La marcha de la economía hasta Abril 2018 y las perspectivas. Analizar la evolución de la economía sin colocar el análisis dentro de un contexto general es un ejercicio estéril.

El contexto real.

Analizar la evolución de la economía sin colocarlo dentro de un contexto general es un ejercicio estéril.

Los números macroeconómicos al mes de abril de 2018 son los siguientes:

  1. PBI estimado para 2018 US$ 635.500
  2. Déficit fiscal primario 4.30% del PBI
  3. Déficit por intereses de la deuda externa 2.30% del PBI
  4. Déficit provincial 1% del PBI
  5. Déficit por intereses deuda interna (LEBAC´s) 1.70% del PBI
  6. Déficit de la cuenta corriente (divisas que entran menos las que salen) 4% del PBI
  7. Déficit consolidado 9.30% del PBI
  8. Inflación proyectada para 2018: 22/24%
  9. Población por debajo de la línea de pobreza: 27%, 11.400.000 habitantes.
  10. Cantidad de empleados públicos: 3.500.000 o 1.8 de cada 4 trabajadores

Queda claro que el contexto no es favorable para que rápidamente se produzcan grandes desarrollos, expansiones de la producción, aumentos de salarios y jubilaciones en términos reales y mucho menos un gran crecimiento de ventas en el minúsculo mercado interno.

 Quedan por delante dos o tres años de regularización y más tarde la etapa de consolidación, si no ocurren Actos de Dios negativos o positivos (y si no toma fuerza una oposición destructiva)  

Creciendo al 3% o 4% por año, de manera sostenida evitando crisis y si el mundo lo permite la economía podría convertirse en desarrollada en no menos de 10 o 15 años, cualquiera que sea el modelo predictivo que se utilice, y cualesquiera que sean las variables que se ingresen al cálculo.

En la situación actual, al día de hoy,   la economía genera un PBI estimado para 2018 de US$ 635.000 y los gastos superan a los ingresos en 9.30% de esa cifra, que debe financiar el sector privado local o instituciones financieras internacionales.

Tomando en cuenta la forma gradual de bajar el déficit público con aumentos de tarifas, el ligero crecimiento de la recaudación, más los costos anuales de los préstamos externos destinados a financiar el déficit se requieren más de US$ 40.000 millones por año para equilibrar y no aumentar el déficit fiscal.

No hay que confundir déficit con deuda, la deuda es el recurso para financiar el déficit.

La deuda total de la economía para financiar los diversos déficits – que fueron generados por la administración anterior – y considerando lo que se toma prestado internamente del sector privado más la deuda externa,  se llega a una deuda equivalente al 30% del PBI que en definitiva no es una tasa alta si se compara con otras economías. 

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Perspectivas del contexto a mediano plazo 

Considerando un crecimiento del PBI del 3% durante 4 años la deuda llegará hasta 40% del PBI en ese mismo lapso, algo manejable y con la posibilidad concreta de ir alcanzando una economía ordenada para comenzar a bajar esa deuda. Es posible proyectar una consistente reducción del déficit si continúan evolucionando positivamente los indicadores de actividad actuales. 

La metodología necesaria

Se han eliminado controles ineficientes, unificado el mercado cambiario, actualizado las tarifas y reducido los subsidios a las empresas prestadoras, se han efectuado inversiones en infraestructura y queda por delante lo más difícil: reducir el gasto público, modificar y reducir el sistema impositivo distorsivo y con un sostenido crecimiento del nivel de actividad reducir el déficit fiscal.

Los buenos economistas que integran esta administración creen hoy que el tipo de cambio flotante evitaba problemas financieros pero hasta hace poco suponían que un dólar bajo era el resultado del tipo de cambio fijo, pero la realidad marcó que es el alto déficit fiscal y su financiación lo que generaba un peso sobrevaluado aun mayor que con cambio fijo.

De allí el cambio de Diciembre 2017.

El propósito de esta administración es transparente: decidieron no bajar el gasto público en términos reales, porque se requieren inversiones, necesitan mantener viva la gobernabilidad, evitar protestas sociales y generar un mayor nivel de actividad económica para conseguir un aumento del PBI que genere mayor recaudación impositiva y permita reducir el déficit fiscal y licuarlo el déficit como porcentaje del PBI. Esto llevará varios años, muchos más que los primeros 4 de esta administración.

La evolución

Hasta ahora el nivel de actividad no ha crecido como se necesitaba para hacer eficiente esta política por lo cual hubo que tomar más endeudamiento del previsto y esperar que el crecimiento sea el necesario en los próximos cuatro o cinco años.

Como el gasto del estado se mantiene en términos reales y siendo el 65% sueldos de empleados públicos (legisladores y jueces con exageradas prebendas de todo tipo y exuberancia de empleados públicos, que es una forma de subsidio a la desocupación) lo único que se puede hacer es reducir jubilaciones (no las de privilegio) y no atacar con todas las armas a la inflación a pesar que es el peor impuesto a los más pobres. No   tomará menos de cuatro años para que se perciba una estabilidad y crecimiento razonable.

Mientas tanto la clase media es el receptor de casi todos los golpes y las clases sociocultural y económicamente menos afortunadas se mantienen con los soportes habituales.

El riesgo es que el control de la emisión monetaria y las altas tasas reales de interés necesarias para bajar la inflación, puedan generar problemas financieros si la inercia inflacionaria recibida de la administración anterior no se resuelve.

La marcha de la economía en abril 2018

Esta administración ha iniciado sus tareas para ser reelectos en 2019, haciendo todo lo negativo para ellos durante 2018 y evitando que se presente algún problema macro o financiero significativo.

Luego de ganar las elecciones parlamentaria se intentó presentar un plan con reformas impositivas, reformas laborales, desregulaciones del aparato estatal todo aceleradamente para que los agentes económicos consideraran que había una decisión firme para acelerar el proceso.

Fracaso absoluto en el parlamento y pérdida enorme de prestigio.

Dadas esas circunstancias esta administración postergó para un supuesto segundo mandato un plan de Estabilización y Desarrollo, la última oportunidad para no terminar en otra frustración económica.

Para lograrlo resulta evidente que están concentrando esfuerzos en contener el crecimiento del gasto público para que no exceda los límites aprobados en el presupuesto de 2018 y hacer bien clara la política monetaria-cambiaria, para reducir la incertidumbre sobre el precio futuro del dólar y terminar con la volatilidad de su precio en el mercado spot.

El Banco Central continuará con la reducción de la tasa de LEBACs y tenderá a eliminar este instrumento. No parece razonable en una economía organizada emitir deuda remunerada para colocar por afuera del sistema bancario y competir con la deuda pública y privada.

