reformas puestas a discusión contiene un correcto diagnóstico que deja de lado la demanda agregada y cambia el foco a fomentar la oferta y procura estabilizar la macroeconomía.

Esta administración considera que los subsidios y planes, más las jubilaciones (tanto las genuinas, como las concedidas indiscriminadamente sin aportes y las sorprendentes jubilaciones de privilegio, que no se pueden modificar) resultan poco importantes políticamente y que se debe esperar que sea el crecimiento económico el que mejore la situación de ese segmento.

Consideran que deben licuarse algo en que todos los técnicos estarían de acuerdo si el gasto público no fuera de 45% del PBI y no hubiera mayor inflación y que la licuación no abarcara a millones de consumidores en su gran mayoría por debajo del límite de la pobreza. Pero no es el caso sino lo contrario.

Una administración que considera imprescindible contener el gasto social y aumentar la obra pública simultáneamente, debería generar una reforma fiscal sin precedentes, no la tímidamente anunciada. Es el sistema impositivo integro lo que se debe modificar, seguir emparchando es delegar al futuro la resolución de uno de los más complejos problemas del país.

Está claro que el gasto social instalado durante 8 años de populismo sin control sostenido con emisión monetaria ha generado jubilaciones y pensiones que pasaron de ser el 5.2% del PBI en 2008 al 9 % en la actualidad por la fórmula de cálculo de ajuste utilizada.

Se aumentó en los dos últimos años en 1.4% del PBI el gasto social llevando todo hasta 10% del PBI. Es decir que desde 2008 a la actualidad el gasto total del ANSES que son jubilaciones y todos los compromisos de gasto social aumentó 5% del PBI haciendo crecer más de 120% el déficit total del estado.

Sin cambios, en cinco años los jubilados consumirían 10% del PBI por eso se requiere y solicita discutir un cambio de la fórmula de movilidad, para que los jubilados no afecten tanto el déficit.

Cabe preguntarse sobre este tema si se han analizado adecuadamente todas las alternativas posibles, como reducir la planta de empleados públicos que son casi 8.000.000 en todo el país, o reducir los gastos del poder legislativo que consumen $ 50.000 millones anuales entre sueldos y adicionales de legisladores y los miles de asesores con que ellos operan, o reducir el número incongruente de Ministerios en todas las provincias, como – simple  ejemplo –  la Dirección de Bicicletas y bici sendas a cargo de una Directora General en CABA y como ese muchos más cargos creados para favores políticos y el omnipresente nepotismo.

Los ajustes fiscales propuestos no son en absoluto ambiciosos.

Hasta hoy se sigue tomando endeudamiento externo para financiar el déficit fiscal pagando tasas elevadas como un bono a 10 años que retribuye 6% anual mientras Colombia (en estado de guerra contenida) paga 4.5%, México 3.2% y Brasil en carne viva por la corrupción paga 4.2%, y esta administración paga 6.5% con una relación de deuda/PBI muchísimo más baja que el de esos países.

Esta administración paga más porque el país ha defaulteado y no tiene ninguna ley para controlar a la dirigencia política y por eso los inversores asumen – con toda razón – que el país seguirá endeudándose y naturalmente prestan solamente a tasas más elevadas.

No poner un límite legal explícito al endeudamiento externo público, espanta a los inversores. Pero eso no figura en la agenda legislativa. Inexplicablemente.

Para que el gradualismo continúe asegurando gobernabilidad el financiamiento externo es clave, pero para conseguirlo hay que asegurar que la deuda se va a honrar y eso solo se logra con normas fiscales que aseguren la transparencia y previsibilidad de las cuentas públicas y mejoren la credibilidad del país en los mercados, quienes desde la asunción de esta administración han ofrecido solo palabras, especulación, carry trade y ninguna inversión genuina.

Ningún inversor real (excepto los que se garantizan con extracciones de recursos) ha puesto el dinero donde puso sus palabras.

 

LA ECONOMÍA ENTRO EN RECUPERACIÓN FIRME A PESAR DE LOS ENORMES DESEQUILIBRIOS MACROECONOMICOS.

Dinámica Económica

NO HABRÁ INVERSORES GENUINOS – LOS QUE SE INSTALAN Y ARRIESGAN – HASTA ASEGURAR ESTABILIDAD INSTITUCIONAL.

El relanzamiento de la macroeconomía

Panorama Inicial

Haber obtenido un buen resultado eleccionario ha generado diversas consecuencias, desde un jefe del ejecutivo que comienza a mostrarse consolidado como político pragmático hasta la percepción que la coalición podría seguir gobernando un nuevo período más una inicial reducción de la incertidumbre en las decisiones macroeconómicas.

Se ha reducido mucho la posibilidad que la anterior administración pueda volver a ser una alternativa pero aún conserva suficientes adictos y retiene el poder de perturbar la reorganización de una oposición consistente.

A muy pocas horas de las elecciones la nueva administración inició el camino concreto de la consolidación fiscal y las reformas estructurales para modificar la característica antigua del estancamiento estructural del país.

Existe ahora una administración que luce externamente consolidada y enfrenta una oposición dividida y transitoriamente desorientada. Cuentan…

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LA ECONOMÍA ENTRO EN RECUPERACIÓN FIRME A PESAR DE LOS ENORMES DESEQUILIBRIOS MACROECONOMICOS.

NO HABRÁ INVERSORES GENUINOS – LOS QUE SE INSTALAN Y ARRIESGAN – HASTA ASEGURAR ESTABILIDAD INSTITUCIONAL.

El relanzamiento de la macroeconomía

Panorama Inicial

Haber obtenido un buen resultado eleccionario ha generado diversas consecuencias, desde un jefe del ejecutivo que comienza a mostrarse consolidado como político pragmático hasta la percepción que la coalición podría seguir gobernando un nuevo período más una inicial reducción de la incertidumbre en las decisiones macroeconómicas.

Se ha reducido mucho la posibilidad que la anterior administración pueda volver a ser una alternativa pero aún conserva suficientes adictos y retiene el poder de perturbar la reorganización de una oposición consistente.

A muy pocas horas de las elecciones la nueva administración inició el camino concreto de la consolidación fiscal y las reformas estructurales para modificar la característica antigua del estancamiento estructural del país.

Existe ahora una administración que luce externamente consolidada y enfrenta una oposición dividida y transitoriamente desorientada. Cuentan con una mejor perspectiva negociadora en la agenda legislativa. Pero la forma en que esta administración actúe marcara el futuro de los próximos años siempre que no se modifiquen las condiciones financieras internacionales. Las reformas imprescindibles tienen una mejor oportunidad de lograrse que antes de las elecciones.

Esta administración está enfocada en solucionar dos problemas macroeconómicos centrales: la coyuntura, corrigiendo los desequilibrios del corto plazo y lo más importante y desafiante que es modificar el estancamiento de más de medio siglo.

Los problemas de la coyuntura, del corto plazo

La macroeconomía sigue muy desbalanceada. Han tomado decisiones correctas, pero quedan pendientes cambios para corregir esos desbalances. La administración actual siempre utilizó metas de inflación en base a la tasa de interés nominal, pero la inflación no cedió lo suficiente. Si bien la inflación de 2017 será menor a la de 2016, aun no logra los niveles promedio conseguidos por la administración previa.

El déficit fiscal además de muy elevado es creciente. La administración actual decidió no bajar el gasto público pero cambió la forma en que utiliza los recursos con más énfasis en el gasto social y en obras públicas, bajando los subsidios económicos. Eligieron pagar el costo político de subir las tarifas públicas que apenas cubrían el 15/20% del costo de producir los servicios para poder atender el gasto social y la obra pública.

Los ingresos cayeron en términos reales y tanto el déficit primario como el déficit fiscal global subieron. Para cubrirlos la administración actual decidió tomar – en forma transitoria – deuda especialmente externa, al tiempo que eliminó el uso de reservas internacionales y monetarias.

En el imprescindible contexto de mantener un cambio libre asumieron con la lógica de mercados más grandes y menos trastornados por medio siglo de inflación, que con esta libre flotación el tipo de cambio de mercado resultante sería el de equilibrio. Pero el tipo de cambio está influenciado por la fuerte entrada de capitales producto del endeudamiento externo (y de la alta tasa de interés interna) que mantiene bajo el tipo de cambio, complicando no sólo la necesaria reversión del déficit de la cuenta corriente, y facilitando el ahorro en dólares a una sociedad que no quiere pesos y grandes ganancias a unos operadores hiperentrenados por décadas de inflación y descontrol.

Si bien muy necesario – dada la coyuntura económica con que asumieron a sabiendas la administración – la baja de la inflación, el endeudamiento y la flotación del tipo de cambio (se contraponen entre si y se limitan a sí misma.

Ese es un problema conocido y asumido por la administración desde un primer momento: la combinación de un elevado déficit fiscal de 6 puntos del PBI con un alto déficit de cuenta corriente de 5.5 del PBI y  el atraso cambiario deja a las claras que el modelo elegido es transitorio y que será modificado porque no puede seguir creciendo de manera indefinida la deuda externa y la emisión de deuda cuasifiscal  resultado de la esterilización con emisión de LEBAC para financiar el déficit, comprando los dólares que el Tesoro consigue en el exterior.

Nadie puede siquiera imaginar que esta política macroeconómica pueda continuar.

Este enfoque transitorio de la macroeconomía ha resultado políticamente útil pero sin corregir los problemas de fondo; solo los ha contenido postergando la resolución y con un costo político limitado a la cadenciosa letanía de los residuales de la administración anterior que solo atinan a focalizarse sobre el endeudamiento ya entregados al reconocimiento de su fracaso y la ahora mediática corrupción.

Datos de la realidad para no confundir recuperación con exitismo.

La realidad sin embargo no ha cambiado: se debe bajar la inflación reducir el déficit fiscal que es el mayor problema y el más complejo porque genera un dólar barato y grandes dificultades para exportar y sin las exportaciones no se puede pagar el endeudamiento tomado.

No hay lugar para el pensamiento mágico porque la situación de la economía argentina es dramática; hay enormes, sólidos e inelásticos déficit fiscal y déficit comercial, 28% de pobreza, un sistema impositivo kafkiano cuya reforma tomará años, una inflación de dos dígitos resistente y que no cede, con fuertes corporaciones poco dispuestas a conceder nada pero que puede mostrar que a pesar de los grandes desequilibrios macroeconómicos ha iniciado un leve proceso de recuperación. Pero eso es insuficiente: los inversores no especulativos, los que se instalan y arriesgan tienen muy en claro  en que la iniciativa tomada por esta administración por sí sola no alcanza y que para ser creíbles como para llevar y fijar el dinero al suelo se requiere un amplio consenso con la oposición. Ese es el verdadero requisito: que dentro de 3 ó 4 años no cambie todo de nuevo.

Al principio querían ver el rumbo que tomaba la administración. Después, le exigieron ganar las elecciones y ahora demandan respaldo pleno y un apoyo social a fuertes reformas económicas como la flexibilización laboral. Lógico, nadie invertiría en un lugar inestable, sin instituciones serias y duraderas. Y ese es el mayor problema.

Si a eso se agregan las reiteradas actitudes propias de estudiantes secundarios como duplicar el impuesto a las gaseosas con azúcar ¨por salubridad¨ lo que se consigue es que la tontería de gravarlas desde un 8% a 16% lo que se consigue es que lo opuesto:   Coca Cola decidió frenar una inversión de US$ 1.000 millones anunciada durante el 2016. Con esto, ya todos están convencidos que el ministro de Producción le hace un flaco favor al equipo económico en todas sus acciones, incluidas las personales.

El problema estructural

Ya hemos mencionado reiteradamente el problema estructural: en medio siglo el PBI per cápita en la Argentina creció a razón de apenas 0.7% promedio por año, con lo cual nuestro país sólo puede duplicar su ingreso por habitante cada 100 años cuando el mundo en desarrollo lo hace cada 25 años. Para superar la pobreza habría que crecer el doble de lo que se creció en 60 años.

El ingreso per cápita del país que en 1870 era el 50% más alto que el del promedio del mundo y en 1913 era dos veces y media más alto, en 1970, era el doble y hoy está sólo 27% por encima. En otras palabras, el mundo aprendió a crecer, nosotros no.

Para salir de este estancamiento se necesitan inversiones, mayor productividad y mayor empleo bajando el costo laboral.

No debe dejar de observar que la pobreza llegó al 30%. Y no está aún claro el diagnóstico de lo que fue mal en los últimos 100 años y en consecuencia qué es lo que hay que hacer para cambiar. La pobreza cero no existe y la propia definición de pobreza es un concepto abstracto relacionado con el ingreso de cada país.