Como la meta de inflación real – no el declarado 15% – de esta administración es del 20% para 2018 se deberá absorber moneda vendiendo reservas cada vez que el dólar se mueva más que la inflación. Reservas hay suficientes y compradas a dólar barato de modo que venderlas implica una ganancia monetaria para el BCRA.

Los efectos del cambio de enfoque de diciembre de 2017

Los resultados económicos son muy positivos cuando se los compara con años anteriores, pero no son los que esperaba esta administración.

Hay fatiga en la recuperación económica. La inflación seguirá en el 20/22% anual mientras que la inflación núcleo, medida como el promedio móvil de los últimos 3 meses, aumentó a 19.3%.

La tasa de desempleo desciende en forma muy gradual y la pobreza cede a ritmo lento a causa de la inflación y de la ausencia de un crecimiento más intenso.

No se logra corregir los desbalances macro, se complica el panorama y la economía es vulnerable por la dependencia del financiamiento externo para cubrir los déficits gemelos.

La sociedad y los agentes financieros se muestran impacientes por ver resultados más contundentes en materia de actividad económica, empleo, pobreza y especialmente justicia, por eso se reordenaron las prioridades y se hicieron cambios en el esquema de política económica que regía hasta fines del año pasado.

El esquema inicial generó dificultades para bajar la inflación, atraso cambiario, estancamiento exportador, creciente déficit comercial y de la cuenta corriente, y un alto déficit fiscal superior en 2017 al récord que dejó la administración anterior, todo para no perder gobernabilidad.

Teniendo como objetivo la elección 2019, esta administración pasó ahora a conformarse con una economía de resultados modestos con tal de no perjudicar el objetivo de la reelección.

Como la macroeconomía presenta dificultades, la administración va modificando su política económica en función de las necesidades de cada día. Se trabaja sobre la coyuntura y la política económica ingresó, definitivamente, en modo “prueba y error¨ hacia el 2019.

Las presiones inflacionarias han aumentado por el incremento de los precios regulados, la rápida depreciación del peso entre diciembre y febrero, y la suba de las expectativas de inflación como consecuencia del relajamiento de las metas inflacionarias. 

Aspectos macroeconómicos relevantes

Muy buen nivel de actividad del cuarto trimestre de 2017 con crecimiento de 1% con respecto al trimestre previo y también del primer trimestre de 2018 , otro 1% estimable,  que alivia la necesidad  de bajar la tasa de interés para impulsar el nivel de actividad y atenuar el freno que resulta de una excesiva apreciación del peso.

Los precios mayoristas aumentaron 4.8%, llegando a 9.6% en el primer bimestre del año. El IPC fue en febrero 2.4% y en marzo estimamos un 2.3%.

Sin embargo hubo un avance en el comienzo de 2018, los datos del balance comercial continúan mostrando un crecimiento importante de las importaciones de un 26,3% anual en febrero, importaciones de piezas y accesorios para bienes de capital (+39,8%) y bienes intermedios (+35,4%), es decir, insumos industriales.

Por otro lado, las exportaciones se incrementaron un 10,1%, manteniendo cierta aceleración respecto a 2017 (+0,9%). Se destacó el crecimiento en las exportaciones de material de transporte (+38,7%), por mayores ventas a Brasil (+87%), un indicio favorable de lo que podría ser la evolución de las exportaciones industriales al país vecino durante 2018, algo que podría ayudar a compensar el efecto de la sequía sobre las ventas externas agrícolas.

La tasa de inflación núcleo (la que no contempla aspectos estacionales) llegó a 22.8% anualizado, en un contexto en que se espera para abril 2.5%, producto del impacto de la suba de los precios regulados del gas, el transporte y los sorpresivos combustibles.

Un pragmatismo que genera incertidumbres

Esta administración es excesivamente pragmática: primero se enfocaron en utilizar la tasa de interés y evitar un dólar barato, y ahora hay tienen que evitar devaluaciones del peso y el traslado a precios. Esas conductas no ayudan a disminuir la incertidumbre, ni fomentar inversiones.

Originalmente hubo una política monetaria para bajar la inflación, mantener el alto déficit fiscal financiado con endeudamiento externo y libre tipo de cambio generó diversos problemas que eran resueltos a medida que aparecían.

Esta política económica que busca mantener calma no es coherente, es oscilante en base a las necesidades de cada día y, no reduce la incertidumbre.

En este marco, hubo desde fines de 2017 cuatro ajustes a la política económica. La primera, en diciembre, fue aumentar las metas de inflación para que no fuera necesario apelar a altas tasas que enfrían el leve crecimiento logrado.

Además en 2018 el contexto financiero externo comenzó a ser menos amigable, por lo cual esta administración comenzó a mostrar señales de reducción del déficit fiscal a los acreedores externos.

Por eso y por primera vez en 2018 es probable que esta administración logre reducir en algo el déficit fiscal, en base a un mayor control del gasto público y a cierta creatividad contable.

En marzo, por el aumento del costo externo se reajustó nuevamente: se anunció que no se volverá a emitir deuda en el exterior en 2018 y que se colocará deuda en el mercado local para financiar el déficit fiscal.

La intención es bajar la proporción de endeudamiento externo, y disminuir la emisión para comprar dólares, lo que en permitiría ir eliminando las onerosas LEBACs.

Con mejor nivel de actividad de diciembre-febrero y otro mini golpe inflacionario, se reajustó la política económica. Se volvió a vender dólares activamente para mantener bajo control el tipo de cambio nominal por temor al traslado a precios, porque no le dejan usar la tasa de interés como instrumento. Por ahora, la idea es evitar que se siga depreciando el peso.

Para eso se han vendido u$s1, 800 millones en el mercado de cambios. No se vendían dólares al mercado desde agosto de 2017 cuando las encuestas asustaron con un crecimiento de la oposición mesiánica generando aumento en la cotización del dólar.

Ahora se trata de mantener por un tiempo el tipo de cambio nominal en $20. Mirando a la inflación.

En este nuevo esquema, la política monetaria intenta aumentar la actividad algo logrado desde enero también se han enfocado en bajar lentamente el déficit fiscal y utilizar endeudamiento local administrando el tipo de cambio para evitar devaluaciones que impacten en la inflación.

El foco está en la tasa de inflación que si no cediera, esta administración se verá obligada a recurrir nuevamente a la tasa de interés como instrumento.

La coyuntura: actividad, empleo, inflación.

El último trimestre de 2017 y los primeros meses de 2018 fueron buenos en materia de actividad y empleo, pero con alta inflación.

En cuanto al nivel de actividad, el cuarto trimestre de 2017, muestra una mejora. El año 2017 cerró con un crecimiento económico de 2.9%, con un arrastre estadístico favorable.