Para bajar la tasa de pobreza al 10% que hoy está en 28,6% en 20 años (a Chile le tomó 27 años y no tiene pobreza cero) habría que duplicar la tasa de crecimiento de la Argentina de los últimos 60 años. La tasa de crecimiento, a su vez, está en función de tres variables: cuánto crece el empleo, la acumulación de capital, y cuánto la productividad. Cuando se mira la historia argentina, puede apreciarse que se invierte poco, pero sobre todo la productividad de esa inversión es bajísima.

Hoy el país se encuentra frente a una oportunidad única de comenzar a corregir la macro de corto plazo y avanzar con la agenda estructural de mediano y largo plazo.

El gran interrogante es cuán decidido está el gobierno para encarar los desafíos económicos que tiene por delante. El gran interrogante es si aprovechará el apoyo político para emprender los cambios que son necesarios o se enredará en gradualismo dispersos.

En definitiva, la gran pregunta es si mantendrá los lineamientos generales del modelo macro elegido y los precavidos ritmos de los dos primeros años de su mandato o si mostrará firme liderazgo para comenzar a corregir y acelerar los tiempos de dichas correcciones.

Las elecciones ganadas generaron una oposición desorientada y dividida que junto con la casi extinción de los despojos de la administración anterior abren un panorama que permitiría avanzar hacia modificaciones de mediano y largo plazo.

Si la administración actual sigue con el actual modelo macro elegido o si asumirá el liderazgo para corregir ya no está por verse: se han enfocado a ello.  Por un tiempo más, estimado en varios meses la configuración macroeconómica elegida seguirá igual, con una moderada reducción del déficit fiscal primario y algunas reformas superficiales que cuentan con más chance de lograr los consensos necesarios para que puedan ser aprobadas.

Durante 2018 se debería poner en marcha el gran cambio.

El comienzo del gran cambio

Con eficiencia y seriedad, en forma oportuna y a pocas horas después de ganar las elecciones se anunció que se propondrá una reforma tributaria – hace más de una semana – la administración lanzó su idea de lo que sería una reforma tributaria que, en sus ejes centrales, intenta reducir gradualmente la presión impositiva y promover la inversión y la generación de empleo.

La necesidad de equilibrar las cuentas públicas obliga a una menor carga tributaria sobre la producción y el empleo con la eliminación de determinadas exenciones impositivas y la modificación de impuestos internos sobre sectores específicos, procurando ofrecer algo de equidad y eficiencia al esquema tributario nacional que es una maraña ineficiente.

Con eficiencia y seriedad, en forma oportuna y a pocas horas después de ganar las elecciones se anunció que se propondrá una reforma tributaria que reduciría gradualmente la presión impositiva y promovería la inversión, la competitividad y la generación de empleo.

Tal lo que todos esperaban. Pero no se dijo como, ni se anunció un análisis y reformulación integral del sistema impositivo kafkiano que nos oprime.

Se habló de

1) una reducción en el impuesto a las ganancias corporativas no distribuidas, que bajaría de 35% a 25% en un lapso de 5 años, aplicable a la reinversión de utilidades de las empresas; poca cosa.

2) la devolución anticipada del IVA por inversiones, para bajar el costo de los proyectos de inversión;

3) la reducción de las contribuciones patronales para fomentar el empleo formal;

4) una reducción indirecta del impuesto sobre los créditos y débitos bancarios (el conocido impuesto al cheque)

5) la reducción de los impuestos a los ingresos brutos, algo a ser muy negociado con las provincias.

6) nuevamente se cayó en la inocente juvenilia de introducir la posibilidad de impuestos nuevos al consumo de vino, cervezas bebidas alcohólicas y tabaco a sabiendas que se incluían para tener algo que dar de baja en las negociaciones. En oportunidades algunos ministros sorprenden al decir que consideran productos suntuarios o perjudiciales para la salud a las bebidas alcohólicas o con un alto agregado de azúcares (bebidas cola).

7) En cuanto a la modificación del ajuste de los beneficios sociales cambiando una fórmula de ajuste con muchas variables que favorecían el aumento por encima de la inflación de las jubilaciones y pensiones, rápidamente – y no solo la oposición – calcularon con precisión irrefutable que con ese tipo de ajuste serían los jubilados quienes contribuirían con $ 100.000 de reducción de ingresos a mejorar el déficit fiscal. Ni Lopez Murphy cuando pretendió reducir las jubilaciones un 13% y fue eyectado del cargo en minutos, presentó tamaño dislate.

8) Se propone la extensión del impuesto a las ganancias para las intereses ganados por las personas físicas (las empresas ya se encontraban gravadas). Las alícuotas del 15% en caso que se trate de instrumentos en moneda extranjera e indexados y del 5% para las inversiones financieras en pesos, sin cláusula de ajuste parecen razonables, pero como el 92% de los depósitos son de personas jurídicas, esta cláusula es otra incluida para ser cedida, algo de lo que se da cuenta hasta el más distraído de los analistas.

Se incluyó la excusa de excluir a los pequeños ahorristas, implementado un mínimo no imponible que se aplicaría para inversiones con interés anuales menor a los $52.000 eximiendo del impuesto a los plazos fijos inferiores a los $260.000 a las tasas de interés de mercado vigentes actualmente. Para los montos superiores el impacto en rendimientos sería casi despreciable con un recorte menor a 1 punto porcentual en el caso de los depósitos a plazo, en un medio ambiente con una inflación superior al 20%.

En el mercado de capitales, no hay impacto porque las acciones estarían exentas y los bonos las personas físicas son un porcentaje muy bajo del volumen operado.

Tiene coherencia tanto lo propuesto seriamente como lo incluido para ser quitado (ya lo han hecho). Se requerirá negociación, tiempo y muy difícilmente pueda cumplirse con el plazo del jefe de esta administración que intenta ver todo sancionado antes de finalizar el año.

PUEDE AHORA SI AFIRMARSE QUE LA ECONOMIA ENTRO EN RECUPERACIÓN 

La coyuntura en el mes de noviembre

La construcción

Sorprende el rebote que se observa en el sector de la construcción porque en la segunda mitad de 2016 se achicaba más de -20% anual, ahora crece a al 11/15%

El nivel de actividad de octubre de la construcción empuja fuerte el crecimiento de la economía, impulsa ciertas industrias y tanto al l mercado inmobiliario como al empleo. Hubo un alza de 13,4% anual en octubre, según informó el INDEC con diez meses de un 10% de aumento frente a una caída de 12,7% durante 2016.

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El empleo formal en la construcción también aumentó. La cantidad de puestos de trabajo en el sector aumentó en 445 mil en el mes de septiembre, lo cual implica un crecimiento de 11%.

El mercado inmobiliario

Hubo aumento en la cantidad de escrituras en la Ciudad de Buenos Aires durante todo el año a causa de la mejora en la cantidad de permisos de obra y el lanzamiento del crédito hipotecario. Las compra-venta de inmuebles aumentaron 43% durante septiembre y llegando al 44% en los primeros nueve meses.

El 29% del total de escrituras de septiembre fueron con garantía hipotecaria, la proporción más alta registrada desde el año 2001. Los permisos de edificación aprobados aumentaron 10,6% en septiembre aumentado no sólo respecto de 2016, sino también en relación al 2015 año en que cayeron 11%.

Producción Manufacturera   

Quinto mes consecutivo al alza, con una suba promedio de 4,4% respecto de 2016. Hubo en septiembre una mejora de 2,3% interanual, con un incremento de 1,5% en los primeros nueve meses del año, en contraste con la baja registrada en el mismo período de 2016 (-4,6%).

Las industrias metálicas básicas, registraron un aumento de 23,3% i.a. en septiembre (7,2% acumulado), impulsado principalmente por la industria siderúrgica Impulsa a este sector la industria automotriz y la maquinaria agrícola, que aumentan la demanda. Con subas anuales de 28,2% la producción en conjunto.

La industria automotriz, aumentó 10,1% anual por el crecimiento de la demanda externa (las exportaciones se incrementaron en un 16,4%). En cuanto a la demanda interna, si bien las ventas de automóviles de producción nacional a concesionarios se redujeron 10% en septiembre, los patentamientos de vehículos 0Km registraron un alza del 11%.

Siguió igual en octubre, 21,5% anual en las ventas de 0Km,

El resto de las industrias

U n escenario más variado. La producción de alimentos y bebidas y productos químicos, bajaron durante septiembre, un 5%.

En el caso de la producción alimenticia, todos los rubros registraron caídas con la excepción de las carnes rojas.

La industria química estará muy complicada por las restricciones que impuso Estados Unidos a las exportaciones de biodiesel de empresas argentinas.

Otros como el de edición e impresión (16% i.a.), el del papel (5,8%) y la refinación del petróleo (5,4%), aumentaron por las fuertes bajas de 2016.

Por el buen resultado electoral el riesgo país sigue 345 puntos básicos en su menor nivel de los últimos diez años lo cual demuestra que la confianza de los inversores financieros extranjeros es alta por lo cual la demanda de papeles argentinos es firme.

Desde las PASO el riesgo soberano cayó 112 puntos básicos, 30 puntos por la baja del riesgo de la región y 82 por la reducción del riesgo propio argentino. El casi inexistente índice bursátil argentino aumentó un 33% desde las PASO y el dólar futuro cedió 5%, estimado ahora en $18.40 para diciembre.

A pesar del desorden macroeconómico aun sin solución, la economía continúa con su recuperación, a un ritmo más elevado en los últimos tres meses. En agosto la economía argentina mantuvo cuatro meses de crecimiento a con un ritmo anualizado de 7.0%., muy alto.

Es una recuperación bastante fuerte y duradera que la registrada en los otros dos ciclos expansivos anteriores (en 2013 y en 2015). Ya llegó a un cuarto trimestre de recuperación con una aceleración en el último trimestre). La recuperación de 2015 duró apenas 4 trimestres y la del 2013 sólo 5 trimestres, en esta oportunidad, los indicadores sugieren que la recuperación actual continuará y se extenderá por más tiempo que las anteriores.

La demanda doméstica

La demanda interna generó un mejor nivel de actividad. En el tercer trimestre de 2017, la mejora del PBI que fue de 1.3% se debió al aumento de la demanda doméstica, que fue 2.0% (8.2% anualizado), mostrando la inversión aumento anual de 22.5% anualizado (lo cual es mucho) y el consumo privado un aumento de 5.5% anualizado.

Pero el sector externo neto sigue siendo el factor contractivo que no permite crecer al PBI.

El sector externo (exportaciones menores que las importaciones) fue en extremo negativo e hizo bajar 5.2 puntos al crecimiento del Producto.

Esto se debió a que el aumento de las cantidades importadas fue siete veces mayor al incremento de los volúmenes exportados (21% vs 3% a/a). Si el sector externo neto no hubiese sido un factor fuertemente contractivo, el PBI, en vez de crecer un 4.6 hubiera crecido un 9.8% interanual a una tasa de crecimiento superior a la de China.

El más grave problema y el peor gerenciado

Corta vida tuvo la reparación histórica a los jubilados que fue usada como excusa para incentivar el blanqueo. La exteriorización de capitales cumplió su cometido, ya que fueron blanqueados más de US$ 100.000 millones un 80% quedó en el exterior, donde seguirá protegido de la inestabilidad nacional. No obstante se recaudaron us$ 6.000 millones que nunca se usaron para el primer relato de esta administración: la mentira de la Reparación Histórica usada para ganar gobernabilidad en el momento necesario.

Esta administración tiene una necesidad imperiosa (en realidad es una necesidad nacional) reducir el déficit fiscal, lo que coloca al sistema jubilatorio en el ojo de la tormenta, porque el 56% del déficit heredado en las cuentas del Estado ha sido generado por un reparto indiscriminado de prebendas jubilatorias sin aportes y miles de privilegio corrupto.

El Proyecto Presupuesto 2018, se ve obligado a destinar el 59% del gasto primario a Jubilados y PAMI, lo que representa un aumento de 12 % contra 2016 que fuera 47% del total. La seguridad social crece en gasto pero el sistema de previsión y seguridad está totalmente desfinanciado, desordenado y es la caja de muchos movimientos oscuros.

La suma de las jubilaciones, pensiones y PAMI representa el 10% del PBI, casi el doble del gasto en educación (5,6%) y salud (6,0%) en 2017. Y el 9,1% del PBI afectado a jubilados supera y oprime otros gastos como las erogaciones globales en ciencia (0,3%), vivienda y urbanismo (1,2%) y agua potable y cloacas (0,6%).

El gasto en jubilaciones y asistencias varias tiene inexorable tendencia alcista y ascenderá a 3,0% del PBI en 2017. Y en consecuencia el déficit fiscal global ascenderá a 7,6% del PBI en 2017.

El sistema jubilatorio estatal es en la realidad objetiva el peor obstáculo para crecer, ya que atenta contra el ahorro, la inversión y la formación de capital, obstaculizando la productividad, la creación de puestos de trabajo y la mejora del salario.

Pero en la vida real resulta imposible e inconcebible de eliminar o siquiera reducir sin caer en un caos social. Por eso las soluciones son de largo plazo y no están siendo bien encaradas.

La coyuntura económica luego de las elecciones y sus proyecciones.

Contenido

El panorama general pos elecciones legislativas
La marcha de la economía
El contexto político
Lo que se debe esperar en el corto plazo
El gran cambio pos elecciones legislativas.
Los probables resultados de los anuncios

Con la atención instalada en el despertar y alineamiento de algunos jueces con el Poder Ejecutivo, los procesamientos y encarcelamientos múltiples y ruidosos de grandes figuras de la administración anterior, la reducción a casi nada del grupo mesiánico que sigue a la ex presidente y los resultados electorales que tranquilizan a la población moderada que es mayoría,  puede perderse el foco de la gravedad de la situación económica que no ha cambiado de un momento para otro.  Queda claro que esta administración trabaja bien para ir ajustando la tierra arrasada, pero no debe dejarse de lado que al decidir asumir la administración ya conocían la situación en su casi totalidad de modo que corresponde que se hagan cargo, tal como están haciendo ya que fue lo que buscaron hacer.


La coyuntura económica en Octubre.

La macroeconomía está muy desbalanceada, en lento progreso. Hubo pocos avances, y quedan muchos cambios para corregir los desbalances.

Se establecieron metas de inflación utilizando la tasa de interés nominal, pero la inflación no se ha dominado. En Octubre superará el 1.6%, algo que si se anualiza supera el 2%. La tasa de 2017 será inferior a la de 2016, pero curiosamente solo se han alcanzado los niveles que conseguía la administración anterior.

El el déficit fiscal sigue siendo muy elevado. En dos años la actual administración no bajó el gasto público aunque hubo una correcta sustitución de destinos incrementando el gasto social y las obras públicas y  recortando subsidios económicos. Se prefirió el costo político de subir las tarifas públicas (que cubrían sólo el 15/20% del costo de producir los servicios) para privilegiar el gasto social y la obra pública.

Los ingresos fiscales cayeron en términos reales, en esta primera etapa de la actual administración, mientras que el déficit primario y el déficit fiscal global subieron.
Para financiarse la actual administración optó por emisión de deuda externa, eliminando la venta de reservas del BCRA y evitando la emisión monetaria, una práctica  anterior muy negativa. Se estableció un régimen de flotación cambiaria asumiendo que el tipo de cambio de mercado resultante sería el de equilibrio pero como el tipo de cambio es el resultado de la situación macroeconómica la fuerte entrada de capitales del endeudamiento externo y la alta tasa de interés interna genera la percepción de ¨un dólar barato¨ y perjudica el creciente déficit de la cuenta corriente y la recuperación económica.

Los problemas del día a día y los estructurales.

Bajar la inflación monetariamente, tomar deuda para cubrir el déficit y mantener un cambio libre es algo aplicable en un tiempo muy corto y genera opiniones  contrarias. Gastar más de lo que ingresa (en el orden de 6 puntos del PBI) y exportar menos de lo que se importa (5.5% del PBI en 2017) con atraso cambiario muestran un modelo  transitorio que exige ser modificado. No puede seguir creciendo de manera indefinida la deuda externa y la deuda del BCRA (la llamada cuasifiscal), por tener que emitir LEBAC para seguir comprando los dólares que el Tesoro consigue en el exterior.
En resumen, estas acciones – y los desatinos opositores – han logrado un éxito electoral en lo político pero en materia económica no ha corregido los más importantes desequilibrios macroeconómicos.

Se enfrentan desafíos:
• bajar la tasa de inflación que no está controlada a nivel general ni la núcleo – la que se maneja con la tasa.
• bajar el déficit fiscal que es la causa del no poder exportar porque genera enormes costos internos que saca los productos argentinos de los mercados internacionales, afectado también por el atraso del tipo de cambio real que el modelo genera.
• evitar un mayor atraso cambiario, cuando las exportaciones continúan muy deprimidas, con lo cual no se generan ingresos genuinos que contribuirían a pagar los crecientes intereses de la deuda externa.

Los problemas estructurales

El PBI per cápita en la Argentina creció 0.7% promedio por año, y por lo tanto nuestro país sólo podría duplicar su ingreso por habitante cada 100 años cuando el resto del mundo lo hace cada 25 años.

Se necesita cambiar eso con inversiones, productividad y empleo (con incentivos para elevar la voluntad de trabajar con más calidad y menos ausentismo, y buscando bajar el costo laboral).

Cabe preguntarse si esta administración sabrá aprovechar el apoyo político que obtuvo para lograr los cambios que son necesarios. Por la forma en que lo han encarado, no parece

En definitiva, la gran pregunta es si mantendrá los lineamientos generales del tenue modelo macro elegido y los ritmos de los primeros años de su mandato o si mostrará liderazgo para modificar y acelerar los tiempos de dichas correcciones.

Por ahora no se ve un cambio acelerado ni importante en la configuración macroeconómica, aunque se intenta reducir de manera muy gradual el déficit fiscal primario y se ponen en marcha reformas aguadas que ahora, con el rotundo triunfo político del oficialismo, cuentan con cierta posibilidad de lograr consenso.

El escenario del momento

El escenario por ahora es favorable. El riesgo país siguió bajó a 345 puntos el menor nivel de los últimos diez años.
La confianza de los inversores extranjeros parece alta dada la firme demanda de papeles argentinos.
Desde las PASO hasta la actualidad el riesgo soberano cayó 112 puntos, y el índice bursátil aumentó 33% con el dólar futuro bajando a $18.40 para diciembre de 2017.
La economía se recupera: según el INDEC, en agosto se llegó a cuatro meses de crecimiento anualizado del 7.0%. Es una recuperación muy fuerte y duradera mayor que la registrada en los otros dos ciclos expansivos anteriores (en 2013 y en 2015) pero con mejores bases y mejor conducción.

Es el cuarto trimestre de recuperación con una aceleración en el último trimestre. La recuperación de 2015 duró 4 trimestres y la de 2013 sólo 5 trimestres, en esta oportunidad, los indicadores indican claramente que la recuperación continuará y se extenderá por más tiempo que las anteriores.

Un dato muy importante

El crecimiento anual del PBI en el tercer trimestre del año, muestra que el sector externo neto perjudicó muchísimo al restarle 5.2 puntos al crecimiento del Producto Interno Bruto.

Esto se debió a que las cantidades importadas fueron siete veces mayores que el aumento de las exportaciones (21% vs 3%). Si no hubiese sido esto un factor fuertemente contractivo, el PBI, en vez de crecer un 4.6% interanual, hubiera crecido un 9.8% anual que es una tasa de crecimiento superior a la de China.

Otra característica positiva es que la recuperación económica es cada vez más generalizada. En agosto, el INDEC indica un aumento de 4.3% con respecto a igual mes del año pasado, con 14 de los 15 sectores relevados mostrando subas interanuales.
La única excepción fue la minería que cayó un 2.1% interanual por la baja de la producción de petróleo. El sector de la construcción siguió siendo el motor: creció un 11.7% interanual en agosto. La industria se expandió un 5.6% anual y aportó el 22% del incremento interanual del EMAE; la intermediación financiera creció 5.2% anual, el comercio 4.8% y el sector inmobiliario 4.0% que sumados generaron 30% del aumento en el último año.

Lo que se debe lograr en el corto y mediano plazo

La macroeconomía necesita un reordenamiento. La elevada tasa de inflación; el déficit fiscal; el creciente déficit de la cuenta corriente;y la caída de la participación de las exportaciones argentinas en las exportaciones mundiales, en un contexto de atraso del tipo de cambio, alta presión impositiva y problemas de competitividad y productividad que el sector exportador arrastra desde hace mucho no es un panorama halagüeño .

Según como la actual administración actúe definirá el resultado de la segunda mitad de su mandato. Hasta aquí – incluyendo los anuncios voluntaristas y desordenados – no hay un programa integral y consistente que empiece a corregirlos de manera sincronizada.
Los problemas relevantes son varios.

La tasa de inflación es muy elevada. En el mes de septiembre fue 1.9% mensual, anualizada es 22.1% y acumulando en lo que va del año 24.1%. La tasa de inflación de los últimos doce meses fue 23.8%, cifra exactamente igual a la inflación promedio verificada entre 2007 y fin de 2015, con la administración anterior. En eso no hay progreso, excepto que ahora hay control y antes era una muerte anunciada.

En la administración anterior las tarifas estaban congeladas y el tipo de cambio administrado subía menos que la inflación, mientras que ahora este nivel de inflación se da con una actualización de las tarifas públicas. Por lo tanto la inflación reprimida era mucho más alta en la administración anterior que ahora, pero la tasa de inflación no cede y sigue en niveles mayores a 20%.

La inflación núcleo, se mantiene prácticamente en los mismos niveles desde agosto de 2016, pero tuvo en septiembre un alza de 1.6% mensual, con lo cual subió en el año 22.0%.

El régimen de metas de inflación, utilizado por el Banco Central se basa en la idea de que la tasa de inflación baja en la medida en que baje la tasa de inflación esperada, y que la credibilidad del Banco Central crece en función de alcanzar las metas fijadas.

El problema es que desde octubre de 2016 las tasas de inflación esperadas aumentan y no se cumplen las metas.

Por ejemplo, la expectativa de inflación para 2018 aumenta de 15.5% a 15.8% en octubre en 2017 habrá una inflación nivel general de 23.5%, y para 2018 un 16%.

Es imposible bajar la tasa de inflación de 20 a 5% con el crédito al sector privado aumentando 48% anual nominal con los agregados monetarios creciendo al 35% y la base monetaria aumentando 27/30% anual. Esas incongruencias no deben anunciarse como realidades. Tampoco hay experiencia mundial de que sea posible bajar la tasa de inflación solamente con el manejo de tasas.

A esto hay que agregar que desde el 1 de agosto al 23 de octubre, el sector público nacional vendió u$s7,700 millones al BCRA, que emitió base monetaria por $134,000 millones para comprar esos dólares. Es muy difícil bajar la tasa de inflación con esa emisión monetaria.

Como afecta al tipo de cambio

La emisión para financiar el déficit fiscal es casi nula – de 1.5% del PBI en 2017 – como el déficit fiscal se cubre con endeudamiento externo, la actual administración debe hacerse de pesos para pagar jubilaciones y planes sociales y el BCRA se ve obligado a comprar los dólares que el Tesoro consigue en el exterior contra la emisión de moneda.

Si el Tesoro vendiera esos dólares en el mercado de cambios, el tipo de cambio hoy sería muy bajo de $13/$15 por dólar debido a la gran oferta en vez de $17.5, lo que provocaría un deterioro aún mayor del déficit de la cuenta corriente. Esos contrasentidos deben corregirse.

En 2017 la emisión fue del orden de 4.7% del PBI y excepto en las hiperinflaciones, nunca la política monetaria dependiente de la fiscal fue tan grande. Parecería que este BCRA lucha solo en la batalla contra la inflación.

El déficit primario

Con esta administración en lugar de crecer 0.9% del PBI por año como lo hizo en el segundo mandato de los anteriores, sube de 3.6% del PBI a 4.3% en 2016 para terminar el 2017 en 4.0% más de lo que dejó la anterior administración.

El déficit global después del pago de intereses de la deuda – que es el que importa – subió de 4.8% del PBI en 2015 a 5.9% en 2016 para terminar en 2017 en 6.3% del PBI (incluyendo los recursos por única vez proveniente del blanqueo).

En 2018 comenzará a atacarse el frente fiscal, porque la actual administración se ha comprometido a bajarlo de 4.0% del PBI en 2017 a 3.2% en 2018.

El déficit en las cuentas externas. Un grave problema.

Durante la actual administración entre enero de 2016 y septiembre de 2017, ingresaron al país capitales por u$s 70,000 M. De este total, u$s 20,000 M fueron para no emitir y financiar el déficit, otros u$s20, 000 M para las reservas internacionales y los u$s 31,000 M restantes fueron ahorro de la gente (claramente nadie tiene confianza en el peso) Nótese que de los u$s 70,000 M de capitales que ingresaron al país, el 64% provienen de la colocación neta de deuda externa del sector público nacional y las provincias.
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“Evolución del Mercado de Cambios”, INDEC

El problema de los dos altos déficit – de cuenta corriente y fiscal – es que cuando se corta el financiamiento externo y se reduce la inflación desaparece el impuesto inflacionario (cuando aumentan los precios aumenta la recaudación, obviamente).Si pasa eso baja el PBI, aumenta la inflación de golpe y se produce una devaluación de la moneda.
Esta vez hay elevados déficits gemelos que hacen a la economía muy vulnerable, dependiente del mercado financiero internacional, pero existe la posibilidad de evitar un mal desenlace por diversas razones.