 Crecimiento del PBI en 2017

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La recuperación económica de 2017 debe analizarse desde varios factores:

  • Aumento de la demanda doméstica que creció un 4.7% anual. El consumo privado aumentó 3.6% motorizado por la compra de bienes durables El crecimiento del cuarto trimestre un 1.0% creciendo a una velocidad anualizada de 3.9%.
  • 14 de los 16 sectores productivos tuvieron evolución positiva en 2017 siendo la construcción el que más creció: 10% anual, la actividad financiera 5.1% mientras que el comercio, la industria y los servicios crecieron lo mismo que el PBI, el agro creció por encima del aumento del Producto 3.9%.
  • El sector externo neto fue muy negativo reduciendo 3.8 puntos a la variación del PBI en 2017 por aumento de las importaciones 15% y caída de las exportaciones de 0.4%.
  • La mayor actividad económica mejoró el mercado laboral. La tasa de desempleo cayó de 7.6% a 7.2% en 2017.

Lamentablemente la mejora del empleo en 2017 provino del aumento de puestos de trabajo informales o de los empleos registrados de baja productividad que son monotributistas sociales y empleos públicos.

Que se puede esperar para el resto de 2018

Esta administración ha decidido híper pragmática la política económica hasta las elecciones de 2019.

El enfoque inicial y original provocó resolvió un pésimo rumbo, pero no pudo evitar un dólar barato, mayor déficit externo, muy poco impulso de la actividad y demora en el control de la inflación por lo cual se reajustó severamente a fines de 2017.

Esta administración reconciliará la política económica a las necesidades del momento, y las circunstancias hasta las elecciones de 2019.

La mayor preocupación es la aceleración de la tasa de inflación. Prestarán más atención a la inflación que al nivel de actividad y al valor del dólar.

Esto se ve claramente porque la mayor inflación del primer trimestre de 2018 provocó un fuerte intervencionismo en el mercado de cambios. Para evitar que se siga depreciando el peso por temor al traslado de la devaluación a los precios.

Sin embargo es posible que vuelvan a recurrir a la tasa de interés en el caso en que haya presión sobre la compra de dólares o la inflación no baje lo suficiente.

Se ha avanzado mucho para ser un país más confiable y se ha modificado drásticamente la imagen de la Argentina en el exterior, pero con confusos – aunque inevitables – reajustes permanentes de la política económica que apunta a ser calma para llegar a 2019 sin sobresaltos a costa de ser imprevisible.

La estabilidad macro, la sustentabilidad fiscal y externa, y salir del estancamiento estructural que lleva 70 años es algo ya obviamente postergado para un eventual segundo período. Hoy la prioridad es la reelección y lograr que la economía no sea un problema mayor.

El nivel de actividad es aceptablemente creciente, al igual que el empleo pero la inflación es un problema.

Con el impacto negativo de la sequía compensada con la recuperación de Brasil, se opera en un mundo financiero más caro y menos amigable que obliga a recurrir al financiamiento local.

Se debe esperar una desaceleración de la reactivación económica para el segundo semestre con un crecimiento proyectado para todo el año 2018 de 2.8% y una tasa de inflación del orden de 22/23%

 

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CAMBIO EN LA POLÍTICA ECONÓMICA TRAS ERRORES POLÍTICOS Y MAGROS RESULTADOS

La economía y la política es más que dinámica en nuestro país. Cuando esta administración se impuso en las elecciones, aprovechando el impulso intentó instalar reformas que – supuestamente – serían las primeras de una larga serie pero por inexperiencia en la forma de negociarlas en el parlamento   fracasaron.

Adicionalmente, causaron una severa pérdida de imagen y obligaron a cambiar la política económica que ya mostraba indicios de fragilidad. Tal como señaláramos en varias oportunidades en nuestros informes, la forma de resolver los desequilibrios no podía ser más que transitoria.

La Reforma Laboral fue rechazada de plano, la Reforma Previsional generó el fastidio de toda la población y la caída en la imagen del jefe de la administración de más de 10 puntos según el promedio de todas las encuestas. Tampoco colaboró con esta administración el episodio del ministro de trabajo y las recientes denuncias que involucran a integrantes del Gabinete.

En resumen, una forma algo torpe de desperdiciar un triunfo electoral.

La administración tuvo que aceptar problemas más graves y profundos – entre todos los errores anteriores – porque el esquema elegido para bajar la inflación con metas monetarias y tasas altas no funcionó y mucho menos combinado con una política de endeudamiento externo para financiar el déficit fiscal en el marco de una política de libre flotación del tipo de cambio.

Eso era un camino haría empeorar aún más los grandes desbalances macroeconómicos generados por la administración anterior porque el ingreso de dólares para cubrir el déficit y la política de alta tasa de interés para bajar la inflación reduce el valor del dólar, perjudica las alicaídas exportaciones, aumenta el déficit comercial y desmejora aún más el déficit de la cuenta corriente del balance de pagos.

El déficit de la balanza comercial llegó en 2017 a u$s8, 471 M con importaciones que aumentaron 19.7% anual y exportaciones estancadas.

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El déficit de la cuenta corriente del balance de pagos llegara a alcanzar en 2017 alrededor de 5% del PBI, donde el consumo de turismo en el exterior fue u$s12, 663 M. lo que demuestra

  1. Que el tipo de cambo estuvo atrasado
  2. Que los precios internos están afectados por la poca o inexistente preferencia por liquidez y sobrecargados de ineficiencia, impuestos y cartelizados
  3. Que hay una fuerte inequidad en la distribución del ingreso en la población

En un medio ambiente condicionado por tomar deuda sin reducir el déficit fiscal primario en los dos primeros años de mandato, el déficit global (primario + intereses de la deuda pública) fue 6.1% del PBI, 1.3% superior al que dejó la administración anterior en 2015.

Los déficits gemelos (fiscal y externo) ya llegan al 12% del PBI algo que no ocurría desde en 1975 (previo al Rodrigazo) y en 1981/83 previo a la hiperinflación.

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La línea de tendencia ajustada de los intereses pagados es creciente y la del resultado fiscal es igualmente creciente pero con menor grado de inclinación negativa lo que indica la influencia de la leve reducción del Resultado Primario.

El déficit y la inflación

Cubrir el déficit con endeudamiento externo produjo un desfasaje entre el financiamiento en dólares y los pagos en pesos lo que obliga vender los dólares al Central y ése esterilizarlos con LEBACS.

Esto es sabido, pero si se lo mide en forma precisa se aprecia que el déficit fiscal de            US$ 43.000 millones de 2017 se financió con dólares por US$ 26.700 millones y $ 17.400 en pesos (expresados en dólares) y además se tomaron anticipadamente para el 2018 otros US$ 16.000 millones que quedaron en dólares para evitar una baja del tipo de cambio. Esto generó que el BCRA absorbió los pesos excedentes con LEBACS y el stock de dichas letras aumentó $505 mil millones (71.4% en un año). Un problema que se resolverá más adelante, pero no se resolverá solo.