 La liquidez mundial es enorme y la administración actual comenzó su gestión con un bajísimo nivel de deuda externa en términos del PBI porque a los otros nadie les prestaba nada.
 La deuda pública en manos del sector privado era de apenas 20% del Producto cuando asumió el actual gobierno (nadie compraba papeles de esa administración) y ello permite que este nivel de endeudamiento pueda crecer a razón de 5/7% del PBI por año en cuatro/seis años hasta alcanzar el nivel promedio de deuda de la región.
 hay un bajísimo nivel de crédito (de apenas 12% del PBI cuando el promedio de la región es 60%). El crédito puede dar tiempo a la recuperación de la economía y por lo tanto financiar déficits gemelos.
 la economía lleva casi medio siglo en un estancamiento económico estructural. Esto da espacio. porque si no se pudieran corregir los tres problemas que hoy se sufren que son la falta de inversión, la productividad y el trabajo desordenado y caro se puede avanzar con reformas estructurales para salir del estancamiento.

Finalmente la caída de las exportaciones

La caída de las exportaciones es algo negativo, porque si la economía se endeuda en moneda extranjera, debe repagar su deuda en moneda extranjera y las exportaciones constituyen la única fuente genuina.

En 2017 el déficit de la balanza comercial será u$s7, 800 M, en 2016 hubo un superávit de u$s 2,000 M.
Este año las exportaciones serán menos de u$s 58.000 M, cuando en 2011 fueron de u$s83, 000 M.
Otra vez se pierde participación en las exportaciones mundiales: en 2017 eran el 0.34% de las exportaciones mundiales, en 2011 era de 0.47% y hace 50 años 1%.

En los primeros nueve meses del año, las cantidades exportadas mostraron una baja de 0.6% mientras que volúmenes importados subieron 11%a/. Por el atraso del tipo de cambio reala causa de que el peso se encuentra por lo menos un 30% más apreciado con relación al promedio histórico (y la misma magnitud de sobre-apreciación del peso se registra cuando se realizan estudios econométricos con variables reales)

EL CAMBIO

Por ahora no se vislumbra un cambio en la configuración macroeconómica elegida.
Todo indica que la actual administración mantendrá el modelo aunque con algunos cambios. Es probable que la actual administración comience en 2018 a bajar el déficit fiscal primario, lo que probablemente dé lugar a un menor ritmo de endeudamiento público en los mercados internacionales.

Se buscará avanzar con reformas aunque es difícil imaginar cambios estructurales de fondo rápidamente como con una severa reforma tributaria, la reforma laboral que se necesita, la reforma previsional sin castigar a los indefensos y la del financiamiento de la política la más costosa de todas, y alcanzar acuerdos fiscales con las provincias sin un costo fiscal elevado. Hoy estas reformas tienen alguna oportunidad de ser hechas y serán el principio de un largo camino que habrá que recorrer para superar el problema del bajísimo crecimiento económico de las últimos cinco décadas.

Hay una oportunidad que la actual administración debería aprovechar. Es probable que lo intente para ratificar el rumbo y la decisión de tratar de convertir a la Argentina en algo más normal en línea y más integrado al mundo. Pero es improbable que se logren profundas reformas estructurales que corrijan las fallas antiguas que impiden el crecimiento (la falta de inversión, de productividad y el factor trabajo).

Habíamos llegado a tal punto que ahora todo parece mejor por la mínima reactivación cíclica de la economía, por el triunfo electoral de un grupo normal y porque se minimizó la posibilidad de volver atrás en los próximos años.

Se requiere muchísimo más para consolidar la macro, lograr estabilidad y conseguir un crecimiento económico razonable y sostenido.

El gran cambio pos elecciones legislativas.

En las elecciones legislativas la actual coalición a cargo de la administración alcanzó el 41% del total de los votos a nivel país acercándose a los mejores resultados históricos de Kirchner que obtuvo 42% en 2006, de Alfonsín en 1985 con 43% y de Menem en 1991 con 40%.

Considerando los resultados anteriores, el número de votos obtenido no parece ser un parámetro que garantice eficiencia. No obstante cuenta con el apoyo de la población de los centros más importantes: Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y la Ciudad de Buenos Aires, al margen de haber logrado desplazar y arrinconar – en apariencia definitivamente – a la volátil ex presidenta y desarticular  al menos por un tiempo  una oposición aguerrida.

Sumaron 20 diputados y 9 senadores con lo cual alcanzan una buena capacidad competitiva en diputados con 107 miembros y mayor peso en senadores con 24 aliados. Es primera minoría sin quorum propio pero con la demostrada capacidad de lograr acuerdos – muchos cuestionables – esta composición permitirá negociaciones parlamentarias desde una mejor posición.
La declinación que lograron de la oposición mesiánica reduciéndola casi hasta el nivel de lumpenes políticos le reduce fuertemente a ese grupo la posibilidad de ser alternativa de poder en 2019 (si bien puede perturbar la reorganización de toda la oposición).

Tomaron iniciativa inmediata

Lo más importante es que con lo obtenido se han lanzado en forma inmediata a un intento – en la visión de esta administración – de consolidación fiscal y reformas estructurales para mejorar el estado de estancamiento estructural que lleva medio siglo.

Los primeros anuncios son solo titulares: no definen un plan económico con medidas concretas, son los  lineamientos generales sobre los que se invita a debatir  a la oposición, sindicatos, empresarios y legisladores.

La administración anuncia proyectos en materia impositiva, de reforma del estado, laboral, y los negociará con los sectores mencionados en las próximas semanas.

Las primeras propuestas

Las primeras propuestas concretas se anunciaron casi de inmediato, dentro de un marco conocido por todos: con este nivel de gasto público, esta presión tributaria y este nivel de déficit fiscal es inviable el crecimiento económico.

Se anunciaron los lineamientos generales que tendrá la reforma tributaria a ser discutida en el Congreso para que se disminuir la presión fiscal. Los principales impuestos que se modifican son:

1. Aportes y contribuciones de la seguridad social.
2. Impuesto a las ganancias corporativas.
3. Devolución de IVA para empresas que hayan invertido y no pudieron recuperarlo.
4. Impuesto sobre los créditos y débitos bancarios (ICDB).
5. Reducción de Ingreso Brutos.
6. Eliminación del Impuesto a la transferencia de inmuebles e introducción de un impuesto a la Ganancia de capital por la venta de inmuebles (excepto casa-habitación).
7. Eliminación de la exención a la renta financiera.

Por eso se indujo a los gobernadores hacia la necesidad de trabajar en conjunto para reducir el gasto público, lograr una reforma impositiva sensata y ordenar la coparticipación federal.

La forma en que se estructuren los acuerdos signará el futuro de los próximos dos años si no cambian las condiciones financieras internacionales.
Los tres pilares

Los verdaderos efectos de la reforma tributaria presentada ayer podrán medirse cuando el proyecto esté redactado definitivamente. No obstante, el sentido de las medidas quedó claro y puede hacerse un análisis  preliminar .

Las rentas de sociedades verían reducida la tasa del impuesto a las ganancias del 35% al 25% para las empresas que reinviertan sus utilidades,  eso en forma gradual en dos años. Al mismo tiempo se graban los dividendos y las utilidades de las sociedades de personas con una alícuota que sumada al 25% actual llegará al 35%. Mientras las corporaciones no distribuyan utilidades pagarán menos pero gradualmente y para lograr la reducción –  es decir el 25% de tasa proporcional si no se distribuye –  tendrán que esperar 4 años hasta 2021 (2018, 35%; 2019 y 2020, 30% y 20121, 25%). Esta gradualidad es para ir acompañando la reducción del gasto público. Para evitar la elusión del impuesto se dispuso impedir distribuciones de utilidades disfrazadas de gastos personales de socios o accionistas pagados por la sociedad.
Gravamen a la renta financiera ya cuenta con la reprobación de los sectores afectados y aun así fue sometida a discusión. Si bien hay que esperar la negociación legislativa el impuesto llega a otros activos financieros en Ganancias por rentas obtenidas por las personas físicas que actualmente están exentas y que pagarían el 15% por rendimientos  de instrumentos en moneda extranjera o indexados y otras rentas financieras de volúmenes importantes: hoy superiores a $ 1.400.000 ( us$ 80.000 aproximadamente).

La renta financiera ya está gravada. Las personas jurídicas pagan ganancias y bienes personales por lo que ganan con todos los instrumentos financieros, salvo aquellos que tengan relación con su actividad y los utilicen como cobertura (ejemplo: futuros para un productor agropecuario). Los únicos que están exentos son las personas físicas y ya no lo estarían.

Se aplicaría un impuesto a la renta financiera obtenida por personas físicas del 5% para los instrumentos en pesos y de 15% para los indexados o en dólares. El tributo gravará a quienes tengan tienen ingresos anuales superiores a los $300.000, con un mínimo no imponible de $52.000 de ganancias. El gravamen se aplica sobre los plazos fijos, Lebacs y Bonos, pero no a las acciones locales.

El mercado argentino está constituido por una inmensa mayoría – 92% – de personas jurídicas y muy pocas personas físicas. Actualmente el universo que operan con estos instrumentos paga impuestos. Se intenta aplicar a todos porque contribuye a la equidad del sistema impositivo, pero parece recaudatoriamente innecesario y conflictivo. Es una medida que no genera mayor recaudación y sin embargo producirá rechazo.

Al aplicar un impuesto a las utilidades generadas por ganancias financieras, entran también los inversores medianos que supuestamente tratan de ahorrar, argumento un tanto débil esgrimido por los grandes operadores para defender sus utilidades.
Argumentan que el ahorro y el consumo son opciones temporales, es decir, el ahorro de hoy es el consumo de mañana. Gravar a este proceso sería – con ese argumento corporativo – atacar el funcionamiento de una economía normal.

Los inversores grandes ya pagan  impuestos y cuentan con las herramientas necesarias para diferir ese pago, de modo que el argumento se cae per se.
Se insiste – falsamente – que las Pymes dependen exclusivamente del ahorro interno, el cual ahora estaría siendo boicoteado porque las grandes empresas pueden financiarse en el exterior, lo cual supone dramatizar el argumento al extremo: este gravamen terminaría con el ahorro interno, algo que no ocurre en ninguno de los países donde se aplica, que es en casi todo el mundo civilizad0.

Los operadores son astutos y veloces y saben que será neutra para su actividad.

Se eliminaría el gravoso Impuesto a la Transferencia de Inmuebles (ITI) y se suma en el Impuesto a las Ganancias el 15% cuando las personas físicas vendan un inmueble que no sea casa habitación sino inversión. Esto parece ser lo único que beneficiaría en forma directa a la población por cuanto el resto del paquete beneficia a empresas y corporaciones.

Falta de timming

Anunciar modificaciones concretas informando con precisión los porcentajes y quienes deberán pagar los futuros impuestos en un medio condicionante inflacionario donde los empresarios, consumidores y los mismos miembros de la administración tienen sus mentes distorsionadas en extremo por medio siglo de inflación, es un error muy grave.

Informar que las bebidas alcohólicas de producción nacional y los cigarrillos serán fuertemente gravados es una invitación a acelerar las importaciones con el dólar alicaído y fomentar el contrabando; informar que las gaseosas con azúcar serán fuertemente gravadas es invitar a los productores oligopólicos híper entrenados y que superan largamente a esta administración en habilidad a aumentar los precios  hasta compensar por completo el gravamen y trasladarlo al precio, eso sin contar que las economías regionales – como el limón tucumano – utiliado por las gaseosas ya han levantado sus quejas asumiendo, 24 horas mas tarde del anuncio aun no presentado a las Cámaras que toda su economía se derrumbará porque Coca Cola desaprecerá del mercado. Típico de un mini mercado como el argentino donde los actores sobreactúan permanentemente.

Algo similar ocurre con los automotores de baja gama que verán reducidas sus ventas hasta que se llegue a aprobar – tomará muchos meses – el acuerdo para bajar los impuestos en 10%. Sin embargo, al igual que otros sectores corporativos ya han anunciado que los precios de los autos de gama media aumentarán.

La mayor parte de esos modelos tienen su precio comprimido de manera artificial, porque si llegaran a  la franja donde se les aplica el impuesto, quedan fuera del mercado. En las automotrices, el margen que dejan de cobrar por esos modelos es compensado por incrementos adicionales en modelos más chicos.

Las jubilaciones y la asistencia social

El aspecto más controvertido y peor elaborado es el caso de las jubilaciones. Observando el gasto del estado se puede apreciar que casi el 60% son jubilaciones. Son muy difíciles de reducir y por eso están en el centro de la escena para controlar el déficit, y se trata de licuarlas.

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Dejando de lado si los beneficiarios son genuinos o no, el hecho es que en el total de gastos de la actual administración las jubilaciones no pueden reducirse, sino licuarse, y siendo las jubilaciones el 60% del gasto total el problema debió haberse desagregado entre el corto y el largo plazo.

Se cometió la habitual ¨gafe¨ de esta administración: anunciaron que la ¨modificación del cálculo implicaría un ahorro de $ 100.000 millones en un año. Ese irreparable error dio todo el plafón necesario para que la oposición utilice oportunamente – con mucha razón – un arma mas: ¨le reducen el pago a los jubilados, es una administración que solo favorece a las empresas¨. Algo que a primera vista parece cierto.

La torpeza de sugerir que las jubilaciones se ajustarán por inflación es una forma de reducirlas significativamente de manera inmediata y una afrenta a la inteligencia de quienes han aportado casi el 20% de sus remuneraciones durante más de 30 años. No es el caso de quienes gozan de asistencias sin aportes ( que son de dos tipos: las de privilegio generadas sin aportes – todos los legisladores, muchísimos miembros del poder ejecutivo – que representan el 20% del total del gasto y las nacidas sin aportes, que son un 34% del total).

Si esta administración sugiere que habrá un crecimiento económico en base a su buen accionar, eso se traduce en un incremento de los ingresos de la población general…excepto a los jubilados nacionales que verán de inmediato licuados el ajuste por inflación porque el crecimiento económico no está contemplado en un ajuste por inflación.

Más de la mitad (54% ) del gasto público primario que suma $2,4 billones depende de la fórmula de la movilidad jubilatoria que ajusta automáticamente 2 veces al año (marzo y setiembre) y cuya característica, es que pondera un ‘conjunto de variables:   la evolución de los salarios y el aumento de la recaudación de los aportes que,se destinan a la ANSeS para el pago de las jubilaciones (es dinero del IVA, Ganancias y otros tributos, que se complementa con el proveniente de aportes y contribuciones).

En los 8 años que lleva de aplicación, la denominada movilidad jubilatoria generó 1.050% de incremento en los haberes mínimos mientras, en igual lapso, el índice de inflación del Congreso subió 870%. Hubo 180 puntos de diferencia real a favor de  los jubilados del monto mínimo que cobraron 20% más que si hubieran ajustado por inflación, tal como propone ahora el gobierno.

Este sistema de ajuste de haberes constituye uno de los obstáculos para una  reducción del tamaño del gasto público en relación al PBI. Esa fórmula basada en la historia que determina el porcentaje de ajuste de las prestaciones será muy discutida y dificilmente aprobada.

Cuando la inflación sube las jubilaciones pierden, tal como ocurrió en 2014 y 2016, y a la inversa, cuando la inflación se desacelera, como meses atrás, las jubilaciones se colocan por encima de los precios. Es decir se propone un segundo relato complementario al fallido Relato de la Reparación Histórica, que no fue reparación y mucho menos histórica y ha ido a morir a la página web del ANSES , done ya no hay respuestas desde hace mas de cuatro meses para nadie.

Ese Relato de la Reparación Histórica  hasta el momento no ha reparado a nadie que gane más de $ 9.000 y tenga más de 80 años, a pesar de haber ingresado la totalidad de los fondos del blanqueo que debió utilizarse para ello. Un populismo sin beneficio social.

 

El día anterior a las elecciones de medio término.

Enviamos a nuestros clientes el informe semanal con anticipación a las elecciones legislativas para que puedan comparar la realidad de lo ocurrido con los pronósticos instalados y las expectativas que se han generado. Sin conocer los resultados.

El gobierno tiene cierto efecto ganador a su favor.

Ostenta el poder nacional, el de Buenos Aires y el de CABA. Con esa acumulación de dominio tiene ventaja para ganar la elección.

El que tiene el poder puede disponer cierta demagogia como – por ejemplo – los créditos ARGENTA, un error de concepto pero que juega a favor de esta administración y en contra de los desprevenidos beneficiarios que son muy pobres, reciben jubilaciones mínimas y son beneficiarios de planes sociales de auxilio.

Estas personas quedaron habilitadas para tomar un crédito con una cuota equivalente al 30% de su subsidio (¿) que se les descontará…luego de las elecciones. Lo más probable es que compren un electrodoméstico y luego tengan 30% menos de ingresos para alimentarse.  Se otorgó a 2 millones de personas del segmento poblacional más contrario a esta administración.

El concepto fue usar los elementos del populismo para vencer al populismo. Es decir, se colocó dinero (temporariamente) en los bolsillos de las familias que no comulgan con esta administración para conseguir algunos pocos votos reacios. No por ese crédito su misticismo respecto de la ex presidente se modificará en lo más mínimo.

La división de la oposición peronista puede hacer olvidar estos errores: la ex presidente pierde un porcentaje decisivo al dividir sus votantes y no logrará sumar mucho tras el cambio de actitud de inicialmente pasiva a combativa tardía a pesar que la reactivación económica ya iniciada claramente aun no llega al conurbano como mayores ingresos, allí la pobreza y el desempleo siguen encima del promedio.

Por otra parte juega muy a favor de esta administración haber logrado que las causas de corrupción arrinconen a la oposición mística.  

Un fuerte contragolpe en la gran disputa por el conurbano

Esta administración contaba con 6 puntos de ventaja en la Provincia de Buenos Aires hasta el debate televisivo en que la candidata ganadora en la Ciudad de Buenos Aires arrojó por laborda un gan caudal de votos bien ganados al presentarse  desaliñada, distraída y poco articulada como ¨más allá¨a un debate con 10 pntos de audiencia en el prime time. Hasta llegó a decir que estaba ¨aburrida¨ de todo. En lugar de conjurar la tormenta del activista desaparecido la candidata se esmeró en declaraciones para desacreditarlo y perder votantes durante el debate y continuó posteriormente con una catarata de disculpas incoherentes.

Por su parte la actual administración tampoco pudo evitar que sus segundas y terceras líneas festejaran anticipadamente en los medios y se relajaran notablemente con lo cual resulta altamente probable que la supuesta diferencia sea mucho menor en realidad, casi hasta desaparecer o resultar negativa por lo cual se instalará la sensación de derrota, creando un pésimo e inesperado escenario para esta administración.

Sólo podrían llegar a conseguir una ventaja clara quitando votos al tercero (4 puntos) y conseguir record de asistencia, todo lo contrario a lo que ocurre cuando hay triunfalismo anticipado y sin haber trabajado en ese sentido.

El panorama para un éxito de esta administración en la Provincia de Buenos Aires se ha deteriorado en forma dramática en pocos días. Hasta la gobernadora de mejor imagen cometió graves errores mediáticos.

Por su parte, la ex presidente tiene como objetivo llegar a 38% desde sus inamovibles 34% también quitando votos al tercero, utilizando en forma inmoral – como es habitual en esa fuerza política – el contexto del caso Maldonado. La señora en los últimos diez días ha visitado Esteban Echeverría, Moreno y La Matanza. Su porcentaje fijo no disminuirá a pesar de la huida de intendentes del PJ que no le restarán los dos o tres puntos por corte de boleta que esperaba esta administración antes de su desarrapado y anticipado cierre de campaña.

Parecería mantenerse un escenario donde las chances estarían para el lado de esta administración siendo eso peligroso para ellos, porque ya no es posible modificar el relajamiento de las segundas líneas (fiscales y punteros poco aguerridos) que fueron quienes aseguraron el triunfo en la elección presidencial y que ahora deben retomar – muy tarde –  una postura agresiva a causa de los múltiples problemas autogenerados por esta administración.

Si se analizan las zonas del conurbano bonaerense de menor a mayor de acuerdo al nivel de pobreza se ve la realidad de la situación social y la intención inamovible del voto.

 

Ezeiza 14.1 -13
Moreno 12.9 -17
Malvinas Argentinas 12.1 -14
La Matanza 11.9 -20
Merlo 11.5 -23
Esteban Echeverría 10.8 -11
Almirante Brown 10.5 -14
Berazategui 10.4 -15
Quilmes  9.2 -2
Lomas de Zamora  8.9 -8
San Fernando  8.6 6
San Miguel  8.2 4
Hurlingham  6.9 -0.4
Gral. San Martin  6.7 4
Avellaneda  5.8 -5
Ituzaingo  4.9 2
Tres de Febrero  4.3 8
San Isidro  3.7 37
Morón  3.5 12
Vicente Lopez  2.4 37
Florencia Varela 17 -26
Jose C. Paz 12 -22
Tigre 11 4
Lanús 5 2

Resulta obvio que donde las Necesidades Básicas no están satisfechas la actual administración pierde y por mucho, mientras en donde solamente el 2.4% de la población es muy pobre la actual administración obtiene 37 puntos de ventaja sobre la ex presidente. Mientras que en Florencio Varela las necesidades básicas son enormes (índice 17) esta administración   pierde por 26 puntos.

En los territorios con menores porcentajes de la población muy pobre, mucho mayor fue el triunfo de la actual administración lo que explica el motivo de los tan populistas créditos Argenta, que no toman en cuenta, cruelmente, el daño generado a quienes los reciben. Mucho mejor y menos costoso hubiera sido un aumento directo de asignaciones, o cumplir con la Reparación histórica en lugar de convertirla en el desalentador primer relato de esta administración.

A menos que este análisis resulte muy errado, en el conurbano de Buenos Aires se alcanzará el mismo resultado de las primarias y a nivel nacional no se logrará superar la historia del radicalismo que ganó en 21 de las 24 provincias con Alfonsín mientras la actual administración solo llegó a 10 y con mucha suerte alcanzará dos más.

Seguramente lograrán tres de los distritos electorales más relevantes: Buenos Aires (total), Córdoba y Mendoza. No sería imposible obtener CABA y Santa fe, con lo cual se llegaría al ideal para esta administración, pero eso está por verse, aunque la elección de Corrientes creó un muy buen clima para la administración.

Como quedaría el Poder Legislativo

Con la elección del 22 de octubre – aun con el catastrófico cierre de la actual administración – se reduciría la desventaja en el Congreso en ambas cámaras, pero sin llegar a la mayoría absoluta en ninguna. Le faltarán entre 8 y 10 senadores y más de 20 diputados. Sin embargo, mejora su capacidad de negociación con los sectores del peronismo para lo que resta del período.

Mientras que por el lado de la ex presidente lo que le podría quedar después de las elecciones es 1 de cada 4 senadores y 1 de cada 3 diputados y solamente del bloque peronista. O sea, no estará en condiciones de condicionar los dos tercios si hay acuerdos entre la actual administración y el resto del PJ. Ya no será una fuerza para complicar a nadie, ni podrá evitar desafueros y expulsiones de corruptos que serán puestos a la luz en el futuro.

Resumen

El resultado será una señal – ahora un tanto alicaída – para alejar las dudas de la vuelta del populismo reduciendo las dudas de los inversores, y lanzando el Programa Económico 2018. Ganar en Buenos Aires reduciría las vacilaciones sobre la gobernabilidad y sepultaría políticamente a la ex presidente. Tres señales relevantes para los mini mercados de argentina.

Quedarán tres fuerzas: la actual administración, el peronismo tradicional  y la oposición mística (la que se moviliza por la ex en el caso Maldonado o cualquier otra cosa, los minúsculos marginales y volubles partidos de izquierda, las desacreditadas organizaciones de derechos humanos y los grupos indigenistas)

No se abandonará el gradualismo económico ni político.

La reforma laboral no se hará porque implica un enfrentamiento directo con el sindicalismo.

Algunos dirigentes sindicales – los más visiblemente corruptos – serán perseguidos y no se tocará la ley de Obras sociales porque esa es la caja de los sindicatos, ni la ley de contrato de trabajo, ni la de asociaciones profesionales y mucho menos las convenciones colectivas de trabajo. Habrá si un acuerdo por productividad (que no afecta el bolsillo sindical) y un blanqueo laboral, que no es poco.