Las  dificultades en el sector externo, los errores políticos que diluyen la imagen de esta administración, la lenta y desequilibrada reactivación, el  nivel de certidumbre que anticipa que es muy difícil que la inflación sea menor al 20-22% este año, las fallas en la variables del control fiscal, los déficits gemelos, los descalces de monedas y poca o ninguna colaboración de las empresas y sindicatos llevaron a esta administración a remendar el esquema macroeconómico vigente para no llegar a tener que corregir abruptamente en un principio de crisis, como es habitual en nuestra economía.

Esta administración necesita llegar a 2019 sin sobresaltos visibles para asegurar chances de reelección ya que no serán los éxitos económicos su fortaleza, pero bien pueden ser su debilidad, de modo que podemos esperar un gradualismo aún mayor.

Por eso se cambió drásticamente una orientación que no funcionaba.

El cambio de política económica

El nuevo esquema contiene una política monetaria con mayor actividad y menor baja de la inflación, una política de endeudamiento tomando más fondos locales y una política cambiaria con mayor administración del tipo de cambio, algo que ya se ha comprobado en dos días seguidos.

Con este enfoque la tasa de inflación de 2018 será más alta pero con un dólar acorde a los precios relativos. Es algo mucho menos ambicioso luego del golpe de realidad política posterior a las elecciones ganadas.

La economía en 2019 no jugará en contra, de hecho la economía se contrajo en 2016 un 2.2% y creció 2.8% en 2017. Con la economía de ese modo estancada esta administración ganó las elecciones, por una oposición dividida liderada por un grupo muy negativo ante los ojos de la mayoría de la población.

Ahora para ganar la elección presidencial en 2019 dependen  de la política y no tanto  de la economía porque tuvieron que dejar de lado las  reformas económicas por incapacidad para evitar el  altísimo costo político  ya que  la imagen positiva cayó 10 puntos por la innecesaria idea  de modificar forzadamente una elemental fórmula de movilidad jubilatoria que este año implicaría un ajuste de jubilaciones y prestaciones sociales del 25% si la inflación fuera 21%, una flojísima e innecesaria decisión que dio lugar a que los  violentos lograran disturbios.

Las perspectivas

Nivel de actividad

El nivel de actividad de diciembre fue elevado pero no continuará de esa forma porque la fuerte inflación de enero y febrero retrae el consumo. Estimamos para 2018 un crecimiento de 2.8% del PBI, modesto y similar al de 2017 con tendencia a ser menor a causa de la sequía y el peso de los irreversibles déficits gemelos, aunque la administración actual espera un crecimiento de 3.5% y los economistas convenientemente elegidos para pronosticar por el BCRA esperen 2.7%.

La inflación

Con un tipo de cambio más alto, suba de tarifas, mayores expectativas de inflación y baja de la tasa de interés, se debe estimar una tasa de inflación de 21/22% con una reducción que comenzaría en el segundo semestre. Los aumentos de la tasa de inflación por sobre los deseable serán originados en el ajuste de las tarifas de servicios públicos que aún están atrasadas y no serán contenidos por la tasa de interés dado el cambio de enfoque. La inflación podría ser ligeramente aplacada por la contracción del crédito bancario al sector privado (por la escasa liquidez que le deja el crowding out provocada por los enormes gastos del estado) pero con un costo recesivo que no está en los planes. Lo mejor sería hacer los ajustes remanentes de precios regulados cuanto antes y lograr de esa forma que los subsidios económicos queden reducidos a un mínimo.

 El tipo de cambio

Se debe proyectar un dólar para diciembre de este año no menor a $23 en línea con la inflación.

El déficit fiscal primario

Lograrán reducirlo a 3% del PBI (vs 3.9% en 2017) y el déficit global (incluye el pago de intereses) será algo más del 6% del PBI. Pero el problema de fondo es el gasto no el déficit y la calidad del gasto que impide las inversiones y hace perder competitividad a la economía.

El déficit de la balanza comercial

Tendrá otro deterioro subirá de u$s8, 471 M en 2017 a unos u$s11, 000 M en 2018 porque la sequía va incidir sobre los ingresos de las exportaciones agrícolas aunque compensada por el aumento en los precios de los granos pero impactando sobre el nivel de actividad.

El déficit de la balanza comercial, el gasto en turismo, el pago de dividendos y el pago neto de intereses de la deuda no disminuirán, pero aumentarán menos de lo que hubiesen aumentado con el esquema anterior.

La demanda de dólares para ahorro del sector privado posiblemente sea algo inferior a la registrada en 2017 por el dólar más caro.

El nuevo esquema de política económica genera un tipo de cambio más alto y reduce el riesgo de cualquier crisis gatillada por los altos déficits gemelos pero la economía quedó subordinada a postergar para mucho más adelante la estabilización y las reformas de fondo que puedan siquiera comenzar a revertir el pésimo desempeño de la Argentina de las últimas siete décadas.

Queda para un segundo mandato – si lo hubiere – un plan completo de Estabilización y Desarrollo, la única alternativa para no terminar en otra frustración económica. La administración debe concentrar sus esfuerzos en contener el crecimiento del gasto público para que no exceda los límites aprobados en el presupuesto de 2018 y hacer muy evidente y clara la política monetaria-cambiaria, para reducir la incertidumbre sobre el dólar y eliminar la volatilidad de su precio.

Los primeros resultados económicos de esta administración tienen una tendencia positiva, pero no son los que se esperaban.

PRETENDER UN CAMBIO SÚBITO ES REALISMO MÁGICO, DE MODO QUE HABRÁ QUE EDUCAR Y REORDENAR A MÁS DE UNA GENERACIÓN PARA CAMBIAR EL PARADIGMA.

Si se comparan los números de los resultados económicos de esta administración con la anterior, son mejores y con una tendencia positiva, pero de ninguna manera son los que esperaban tanto los que administran como la población y los operadores.

La inflación no cede y se ubicará por encima de 20% en 2018, la inflación no contaminada por hechos puntuales y solo monetaria creció de 18.3% a 19.3% anualizadas. Las incluimos en el gráfico pero las cifras anteriores a 2015 fueron manipuladas.

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Se han creado más de 200.000 empleos en blanco que es una cifra muy baja y se desconoce el incremento del empleo en negro. La pobreza ha bajado muy lentamente y aumentó un poco la indigencia. Ver gráfico

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A lo anterior se suma un esquema de política económica que al agravar los desbalances macro complicó el panorama y tornó al país vulnerable por la dependencia del financiamiento externo para cubrir sus elevados déficits gemelos.

La sociedad en general esta incómoda e impaciente por ver resultados más contundentes en materia de actividad económica que se comiencen a reflejar en sus bolsillos. El esquema que se utiliza no ha corregido los principales desequilibrios macroeconómicos y ha hecho más vulnerable al país porque

  1. Se genera una dependencia en la deuda externa y
  2. Hay déficits gemelos uno de los cuales, el comercial, es creciente y preocupante.