La economía mejora decididamente, pero falta muchísimo

Hay una situación favorable, en lo financiero y en lo económico, una consistente mejoría. Se nota predisposición positiva de los inversores, continuamente el índice MERVAL logra récords y la prima de riesgo país bajó al menor nivel de los últimos años. Los problemas comenzaron a ser enfrentados, el dólar futuro bajó más de 5% desde agosto y – a pesar de los desaguisados de la actual administración – no se produjo la habitual escalada del dólar previa a toda elección, talvez porque en septiembre ingresaron u$s 2.000 millones – préstamos externos – que inundaron la plaza anulando la tradicional especulación de los ávidos operadores locales.

La economía muestra datos que indican una recuperación de la actividad bastante general. De los 36 indicadores económicos que se siguen 33 mejoran. La construcción y la industria se expanden muy aceleradamente, sin que sea una burbuja.

Se llegó a los niveles de 2015 con la mitad de la inflación y sin emitir. Habrá un crecimiento económico de 3% o más en 2017.  Por eso se votará con un clima económico mucho mejor que en agosto.

Las medidas de esta administración están dando resultados positivos, a pesar de no haber conseguido regularizar los grandes números macro.

La inflación es el peor y más feroz enemigo, porque está dentro de la mente del empresario y del consumidor. 

La economía llegaba a la elección de medio término con optimismo político y financiero, desarreglos macroeconómicos y resultados micro positivos por la recuperación de la actividad y los proyectos de inversión que se comienzan a analizar para superar los problemas de costos, rentabilidad y competitividad y las dudas sobre la eficacia de las reformas laboral y tributaria que serán posteriores a las elecciones.

Un triunfo de esta administración en la elección puede generar optimismo político y financiero.Se relanzarán políticamente y los mercados de crédito ratificarán el clima favorable con la argentina

Pero la incertidumbre macroeconómica sigue vigente. La macroeconomía está desbalanceada peor que antes del 10 de diciembre de 2015.

El déficit fiscal primario es más grande y no hay indicios de cómo hará el gobierno para bajarlo en 2018, mientras que el déficit financiero sigue creciendo por la carga de intereses de la deuda.

El BCRA emite moneda indirectamente comprando dólares del endeudamiento; la política monetaria intenta ser contractiva mediante la tasa de interés pero el problema fiscal aumenta los agregados monetarios mucho peor que antes.

El régimen cambiario genera un tipo de cambio real apenas 12% más alto que en 2015 y el déficit externo creció de golpe.

Incertidumbre e inflación 

El principal problema de la macroeconomía es la enorme dificultad para bajar la tasa de inflación. Reducir la inflación será un proceso complejo y largo, es muy difícil bajar de manera permanente por debajo de 1% mensual. En los últimos quince meses, la tasa de inflación promedió 1,8% mensual.

Para bajar la inflación y controlar el movimiento de los precios con una inflación en un piso de 20 % anual durante años es importante tener las cosas claras.

Lo que impide bajar la inflación son los movimientos de precios del mes a mes donde siempre hay algo que impacta a la inflación para que no baje contra el mes anterior.

También la actitud empresarial (cuyo razonamiento está absolutamente distorsionado por décadas de inflación de dos dígitos ya internalizada psicológicamente) en la que cuando aumenta el consumo ellos automáticamente incrementan los precios por terror a perder márgenes.

Juega también la realidad objetiva de que el actual régimen fiscal sigue siendo inflacionario, idéntico al de los años anteriores.

Todo aumenta siempre en la mente de un empresario y un consumidor en argentina

Siempre hay algo que hace que la inflación baje poco o no baje contra el mes anterior.

Los meses en que suben las tarifas, la inflación supera 2%. Seguramente pasará en noviembre cuando se actualicen la electricidad y el gas. Durante el período de quince meses de desinflación, el boleto de colectivo y tren no aumentaron y eso es un precio totalmente ridículo que deberá aumentarse.

Otro ejemplo es que cuando los precios estacionales deben bajar (frutas, verduras, indumentaria, turismo) la inflación de esos meses baja a 1,5% pero cuando es al revés supera el 2%.

La última vez fue mayo 2017 (1,3% de inflación porque bajaron frutas y verduras) y en contra fue en septiembre 2017 que casi llega a 2% en el GBA porque aumentó ropa).

En octubre se cuidaron de aumentar tarifas y con la estacionalidad a favor, la inflación será más baja que en septiembre.

En los últimos quince meses los precios regulados aumentaron al mismo ritmo que la novedosa inflación núcleo y ambos crecieron como la inflación general: 1,7% promedio mensual la general, 1,7% la núcleo y 1,8% los precios regulados.

Como puede apreciarse a menos que haya intervención estatal los precios suben todos por igual porque nuestra compañera inflación es de origen macroeconómico y psicológico.

Con la administración anterior, la tendencia inflacionaria era 20 % anual ascendente y con ésta es 20 % anual descendente.

Hay un avance cualitativo y cuantitativo de la política monetaria pero igual es difícil bajar del 1,5% mensual de inflación. Hay un proceso de desinflación en marcha pero dentro de un régimen macro fiscal y monetario todavía inflacionario. No hay aún un cambio de régimen que apunte contundentemente a un dígito de inflación genuino y sostenible.

 El grave problema del déficit fiscal y el déficit de cuenta corriente (salen más divisas de las que ingresan)

 

Esta administración ha optado por fijar metas de inflación como la gran mayoría de los países en desarrollo: se fija la tasa de interés, y se sostienen tasas reales positivas para bajar la inflación y no se achica el déficit fiscal pero se mantiene un gasto público constante en términos reales de mucha mejor calidad: más gasto social, más obra pública y menos subsidios.

El déficit se financia con deuda externa y el BCRA sólo emite para convertir los préstamos en dólares a pesos dentro de un sistema de flotación cambiaria.

La combinación de alta tasa de interés con déficit fiscal financiado tomando deuda en los mercados internacionales, genera un déficit de cuenta corriente creciente que está llegando al 5% del PBI, por el exceso de gasto del sector público y no por inversión privada.

Tomar  endeudamiento externo para financiar el déficit fiscal hace que el dólar sea barato porque el ingreso de dólares – para cubrir el déficit del sector público- provocan una oferta que la administración tiene que transformar en pesos para cubrir su déficit y eso genera un atraso del tipo de cambio real o apreciación del peso.

El peso argentino a octubre de 2017 está apenas un 15% más devaluado que aquel que dejó la administración anterior en noviembre de 2015.

Este tipo de cambio no ayuda para exportar y desalienta la inversión privada.  Un déficit fiscal financiado con deuda también hace mucho más difícil bajar la inflación, lo que hace mucho más caros los productos a exportar. Hay que mantener un delicado equilibrio para no agravar el déficit de la balanza de pagos.

Por eso hay dos déficits crecientes, el fiscal (se gasta más de lo que ingresa por impuestos) y déficit externo y con el atraso del tipo de cambio todo indica que este esquema macroeconómico no puede ser sino transitorio y será indefectiblemente modificado.

Como el déficit fiscal es en pesos, esta administración vende los dólares que obtiene en el exterior al BCRA y éste le entrega los pesos. Entre enero y septiembre de este año, el Gobierno tomó deuda en dólares y euros por el equivalente a más de US$ 72.000 millones.

También se necesita emitir pesos para comprar dólares en el mercado de cambios y evitar que se siga abaratando el dólar (se compraron u$s12, 650 millones en lo que va del año). Por eso crece la base monetaria, y se absorbe colocando LEBACS.

No quedan dudas entonces que el esquema actual es muy temporario porque aumenta la deuda externa y la deuda en LEBACS y habrá que tomar las medidas para reducir el déficit fiscal o modificar la forma de financiarlo.

El déficit externo es muy grave 

Las cuentas externas de los primeros seis meses del año muestran deterioro e indican que el año 2017 terminará con un déficit externo de 5% del PBI. En 2016 fue de 2.7%.

El déficit de la cuenta corriente (el total de ingreso vs. salidas de divisas) pasó de u$s7, 707 M en el primer semestre de 2016 a u$s12, 889 M en el primer semestre de 2017, es decir aumentó casi 70% o 1.3% del PBI.

Mucho, porque se exportó u$s3, 161 menos que las importaciones; hubo mayor gasto de turismo (-u$s1, 281 M) y se pagaron los primeros intereses de la deuda externa (-u$s962 M).

En este octubre hubo nuevas colocaciones por U$S 800 millones en Letras del Tesoro que vencen en mayo y octubre de 2018 y $ 22.540 millones de Bonos en pesos a la tasa Badlar – 200 puntos básicos con vencimiento 2022-.

Con estas colocaciones de deuda, que no incluyen los créditos de organismos financieros internacionales ni los adelantos transitorios del Banco Central ni las emisiones que realizan las Provincias,  se pagan vencimientos de deuda de capital e intereses y el déficit fiscal.

En la cuenta capital, como en cualquier año electoral, a medida que se acercan las elecciones, la formación de activos externos tiende a acrecentarse. En esta oportunidad se ve una desaceleración del ritmo de compra de divisas luego de las PASO. El promedio del trimestre alcanzó los U$S4.603 millones de egresos con una notable desaceleró en septiembre a U$S4.217, un nivel 82% superior que el mismo mes del año anterior. Un buen resultado para esta administración.

El proyecto de Presupuesto 2018 calcula que la deuda pública nacional durante 2017 crecerá en U$S 44.000 millones, pero estimamos que podría ser mayor.

Para 2018 el stock de deuda crecería en U$S 52.000 millones también por el déficit fiscal y las refinanciaciones de vencimientos de deuda. Este aumento será por el aumento de la de la colocación de deuda externa.

Hay un aumento del déficit de la cuenta corriente y su consecuente continua acumulación de reservas internacionales porque desde 2016 ingresan dólares por la colocación de deuda pública en los mercados internacionales en exceso del déficit de cuenta corriente, y por eso crecen las reservas internacionales.

El déficit de la cuenta corriente llegará a u$s 30.000 millones (4.6% del PBI), con un deterioro de u$s 10.000 millones con respecto a 2016. 

El deterioro es porque se importa más de lo que se exporta.

En los primeros ocho meses de 2016 el déficit de la balanza comercial fue   u$s 5.000 millones pero en 2015 hubo un superávit de u$s1, 800 M. Esto fue por el aumento de las importaciones que crecieron 17% pero las exportaciones bajaron 2.4%. En 2015 las importaciones estaban prácticamente cerradas y había una enorme demanda contenida.

Más allá de la coyuntura, lo cierto es que a las exportaciones argentinas son bajas desde hace mucho por los enormes costos internos a causa de impuestos e ineficiencia estatal que esta administración no ha encarado en forma enérgica, aun.

Si se compara con el año 2011 cuando se exportaron u$s 83.000 M y se importaron u$s73, 000 M, el superávit comercial ascendió a u$s10, 000 M.  Naturalmente conteniendo importaciones al máximo y generando recesión.

Ahora, el déficit comercial fue de u$s4, 100 M, lo que implica un deterioro de u$s13, 120 M con respecto al superávit comercial registrado en 2011.

Esto no tiene que ver con los precios, porque los precios de las exportaciones cayeron igual que los precios de las importaciones sino que se debe a la baja del tipo de cambio real multilateral (la relación entre los valores de las monedas de los países con los que comerciamos) lo que bajó la capacidad exportadora.

El tipo de cambio para nuestras exportaciones pasó de $23 en 2011 a $17 bajando un 26% es decir que el peso es 35. % más caro en términos reales.

En argentina crecen tanto el déficit de la cuenta comercial como el déficit de la cuenta corriente. Por lo general, en los países con déficit fiscal la política económica fomentó la reducción devaluando la moneda local o bajando dramáticamente el gasto del sector público.

En resumen, el déficit comercial y el déficit de la cuenta corriente están incrementándose. El principal problema no es la magnitud del déficit sino que éste se debe a un elevado déficit del sector público que debe ser financiado por el resto del mundo.

CONCLUSIONES

Los dos déficit hacen a la economía muy vulnerable ante cualquier alteración en las condiciones financieras internacionales. Por eso son imprescindibles cambios importantes en la política económica.

Esta administración debe reducir el déficit fiscal primario a 3.2% del PBI en 2018 y hacer las reformas estructurales necesarias para reducir el costo interno bajando el costo de un estado enorme e ineficiente.

Cuando hubo que reducir déficit gemelos, se hizo mal. Fue en los tres períodos en que hubo déficit gemelos superiores al de 2018 (fue en 1975, 1981 y 1983). Hoy se cuenta con un régimen cambiario flexible, cuyo ajuste evita devaluaciones forzadas y alocadas.

Se comenzará a emprender cambios macro y estructurales, para evitar una corrección inequitativa de los desequilibrios.

Hay un bajísimo nivel de crédito (12% del PBI con mucho margen para que el crédito al sector privado aumente y empuje la recuperación de la economía, reduciendo el problema de los déficit gemelos.

Si esta administración consigue romper el estancamiento y crecer por varios años, el riesgo del déficit gemelos desaparece.

La política macroeconómica necesita rectificaciones. En 2018 y probablemente en 2019 habrá financiamiento externo para cubrir los abultados déficits gemelos. Luego…se verá.

 

Perspectivas Económicas a 15 días de las elecciones legislativas que pueden resultar en el inicio de un nuevo país.

Dinámica Económica

Contenido

La economía real

Se mantendrán  tasas altas a lo largo del año 2018

La coyuntura en general

Los números en que se basan el análisis

La recuperación

Se ha instalado una especie de consenso generalizado en cuanto a que se habría alcanzado una coyuntura mucho mejor en la situación económica. Y también en materia política muchos descuentan un triunfo holgado de esta administración en las legislativas de octubre, todo basado en percepciones subjetivas y encuestas, algo quesorprende ligeramente por no tener fundamento sólido y mucho menos si la percepción se apoya en los encuestadores que en general son poco confiables. Nada está dicho.

Los operadores creen que las chances de superar a la ex jefa de la administración anterior han aumentado y por eso la habitual especulación de vender caro divisas en las próximas semanas para recomprar luego de las elecciones tomando ganancias no les resultará fácil…

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Perspectivas Económicas a 15 días de las elecciones legislativas que pueden resultar en el inicio de un nuevo país.

Contenido

La economía real

Se mantendrán  tasas altas a lo largo del año 2018

La coyuntura en general

Los números en que se basan el análisis

La recuperación

 

Se ha instalado una especie de consenso generalizado en cuanto a que se habría alcanzado una coyuntura mucho mejor en la situación económica. Y también en materia política muchos descuentan un triunfo holgado de esta administración en las legislativas de octubre, todo basado en percepciones subjetivas y encuestas, algo que sorprende ligeramente por no tener fundamento sólido y mucho menos si la percepción se apoya en los encuestadores que en general son poco confiables. Nada está dicho.

Los operadores creen que las chances de superar a la ex jefa de la administración anterior han aumentado y por eso la habitual especulación de vender caro divisas en las próximas semanas para recomprar luego de las elecciones tomando ganancias no les resultará fácil si en el imaginario popular se fortalece esta idea triunfalista no justificada.

Algunos analistas toman lo escuchado de las segundas o terceras líneas de la oposición (algo que puede o no ser cierto) y creen que también la oposición percibe una derrota de la ex jefa de la administración anterior, lo que generaría una oportunidad para desplazarla y buscar una reunificación amplia de la oposición. Una exagerada especulación.

Los anuncios económicos contienen excesos pre electorales cuando los más optimistas anuncian que la economía deja de ser neutral para convertirse en algo positivo para esta administración. Es cierto que el rumbo es muy bueno, pero hasta ahora solo para detener (y muy bien) un desastre anunciado.

Esta administración tiene cierta ventaja a su favor porque maneja el poder nacional, el de Buenos Aires y el de CABA. Es la ventaja para ganar la elección. El que tiene el poder puede hacer, por ejemplo, los créditos ARGENTA que son un muy grave error de concepto que juega a favor (los beneficiarios son AUH, jubilaciones mínimas y planes que pueden pedir un crédito sobre los subsidios del 30% por los próximos doce meses que le van cobrando con intereses y lo más probable es que se compren un electrodoméstico con la plata de la comida de los chicos de los próximos meses). Se le dio a 2 millones de personas del segmento más cerrado a favor de la ex presidente. Parece que esta administración piensa que tiene UE usar los elementos del populismo para vencer al populismo. Da dinero a las familias que nunca los votarán, y que malgastarán todo el dinero…  

La oposición está dividida y esto perjudica a la Sra. ex presidente porque de haber competido con su empleado hubiera tenido 6/7% más de votos.

Las buenas noticias sobre la economía mejoran la visión general pero no alteran lo que piensan los talibanes de la ex presidenta, y no llegan conurbano al conurbano donde la pobreza y el desempleo siguen muy por encima del promedio. Esta administración instala los ARGENTA que van donde no llega el derrame ni la obra pública, pero que serán totalmente inútiles.

La verdadera lucha es en Buenos Aires.   

Las encuestas que hace la administración los dan ganadores por 6 puntos. Hacen grandes esfuerzos para evitar el triunfalismo en sus propias filas para no desalentar el esfuerzo o minimizar una supuesta victoria. Es peligroso regodearse de antemano porque si por 1 o 2 puntos (que es lo más probable) tendrá gusto a poco. Por eso dicen “estamos cabeza a cabeza” aunque saltan en secreto. Creen haber sacado puntos a Massa (5 puntos) y haber promovido mayor concurrencia. Wishful thinking incomprobable.

Los votos de la ex jefa de la administración pueden ser menos: la Sra.  desafía cierto riesgo a intendentes del PJ que le amenazan con quitar dos o tres puntos por corte de boleta. 

De acuerdo a la encuestadora Elypsis, bien independiente, la imagen de esta administración sigue alta y estable.

La imagen de la Gobernadora es 59%, la más alta tanto dentro del oficialismo como de la oposición, y la del Presidente es 47%. El candidato oficial a senador en Bs.As. llega al 49% y la de la candidata a 22%.

 La imagen positiva de Cristina en fuerte baja. La “imagen positiva” de la ex mandataria 34%, con una gran disminución desde mediados de agosto. La candidata de frente 1 País cuenta con la imagen más alta, 36%, mientras que tanto el ex empleado como el ex Jefe de Gabinete juntos no superan siquiera a la candidata oficial que tiene 22%

Mientras la imagen negativa de la ex mandataria aumenta. Su imagen negativa ya se acerca al 50%, subiendo fuertemente en las últimas dos semanas y alcanzando uno de los niveles más penosos para ella desde que se realizan mediciones, con una suba de 6% desde mediados de agosto.

La actual administración mantiene la diferencia. Tanto Presidente como Gobernadora se encuentran en sus niveles máximos en las últimas semanas, de 46% y 58%, respectivamente. Mientras tanto, dentro de la oposición, la ex mandataria retrocede al 29%, con el reto de la oposición en niveles estables del 18% y 23%.

Si la administración toma estas cifras como na victoria anticipada, cometería un inmenso error, porque las encuestas, los fiscales, los punteros y las boletas de papel en este país son opuestos.

Economía real y el sector financiero

No  debe sacarse de foco que la economía sigue con los mismos problemas de fondo y que ningún anuncio hará dar ni un paso atrás a los convencidos de las virtudes del  populismo y mucho menos a su líder, lista para asumir en un Congreso donde su experiencia y falta de escrúpulos hará muy difícil la gobernabilidad con sus 10 u 11 senadores, siempre que el PJ no la aísle en un mini bloque, algo muy probable y la convierta en una semi paria con tres senadores cuando la vean sentada en un banco frene a tres jueces.

Mientras tanto en el sector financiero (Bancos y cuevas), hay una sensación optimista, basada en que el riesgo país es mucho menor y el dólar futuro se calcula parejo con una inflación no demasiado superior a las metas del eficiente Banco Central, y porque sube el Merval con nuevos récords lo cual no es mucho decir en el minúsculo mercado donde con poco dinero lo sacude hacia cualquier parte.

En el exterior parecen creer el marketing oficial y el riesgo soberano es el más bajo de los últimos diez años.

En la economía real

La economía real muestra recuperación. Todos los sectores indican crecimiento. El consumo y la inversión crecen. No hay duda del incremento de la confianza de los agentes económicos con los mismos argumentos del marketing electoral de esta administración.

La inflación anual se encuentra estacionada en los niveles que registró entre agosto de 2016 y enero 2017 y excediendo las metas deseadas. El año 2018 será de crecimiento con posibilidades de tener dos años seguidos de crecimiento económico después de seis años malos.

Se mantendrá la política contractiva hasta fin de año para acercar a la meta de 2018. Aunque posiblemente el 2017 cierre con una inflación cercana al 1.3% mensual, el BCRA se ha fijado bajar al 1% para comenzar un 2018 donde enero y febrero jugarán en contra porque la leve recuperación del consumo hará que los especulativos precios turísticos impacten en la tasa de inflación, por lo que es imprescindible seguir con la política monetaria contractiva para estar cerca del 10% (± 2%) para 2018.

Hay una pequeña recuperación de salarios y un buen aumento de la demanda por inversión, pero las subas de tarifas afectarán la inflación del 2018. La inflación tendrá un gradual descenso con subas de precios regulados y presiones por aumento de salarios.

Se mantendrán tasas altas a lo largo del año 2018

Con la inflación por delante de lo deseado, se mantendrá la contracción monetaria durante 2018, con tasas reales similares a las de 2017. Posiblemente la tasa de Lebacs a 35 días terminará 2017 a 19.5% (23% promedio), con una tendencia que debería invertirse en el transcurso del 2018.

El costo de las Lebac no impide mantener tasas altas. El impacto de pagar intereses reales de 8% (cercanas a las actuales) durante 2018 sería un 2% del PBI. Pero si las tasas reales fueran 4% (algo razonable para garantizar el camino hacia la baja de la inflación núcleo), los intereses serían de 1.5% del PBI. Ninguna de los dos números es un impedimento para seguir adelante con una política monetaria contractiva. Por lo cual seguirá.

El peso seguirá sobrevaluado (dólar bajo), a causa de las tasas altas y el ingreso de capitales extranjeros por los préstamos para financiar el déficit. Se mantendrá la tendencia a la apreciación observada en 2017 y el BCRA intervendrá de tanto en tanto cuando haya comportamientos excesivamente elásticos del tipo de cambio, procurando que no se mantenga un dólar muy bajo por mucho tiempo.

De esta forma, se puede estimar una apreciación de 4% del TCRMe (tipo de cambio multilateral, es decir el tipo de cambio combinado de los países con los que comerciamos) dificultando aún más las exportaciones no tradicionales. 

La coyuntura en general, el mediano plazo, el que importa

En general el país parece estar mejor que hace dos años. La macroeconomía sigue con fuertes desequilibrios por la falta de un programa económico abarcativo, conocido y consistente.

Pero no se puede dejar de lado la realidad que indica que en agosto de 2017 el ingreso de 24 millones de personas (53% de la población) fue de $12.500 mensuales y que tomando los ingresos de todos los hogares, donde pueden existir uno o más ingresos del grupo familiar, la mitad de las familias recibe menos de $ 18.400 con un ingreso promedio de $ 23.500.

Esa dimensión minúscula del mercado es muy clara para la administración actual: saben bien – o no estarían allí – que el mercado interno es muy chico, ínfimo, y que no se puede crecer por falta de escala. El aumento de la demanda agregada depende de los ingresos de una gran masa de la población y no hay expansión rápida posible, en especial sabiendo que 7.800.000 personas trabajan para el estado en forma totalmente improductiva.

Al mercado externo se llega hoy con dificultades: los costos internos son tan elevados que se requiere un dólar muy alto y un tipo cambio multilateral favorable con precios de las commodities crecientes para poder exportar e incrementar el ingreso per cápita, nada de todo eso ocurre.

Esas necesidades están lejos, pero mucho más cerca hay un déficit fiscal enorme, una estructura laboral costosísima a causa del mismo estado, una presión impositiva insostenible y fuertes corporaciones que todavía hacen creer a sus miembros que hay algo para repartir.

Lo anterior dentro de un medio ambiente internacional condicionante con commodities a la baja y situaciones que parecen lejanas pero que un Acto de Dios puede generar problemas.

Los números para respaldar lo descripto. Lo que no se puede cuantificar, es charla de café.

Desde las primarias de agosto el riesgo país bajó a 373 puntos básicos, llegando al menor nivel con esta administración por la caída del riesgo puro (-58) algo mayor que la baja del riesgo latinoamericano -21.

La insignificante bolsa aumentó 22.3%. El mercado cambiario se descomprimió: bajó la demanda de dólares que se había incrementado para especular en los 45 días previos a las primarias, y el dólar futuro bajó 4.8%, ubicándose el tipo de cambio para fin de diciembre de 2017 en $18.4 que asume un 1.35% en promedio de tasa de inflación mensual.  

Mejoró la confianza en el corto plazo y la perspectiva a mediano plazo por la probabilidad de que la actual administración sume poder político en octubre sin lograr mayoría parlamentaria aunque mejor posicionada para la elección presidencial de 2019, porque aún no hay una figura consolidante dentro de la oposición.

Las cuentas nacionales indican que la economía reacciona desde el tercer trimestre de 2016 y con tres trimestres seguidos en alza aumentado al 3.9% anual. El primer semestre del año es 1.6% superior que el primer semestre de 2016. 