Por eso comenzaron un proceso de cambio modificando prioridades.

Es cierto que la pobreza bajó del 31.4% en 2016 al 28.6% en 2017 por debajo del número a comienzos de 2015 durante la administración anterior. Lo que creció levemente entre 2015 y 2017 fue la indigencia. Ver gráfico

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Está muy claro que esta administración tiene la necesidad de hacer congeniar dos aspectos contradictorios y complejos que son equilibrar la política económica con la necesidad de una estrategia política para obtener una reelección.

Hasta diciembre de 2017 usaban una política monetaria de metas de inflación para bajarla usando la tasa de interés nominal, financiaban el 100% del déficit fiscal con endeudamiento externo y casi no intervinieron en el mercado de cambio.

Esto provocó daños colaterales, que no por previstos fueron menos negativos: fuerte endeudamiento externo y altas tasa de interés que hacían bajar el precio del dólar y generando aún más desequilibrio de las cuentas externas. El gráfico es explícito

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En 2017 las exportaciones disminuyeron siendo esto muy preocupante porque son la única fuente de generación genuina de divisas para pagar la deuda externa, también y se deterioró el déficit de la balanza de pagos, que alcanzó a ser 5% del PBI.

Si agregamos un déficit fiscal de más de 6 puntos del PBI que se decidió no bajar durante los dos años de gestión, y un déficit externo que creció por decisiones de política económica hoy se convive con elevados déficits.

Una buena e inevitable forma de apoyar a los más desprotegidos expandió la cantidad de beneficiarios de asignaciones: la inclusión de monotributistas al régimen y la modificación en el tope del ingreso familiar del impuesto a las Ganancias son una ayuda monetaria para más de un millón de personas adicionales. Además, miles de niños que no recibían la AUH comenzaron a percibir el beneficio. Ver gráfico

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Sin embargo, todo confluye a unos preocupantes números que no son opinables: Los déficit gemelos son 11% del PBI, proporción sólo superada por los déficit que se observaron en 1975 (previo al Rodrigazo) y en 1981. Con otro enfoque de la economía, otra gente en la administración, pero la situación era la misma.

Tomar endeudamiento genera el problema de que – como el mercado es casi libre – cuando se devalúa el peso aumentan los intereses de la deuda pública. Por eso ahora están administrando indirectamente el tipo de cambio. La caída de las exportaciones y el aumento de la deuda pública pueden verse en el gráfico y la tendencia no es saludable.

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La combinación de deuda externa (para financiar los déficits gemelos) más la deuda en LEBACS del BCRA para absorber los pesos que se emiten al comprar las divisas, más un dólar subvaluado tendían a generar la seguridad de que esta política no podía ser más que transitoria.

Convalidando lo que estamos analizando en forma elemental, en los últimos cinco años el déficit financiero que incluye los intereses de la deuda aumentó.  Con la actual administración pasó de 4,8% en 2015 a 6% en 2017 y alcanzó el porcentaje más alto de la historia. Ver gráfico

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Naturalmente la contrapartida es que las reservas internacionales del Banco Central pasaron de US$ 25,5 mil millones en 2015 a un récord de US$ 55 mil millones en 2017por las divisas que provienen de la deuda que tomó la gestión actual, pero que no dejan de ser una muy buena barrera de contención a cualquier crisis, es costosa, pero también un seguro. Ver gráfico

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Por todo lo anterior era obvio que había que hacer cambios en la política económica y se hicieron algunos primeros ajustes:

  1. Para cambiar en algo la forma del endeudamiento en dólares por deuda en pesos se inhibió a las compañías de seguros tener posición en LEBACS para que tomen bonos en pesos del Tesoro, para bajar la proporción del endeudamiento externo.
  2. Se ordenó a cualquier entidad pública con excedentes a demandar letras del Tesoro en lugar de LEBACS
  3. Se cambiaron las metas de inflación, lo que es un cambio drástico de la política monetaria que tiene ahora como objetivos centrales dinamizar la actividad y bajar la inflación. Se buscan tasas de interés más bajas y un dólar más alto para apuntalar la actividad y evitar un mayor desequilibrio de las cuentas externas. Por eso se aumentaron las metas de inflación a 15% para 2018, que en realidad superarán el 20%
  4. A mediados de febrero se vendieron dólares del Tesoro en el mercado de cambios para evitar que aumente en exceso. El incremento desde $17.36 en diciembre a $20.40 de hoy recuperó parte del atraso cambiario. Si el dólar aumenta más que la inflación no será posible cumplir el 20% que pronosticamos y menos mantener los aumentos salariales a la supuesta meta de inflación del 15%.

 

CONCLUSIONES

Las medidas tomadas como el cambio de las metas de inflación, la modificación de prioridades, la manifiesta inconsistencia entre las dos áreas claves de esta administración, el aumento de expectativas de inflación no mejoran la visión general sobre esta administración que sin duda es mucho más sólida que la anterior, pero que aún no ha encontrado un rumbo eficiente.

Un dólar a $20 y la posibilidad de administrar el tipo de cambio parece bien. Un dólar a $17 estaba impidiendo la exportación, perjudicando a los sectores que sustituyen importaciones y deteniendo la apertura comercial.

Había exceso de demanda para atesoramiento, (en el mes de enero de este año fue la mayor de la historia)

El plan económico es ir haciendo sobre la marcha¨, lo cual no es malo en sí mismo porque cualquier plan debe ajustarse continuamente con la realidad, eso es la economía. No hay recetas, pero estaría bien que se manifieste pública y terminantemente cómo será la política monetaria y cambiaria de ahora en más.

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El ordenamiento macroeconómico sigue siendo malo, los aparentes ajustes, mejores.

Pretender un cambio súbito es realismo mágico, de modo que habrá que educar y reordenar a más de una generación para cambiar el paradigma.

Previo al análisis de la situación coyuntural de febrero, es necesario tener presente el desorden macroeconómico para comprender las decisiones de la actual administración.

  1. DÉFICIT FISCAL: Los impuestos y todo otro recurso que logra obtener la actual administración son inferiores a sus gastos por lo cual se genera un déficit anual de $679.000 millones (o US$ 34.000 millones al cambio de hoy) que se cubren con deuda externa) lo que implica que el déficit fiscal estimado para 2018 será 3,2% del PBI, 1% menos que en 2017, pero igualmente muy alto. 
  1. DEFICIT COMERCIAL: En 2017, el déficit comercial (exportaciones menos importaciones) fue de US$8.471 millones. Este resultado negativo se produjo porque se exportaron 0.4% menos volumen de productos y por el aumento de las importaciones que fue 14,6%, además del incremento de los precios de los productos importados que fueron mayores que los aumentos de precios de las exportaciones. Este resultado, significa un golpe negativo al PBI de 1,4%, lo más elevado desde 1998 (el peor registro -2,1% PBI en 1994). 