Hubo una fuerte mejora del nivel de actividad a causa del incremento de 4.4% anual de la demanda doméstica (consumo) pero el sector externo – con pésima performance – anuló dicho aumento.  

El consumo privado aportó 2.8 puntos de aumento al PBI respecto al primer trimestre (de 0.7%). El consumo público siguió creciendo en el segundo trimestre por la obra pública de campaña electoral. La inversión creció 7.7% anual en el segundo trimestre y agregó 1.4 puntos al incremento del PBI.

Lo muy negativo son las exportaciones que retrocedieron pese a la aceleración del comercio global mundial. Los volúmenes bajaron en el segundo trimestre 1.2% con respecto a 2016 y con una disminución de 7.1% respecto al primer trimestre.

El incremento de la demanda doméstica aumentó las importaciones con un dólar barato que jugó a favor. Las cantidades importadas aumentaron en el segundo trimestre un 9.1% anual. En agosto los volúmenes importados aumentaron mucho: 19.7% anual y llegaron en ocho meses a una suba de 10.2% anual.

Porque cayeron las exportaciones y aumentaron las importaciones el sector externo neto hizo caer 2.5 puntos al PBI en el segundo trimestre que hubiera crecido un 5.2% en lugar de 2.7%. Pero los analistas mediáticos no han tomado nota de ese muy negativo aspecto.

En dólares el déficit de la balanza comercial de 2017 será u$s7, 800 M y en 2018 podría ser aún mayor.  Esto no anula los buenos adelantos, pero es un indicador de la demora que habrá hasta llegar a una situación donde se perciba en la población una mejora concreta.

 La recuperación

La recuperación de la economía doméstica en el sector real parece generalizada, en el segundo trimestre del año, 13 de 15 sectores mostraron un crecimiento. El sector financiero siempre encuentra la forma de estar de fiesta con enormes ganancias, sea cual fuera la situación general.

Alcanza con mirar los balances de los bancos aun sin ajustarlos por inflación, algo que si se hiciera generaría grandes ingresos por impuestos a la ganancia. Hasta el Banco Provincia de Buenos Aires puede hace campaña regalando uno de cada dos productos a todos sus clientes de retail dos veces por mes utilizando en diez oportunidades de compra tan solo el 20% de sus utilidades.

Al cierre del segundo Julio la economía aún no había alcanzado su nivel máximo anterior que fue en el tercer trimestre de 2015 (estuvo 0.8% por debajo), pero logrará alcanzar ese nivel aunque algunos sectores productivos no alcanzaron su nivel máximo previo.

Entre los indicadores sectoriales se destaca la actividad de la construcción. Las ventas de insumos de la construcción subieron en agosto un 3.5% con respecto a julio y 24.3% en un año.

Hay más empleo en el sector: el nivel de ocupación aumentó un 11.5% anual habiendo más de 40.000 nuevos puestos de trabajo privados en el último año, habiendo incorporado 439,916 mil trabajadores en total. 

Creció el crédito al sector privado. Los préstamos al sector privado aumentaron en septiembre 20% anual por encima de la inflación. El crédito hipotecario aumentó un 15.5% real con respecto al segundo trimestre 78% anualizado, creciendo más de $300 millones por día hábil incluyendo los créditos hipotecarios para jubilados en el marco del plan ARGENTA.

 La recuperación de 2012/2013 se extendió por 4 trimestres consecutivos y la recuperación de 2014/2015 duró 5 trimestres; mientras que en esta oportunidad la economía lleva cuatro trimestres de recuperación y todo indica que se extenderá. 

La recuperación parece sostenida. Los indicadores que anticipan ciclos, son positivos.

En este contexto, se llegará a las elecciones de octubre con un clima más favorable para la actual administración que al inicio del año cuando todavía eran pocos los signos positivos que mostraba la economía. Pero al núcleo duro de los seguidores místicos, nada los conmoverá.

El 2017 cierra con un crecimiento económico que alcanzará a 3.0%.

El 2018 tiene arrastre estadístico de 1.3 puntos y parece que se terminará el fatídico ciclo argentino de un año de crecimiento y uno de recesión. La economía tendrá en 2018 un crecimiento moderado y positivo de 2.6/2.7%, inferior al de 2017, porque es imprescindible mantener la política monetaria contractiva y debería haber un fuerte ajuste del déficit fiscal.

 Inflación y política monetaria. Un Banco Central impecable.

Con respecto a la inflación, el aumento de precios minoristas fue de 1.4% mensual en el mes de agosto, con una suba anualizada de 18.4% y un aumento anual de 24.0%.

La inflación núcleo de agosto fue de 1.4% mensual, (anualizado de 19.6%) y una suba total para 2017 de 22.1% casi dos puntos menos que el IPC, lo cual es un claro indicador de dos elementos: hay formadores de precios y aun no se terminan de ajustar los precios relativos. Las cifras no son opiniones, son realidades.

La inflación mensual retornó al nivel de agosto de 2016 y enero de 2017. La inflación de septiembre no será inferior. El IPC de septiembre será 1.6% con una inflación núcleo o core mayor que la inflación nivel general. 

Si la inflación nivel general fuera 22.7% entre diciembre 2017/diciembre 2016 y la inflación núcleo de 20.5%, la tasa de inflación no permitiría cumplir co el 1% mensual deseado por el BCRA causa del aumento de la luz de alrededor de 26% a partir noviembre y el aumento del gas a partir del 1º de diciembre, más el incremento del agua y de las naftas. Corrobora lo afirmado: no se terminan de corregir los precios relativos.

Pese a la impecable gestión del BCRA las expectativas de inflación se resisten, pero no por causas monetarias sino porque los empresarios argentinos están muy cerca (o quizás lo fueron siempre) de ser oligopolistas y tienen las expectativas totalmente distorsionadas por más de medio siglo de sobre exposición a una inflación de dos dígitos.

Las tasas esperadas de inflación han venido subiendo en lugar de acercarse a lo esperado por la autoridad monetaria. Esto se da pese a que el BCRA mantiene con el coraje de enfrentarse (y derrotar) al resto del equipo económico con tasas de interés reales altas de 9% anual y a que presta atención extrema a la curva de rendimientos de las LEBACS.

Mantienen desde abril la tasa de referencia en 26.25% anual y si la inflación de septiembre es baja como corresponde a la estacionalidad, empezarán a bajar las tasas de interés.

 

En 2018 seguirán firmes las tasas para llegar a la meta inflacionaria de 8/12% en el año.

La inflación nivel general para 2018 no será más baja que 15/16% con una núcleo de 12%.

La política monetaria es compleja: el BCRA mantiene una política restrictiva con altas tasas de interés reales para bajar la inflación pero el crédito al sector privado aumenta, empuja para arriba al PBI y el empleo. O sea que simultáneamente se restringe la demanda y se utilizan mecanismos para expandirla.  Y es correcto a la luz de los resultados.

Además al fijar la tasa de interés, la base monetaria la determina el mercado con el BCRA obligado a emitir moneda para comprar los dólares de la financiación del déficit, a diferencia de otros bancos centrales con esquemas de metas de inflación.  Pero hasta el momento han hecho una tarea muy prolija, excelente, tanto en el planeamiento como en la operación intradiaria lo que demuestra que hay técnicos de primer nivel en la mesa de operaciones financieras.

Como debe ser: números para respaldar afirmaciones

En números, porque de lo contrario todo se convierte en opiniones de sobremesa: en 2017 el BCRA emitió $300.00 M para financiar el sector público: $100.000 M para financiar el déficit del Tesoro y $140.000 M para comprar los u$s11, 650 M de dólares que el Tesoro consiguió colocando deuda en el exterior, más otros factores expansivos menores por $9,061 M.

La demanda de base monetaria aumentó poco $80.000 M con un incremento de la oferta de $300.000 M, por lo cual esterilizaron $230.000 M. con Lebacs. 

Por eso el stock de LEBACS aumentó 60% en 2017, pero la base monetaria solo 10%, siendo actualmente el stock de Lebac el 123.5% de la base monetaria (más que todo el dinero en circulación) lo cual a un lego podría alarmarlo, pero no es tan grave.

Durante la nueva administración el stock de Lebacs aumentó 255%, y la base monetaria 45.% porque el  déficit fiscal fuerza a la actual administración a endeudarse en los mercados internacionales, pero los dólares que éste consigue luego tienen que ser cambiados por el BCRA por pesos, lo que obliga al Banco Central a colocar LEBACS para absorber el exceso de pesos no demandado por el mercado, que tiene – obviamente después de medio siglo con records mundiales permanentes de inflación – cierta aversión por la ¨preferencia de liquidez en pesos¨.

De este modo, el BCRA está acumulando reservas internacionales, que coloca al 1% en divisas y las financia colocando deuda del BCRA al 26.50% anual en pesos, un negocio bueno pero que no debe durar mucho.  

Con esta política monetaria restrictiva en la tasa de interés y expansiva en el crédito bancario, el BCRA está logrando que las expectativas de inflación se acerquen a la meta inflacionaria establecida y que la tasa de inflación efectiva llegue al nivel deseado.

El verdadero problema; deficit fiscal

De inmediato, un minuto más tarde de las elecciones y si el resultado es favorable a la nueva administración deben comenzar a reducir el abultado desequilibrio del sector público. Hay dudas sobre cómo hará la actual administración para comenzar a bajarlo en 2018. 

Hasta la fecha, en lo que va de la actual administración, no hubo una reducción del déficit fiscal sino un incremento, tanto el déficit primario como el déficit global que muestran incremento.

El déficit primario pasó de 3.6% del PBI en 2015 a 3.8% del PBI hoy. Si se quita el blanqueo el déficit primario aumentó aún más: 3.6% del PBI en 2015 contra 5.3% los últimos doce meses. Hay un incremento después del pago de los intereses de la deuda pública aun incluyendo los ingresos por el blanqueo, el déficit subió de 4.8% del PBI en 2015 a 5.8% en los últimos doce meses.

Los aspectos positivos: en materia fiscal 1. la actual administración mantiene constante el gasto primario. 2. cambiaron las fuentes de recursos, bajando el financiamiento por colocación de deuda en los mercados internacionales, lo cual fue posible gracias a la salida del default. 

Otro cambio drástico fue la composición del gasto público: esta administración se ha inclinado por aumentar el gasto social y la obra pública y reducir los subsidios económicos.

En los primeros 8 meses de 2017 el gasto primario fue constante en términos reales. El gasto en prestaciones sociales, que incluyen jubilaciones, creció un 39% nominal (10.2% real

Conclusiones

2018 será el año de una reforma Fiscal Gradual con reducción del déficit primario, gasto primario constante en términos reales y déficit fiscal global después del pago de intereses cerca del 6% del PBI con financiamiento externo en los mercados internacionales. 

 LA POLÍTICA ECONÓMICA DESDE NOVIEMBRE 

 Hace un año HABÍA dos crisis potenciales 1. el problema de una recesión cíclica y 2. un posible estancamiento.

En los últimos 43 años el PBI per cápita de nuestro país creció 0.7% promedio por año; de mantenerse ese crecimiento la Argentina necesitaría 120 años para duplicar su nivel de ingreso por habitante.

Hoy la Argentina está en recuperación. En plena fase positiva del ciclo económico, el recurrente karma de que todo ciclo expansivo se extendía cuatro trimestres parece cambiar. Todavía no se han hecho reformas estructurales para crecer a tasas más altas pero desde noviembre comenzarán.

La economía está mejor en lo político, en lo financiero y en lo económico y ya sin los grandes desbalances macroeconómicos.

Hay un durísimo déficit fiscal, el déficit de cuenta corriente aumenta, sigue el atraso del tipo de cambio que desalienta la inversión y la exportación, con un stock de deuda creciente.

 Falta mucho para llegar a las metas de inflación dispuestas por el BCRA., y faltan las imprescindibles reformas de fondo para aumentar la inversión, la oferta de trabajo y la productividad.  

Deben esperarse medidas concretas para bajar el déficit fiscal y profundas reformas para atraer la inversión importante, para mejorar la oferta de trabajo y aumentar la productividad.

Recordando que todos los países emergentes (estatus al que todavía no se ha llegado llegado) duplican su ingreso por persona cada 25 años, los vecinos regionales cada 40 años y argentina tal como está hoy requiere más de 90 años.

Esta afirmación parece alarmante porque genera la percepción de que es casi imposible que la gran masa poblacional – tomados en su conjunto y en promedio – lleguen a percibir en su calidad de vida una economía próspera hasta dentro de más de una generación.

Pero el camino es bueno.

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