Pero debe tenerse en cuenta que el 80% de las importaciones tiene que ver con la actividad productiva. Ocho de cada diez dólares de importación son bienes de capital o bienes intermedios, un síntoma re equipamiento. 

  1. Estados Unidos acelera su ciclo de normalización monetaria mucho y rápido, ocasionando ajustes fuertes en los mercados financieros. Ese país ha crecido varios trimestres y la tasa de desempleo en nula (4,1%) es un número técnico que representa personas cambiando de empleo., Esta economía, para expandirse, tendrá que aumentar la inversión. La administración Trump parece ser muy consciente de ello que en definitiva hará subir las tasas para argentina.

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El aumento de las importaciones y la caída de las exportaciones fueron constantes, por la apertura comercial, por el atraso cambiario y por la necesidad de re equipamiento de muchas Pymes. La actual administración no parece darle máxima prioridad a este déficit a pesar que es necesario incrementar el volumen de exportaciones dado el déficit fiscal. Un déficit comercial es mucho más preocupante que el déficit fiscal, si se mantiene en el tiempo. 

  1. INFLACION: La inflación no está controlada y la habitual política de prueba y error no funcionó, por lo cual han postergado a un segundo plano a la inflación como objetivo prioritario. Llegó al 1,8% en enero, y sigue aumentado más que lo esperado debido a la corrección en las metas de inflación y el ajuste de tarifas. 
  1. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (la opinión comprometida y publicada por el BCRA de los supuestos mejores economistas argentinos) asume que la inflación de 2018 será 20% algo que nuestro modelo confirma y supera en un punto. Que esta administración haya decidido dar más importancia al nivel de actividad y empleo podría ser un error porque las elecciones se acercan, y ya no habrá tiempo para bajar la inflación para que en 2019 la actividad económica y el empleo parezcan fortalecidos. 

Las fundamentos obvios 

A partir de 1944 comenzó en el país una inflación de dos dígitos o más. Lo que antes era la excepción se convirtió en regla, y por eso llevamos 74 años de elevada inflación. El origen de la inflación es siempre el mismo: el déficit fiscal. 

Nuestro mercado interno es muy chico y de ingresos per cápita muy bajos en promedio y por eso rápidamente la demanda agregada se agota y comienza el ciclo recesivo con presiones corporativas que fatalmente derivan hacia un aumento del gasto público, simplemente porque no hay ingresos positivos de exportación sobre importación algo que debería ser  considerado como un problema mayor tanto o más serio que el déficit fiscal si perdura en el tiempo. 

Luego de 75 años con el mismo proceso en el siglo XXI, se llegó al piso más bajo, al inframundo de ser considerado país frontera.

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Actualmente se utiliza una política deflacionaria regulando la cantidad de dinero en circulación y utilizando movimientos de tasas desde el BCRA. Suena lógico monetariamente, pero cabe preguntarse ¿cuanto impactan los movimientos de tasas en una economía con más de 40% de la actividad en negro, fuera del sistema? 

El mediano plazo

La realidad es que no es posible una política de shock,. Lo necesario y muy difícil políticamente es lograr un presupuesto a mediano plazo, un marco fiscal también de mediano plazo y el total consenso de la sociedad, algo altamente improbable porque desde 1940 las sucesivas administraciones han generado un sistema corporativo, incapaz de sacrificar proporcionalmente algo para el bien común. Tarea de largo plazo que esta administración ha esbozado.

La economía actual argentina depende de sus recursos naturales y de capitales externos, dentro de una crisis fiscal permanente. Para manejarla sin imprimir se necesita estabilidad política, obtener la confianza de los acreedores externos y consenso social casi total.

Pretender un cambio súbito es realismo mágico, de modo que habrá que educar y reordenar a más de una generación para cambiar el paradigma.

El verdadero problema de largo plazo es que los recursos naturales de nuestro país empujaron a la economía hacia una actividad basada en ingresos primarios, de la tierra, dejando de lado la tecnología.

Donde no hay recursos naturales, las administraciones desde hace más de medio siglo basan su estrategia en la creación de tecnología. Un país cuya economía se apoya casi al 100% en las materias primas es frágil a las crisis, enfrenta luchas corporativas, dependiendo siempre de los humores del resto del mundo o la suerte que corren dos o tres de sus compradores de materias primas, al margen de que nuestras exportaciones no se complementan con las de EE.UU., sino que compiten con ellas.

Ya no se puede depender del petróleo, el gas y el carbón, pero todavía se pretende hacerlo. En menos de una década casi no se utilizarán esos combustibles. Se utilizará energía eólica, solar, hidroeléctrica y otras tecnologías de baja emisión de carbono que aún son menos que incipientes en argentina.

Las materias primas primarias son útiles para obtener riqueza rápidamente, pero muy malas para lograr estabilidad económica. En Asia – hoy –  sólo se preocupan y se habla de  lo último en tecnología; acá no se toma en cuenta. Se mira el árbol, nunca se  conoció el bosque. 

La Política Monetaria que se utiliza es ligeramente errática. 

Se continúa con mucha lentitud hacia una economía más estabilizada. Por el momento la liquidez internacional se mantiene y sostiene la posibilidad de esta administración para financiar su doble déficit sin emitir moneda. Pero la política económica elegida agrava los desequilibrios generados por la administración anterior. 

La decisión política de mantener el gasto público convierte al déficit fiscal en crónico y  financiarlo externamente genera un dólar barato y dificulta corregir el déficit comercial. 

A pesar que el dólar ha llegado a $20 y no bajará, aun no es suficiente para evitar el carry trade contra las tasas en pesos lo que incrementa el déficit y no le pone un límite al atraso cambiario y esto es peligroso porque se ha decidido financiar el déficit exclusivamente con financiación externa, fuente que puede endurecerse repentinamente y hacer  muy vulnerable a la economía en general porque el crowding out ( exacción de todo tipo de recursos al sector privado ) que las sucesivas administraciones le han hecho,  está más allá del límite de tolerancia. 

Cierto es que no hay otras opciones mejores por el momento y que el nivel de endeudamiento externo contrastado con otros países es bajo, pero las comparaciones de nivel de endeudamiento entre países con distintos niveles de actividad, desiguales equilibrios de precios relativos y disímiles capacidades de acceder al mercado internacional, carece de sentido y es solo una macro referencia.  

Poner metas de inflación para reducirla  – aunque ahora sean flexibles -, en un medio ambiente condicionado por un enorme déficit fiscal y   financiar ese déficit con deuda externa manteniendo un mercado de cambio libre hasta la exageración (comprar y  vender divisas en los kioscos y supermercados) es por lo menos una política económica riesgosa que depende del no controlable humor de los mercados internacionales y susceptible a las inesperadas consecuencias de tener déficits gemelos elevados, exportaciones que se reducen y una rebelde inflación. 

No reducir fuertemente el déficit fiscal deja libre muchos potenciales y desconocidos efectos no deseados a ser corregidos continuamente, algo que esta administración realiza con resultados variados. 

Las consecuencias no deseadas en números 

El principal problema a resolver es el déficit fiscal que es el freno al crecimiento. En 2017 fue US$ 43.000 tomando el cambio promedio de los cuales US$ 10.000 se debían pagar en dólares y el restoUS$33 mil millones se pagaron en pesos (173 mil millones de pesos). Para esto se tomó deuda externa por US$ 26 mil millones. El BCRA tuvo que emitir moneda porque la administración paga sus gastos en pesos ($270 mil millones) y esterilizó los pesos para evitar inflación – como siempre – colocando LEBAC.  

Como se consiguió financiación en exceso si el BCRA no esteriliza el dólar hubiera sido aún mucho más barato: consecuencia no deseada un aumento del stock de LEBAC que llega a $505 mil millones.

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El déficit fiscal financiado con endeudamiento externo genera un dólar bajo y la política monetaria de altas tasas de interés incita la inversión externa especulativa empeorando el proceso de atraso cambiario). A esto hay que agregar que se reactivó la venta de dólares a los particulares en 2017 que llegaron a más de US$ 7.000 millones. 

Finalmente la política fiscal y la política monetaria provocan un exceso de oferta de dólares que lo abarata, perjudica la exportación y agrava el déficit comercial y de cuenta corriente. 

La balanza de pagos y el endeudamiento 

Los números no permiten interpretaciones imaginativas: la política que intenta bajar la inflación estableciendo metas y cubrir el déficit con endeudamiento conduce – en un mercado libre de cambios – a un pésimo volumen de exportaciones que bajaron 0.4% cuando la región aumentó 17% y un déficit gemelo que tomados en conjunto se acercan demasiado a la situación de 1975 que terminó en el fatal Rodrigazo. 

Inflación y reactivación esperables 

Obviamente nada de lo que aquí se analiza escapa al total conocimiento de esta administración y por eso buscan diversos ajustes como examinar una menor tasa de interés y un dólar más alto para que aumente el nivel de actividad y morigerar el desequilibrio externo. Por eso se bajaron – siempre un tanto tímidamente – las tasas de interés. 

Eso produjo un cambio de expectativas y aumentó la tasa de inflación esperada que era 17% en noviembre a 20% o algo más en enero para todo el año con un dólar para fin de 2018 de $ 22 según la encuesta del BCRA, siendo nuestro modelo un dólar de $ 23.5 para diciembre de 2018.

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 Esto no garantiza mayor reactivación, de hecho la expectativas bajaron según la encuesta del Central de 3.2 % de crecimiento a 3% y en nuestro modelo a 2.8% con una política monetaria que ofrece más incertidumbre que antes. Si no se produce una reactivación visible en 90 días seguramente el dólar aumentará igual que la inflación mejorando al menos las cuentas externas.

 

Proyecciones

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En los cuadros siguientes pueden apreciarse las tendencias de la inflación y el tipo de cambio son inversas pero graduales, tal como ha sido la idea de esta administración. Nótese que el ángulo de tendencia es más agudo en la contención de la inflación que en el aumento del tipo de cambio lo que es una visión gráfica del motivo que lleva a cambio de paradigma.

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En el inicio de  2018 se produjeron tensiones que afectaron el clima de optimismo que ofrecían algunas áreas en crecimiento, la administración generó dudas sobre  la inflación futura el tipo de cambio, el nivel de actividad en 2018 y la necesidad o no de re-calibrar el escenario base .

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En este simple gráfico puede apreciarse que es la intención de la política monetaria transforma r las tasas negativas contenedoras de la inflación en positivas a final de 2018 en línea con la intención de revalorizar el dólar solamente hasta el punto de inflexión en que – con otra medidas – se favorezca la exportación y se disminuya la tendencia a ahorrar en dólares al ofrecer una tasa positiva respecto de la inflación.

En breve resumen

Entre las principales preocupaciones que afectan las expectativas de los agentes económicos se encuentran:

  1. Aumentos de tarifas y de muchos otros precios relevantes.
  2. Costosa aprobación de la modificación de la fórmula de movilidad para el ajuste de haberes jubilatorios.
  3. Cambios en la meta de inflación y en la política monetaria.
  4. Salto de la paridad y volatilidad cambiaria.
  5. Revisión de las proyecciones de inflación- será mayor – y a la baja de crecimiento –será menor.
  6. Muy fuerte caída de la confianza en el Gobierno.
  7. inicio tenso de una discusión paritaria cuyos resultados serán más influyentes que el año pasado.

En concreto lo más probable es que la baja de la inflación será más lenta. 2018 terminará con niveles de inflación mayores a la meta del 15% del BCRA pero algo menores a los de 2017 (19,5% vs 25%).

El tipo de cambio, es probable que crezca igual que la inflación (con algo más de volatilidad que en 2017) sin deterioro en términos reales.

Nuestras proyecciones apuntan a un tipo de cambio nominal en torno a $/USD 23 a fin de 2018, marcando una tasa de devaluación nominal “punta a punta” de 22/23% (bien por encima de la inflación esperada).

En relación al nivel de actividad, el primer trimestre de 2018 más flojo de lo que se esperaba. Pero prevemos una mejora de las condiciones de la economía real en el segundo semestre porque no habrá más ajustes de tarifas por lo que la inflación y las expectativas inflacionarias serán moderadas.

Esto haría crecer algo el consumo y la actividad donde también incidirán los nuevos salarios post paritarias).

La economía argentina crecerá por segundo año consecutivo en torno al 3% (o quizá algo más), algo que no sucedía desde 2010-2011.

En definitiva con estos supuestos a actividad económica podría crecer a una tasa en torno al 3% de manera sostenida en los próximos tres o cuatro años.


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El tremendo efecto psicológico de la inflación permanente afecta nuestra vida mucho más que lo imaginable.

El devastador efecto sobre la población provocado por la inflación permanente.

Matías se despierta angustiado y no tiene claro porqué. En el desayuno conversa con su mujer.

No se ponen de acuerdo en cómo decirles a los chicos que tienen que cambiarlos del colegio donde estuvieron desde la primaria, porque ya les resulta imposible pagar la cuota.

Sale con esa angustia de su casa y camina hasta el subte: un montón de gente protestando ya desmayadamente y casi sin fuerzas porque hay un conflicto gremial por salarios o por la pelea interna de sindicatos.

Trabaja en el banco hasta el mediodía y cuando sale a comer descubre que su comida aumentó 20% de un día para el otro. Vuelve al Banco y le dicen – finalmente gracias a Dios – que el aumento de sueldo es 30% a partir del mes que viene, y 5% no remunerativo pero que tendrá que hacerse cargo de la prepaga, un 15% de su sueldo, o bien aceptar la Obra Social del Sindicato donde el Hospital que es la antesala inevitable del cementerio.

No puede discutir con nadie, no puede reclamar a nadie y no puede buscarse otro trabajo porque no hay y el mismo Banco está reduciendo el personal.

Al fin del día, llega su casa más que angustiado porque sabe que encontrará debajo de la puerta las diarias facturas de AYSA, Metrogas, Patente del auto, ABL TODO CON 40/50% DE AUMENTO ,  la cuota mensual del club, TV por cable, yla liquidación de la tarjeta de crédito y la cuota de la tienda donde compraron cambiaron ese colchón que no daba más y que todavía no terminaron de pagar.

Todas tienen un aumento y la tarjeta por más incomprensibles y limitados descuentos que ofrece para comprar comida le ha cargado $ 35 por enviar el resumen y 85% de intereses (más 21% de IVA sobre los intereses) por su mala idea de haber financiado una parte del saldo del mes anterior para compensar hasta llegar al aumento de su sueldo.

No quiere sumar porque sabe que será más que el sueldo de bolsillo de él y de su mujer que es arquitecta y trabaja en un estudio que cada día tiene menos clientes y menos empleados.

Los chicos estudian, mientras Matías y su mujer buscan argumentos para no angustiarlos con la noticia del cambio.

La TV por cable es la mínima y no se puede bajar, vender el auto utilitario que duerme en la calle y tiene 7 años no resuelve nada y agravaría severamente la tensión con los chicos; dejar el club donde pueden mitigar durante el fin de semana sus angustias y perder el gimnasio gratuito sería una angustia más, entonces que le queda por hacer?

Hay un sobre que lo aterroriza con un membrete en letras de molde que dice AFIP y que no se ha atrevido a abrir todavía pero lo enfrenta, ya no con angustia sino con miedo.

Tuvo razón: su departamento de 93m2. en un barrio periférico ha sido revaluado y Matías ingresa a la selecta categoría de quienes pagan Bienes Personales, o el impuesto a la riqueza, como se lo suele denominar. No entiende bien, consulta en el acto con su hermano contador y se da cuenta que deberá pagar un año completo anticipadamente un impuesto que le toma el 3% de los ingresos mensuales de toda la familia. Esa noche ya no dormirá. 

Que nos pasa?

Desde 2010 los precios aumentan mucho más que el dólar. En 2018 los precios promedio de la economía se multiplicaron 27 veces, el dólar subió 20 veces.

Porque esa inflación incomprensible e injustificable?

Hay descontrol en las subas de precios de casi todas las empresas grandes, que dominan mercados.

Están en todos los sectores de mayor incidencia en la canasta de consumo y son proveedoras de los principales insumos para producir. Locales o extranjeras no se comprende por qué suben sus precios por encima del resto, escupiendo para arriba porque la economía requiere frenar la inflación para que ellos vendan más.

En el mercado de consumo las galletitas variedad, producida por una empresa líder, cuestan 40 veces más que en 2001. El 90% del mercado de galletitas es manejado por tres empresas, y los precios son de dos hipermercados de Ciudad de Buenos Aires. Es decir, sea quien sea, aceleró los aumentos, hay brutalidad en esas subas viniendo de empresas con enormes ganancias.

Una Coca Cola de 2 litros, otra marca líder, hoy se vende 50 veces más cara que en 2001 y 20 veces más cara que en EE.UU! un paquete de yerba, de otro grupo grande, sale 50 veces más.

Lo mismo con, aceite, cervezas, salchichas, solamente de marcas dominantes, los precios aumentaron entre 40 y 50 veces desde 2001. Mucho más que el tipo de cambio y los precios promedio de la economía.

El cemento donde cuatro empresas concentran 100% de la producción, subió 33 veces, el azúcar subió 41 veces; la nafta y el gasoil 40 veces, y así se pueden enumerar materias primas: acero, aluminio, insumos de la industria plástica rompiendo la cadena de precios relativos.

Todo es producido por las empresas más grandes de la Argentina. Algunos siguen precios en dólares, pero son producidos en el país, porque?

Causas

Los empresarios (¿) dicen que son los salarios. Pero los salarios del sector privado aumentaron 29,3 veces desde 2001, por debajo de muchos precios y no forman parte de la totalidad del costo.

Aducen que son los impuestos, eso sí ha sido un factor inflacionario en estos años, especialmente en las provincias, donde las subas de ingresos brutos y la introducción de nuevas tasas municipales aceleraron la inflación.

Para los monetaristas, la inflación es un problema monetario. Pero las subas de precios no ocurren en el vacío, alguien deliberadamente las decide. Lo que se sabe bien es que esas decisiones son abusivas.

Al analizar las cadenas de precios, todos se excusan en los costos. Los fabricantes de bienes finales marcan los aumentos en los insumos, salarios o impuestos. Los fabricantes de insumos marcan el encarecimiento del dólar, de la energía, impuesto o logístico. Y en el final de la cadena aparece un actor clave: el Estado argentino.

Un Estado que deja pasar, abusos, y la falta de inversiones que garanticen mejoras de productividad. Y que por otro mal gasta y no genera incentivos para que la población colabore con el bien común. Por su parte los grandes empresarios que no lo necesitan, están viendo qué pueden sacarle al Estado argentino, aprovechando contactos, programas o subsidios. (Resumen de un trabajo de Victoria Giarrizzo, 31/1/18)

Esta es la realidad o un cuento?

Cualquier relación con la realidad no es coincidencia. El país estáa sumergido desde hace muchos años en un contexto de elevada inflación que tiene terribles implicancias económicas, sociales y psicológicas.

Muchos de estos efectos son registrados a un nivel plenamente consciente: la reducción inmediata de nuestro poder de compra, la necesidad de una angustiosa espera de un aumento de sueldo, un visible cambio permanente en la vida diaria, un regreso cada vez más liviano y de menor calidad del supermercado, cargar nafta en al autito calculando litros y recorridos, en fin, angustia e inseguridad.

La inflación se ha movido como un fantasma desde las sombras, perturbando silenciosamente nuestras vidas con tremendas consecuencias en nuestros sentimientos, en las relaciones con nuestros seres queridos, en las duras decisiones que nos afectan, en toda nuestra calidad de vida.

Tiene realmente un efecto psicológico o lo suponemos?

Existen miles de estudios y palabrerío con relación a los efectos económicos que producen las tasas elevadas de inflación en la economía de un país.

Sin embargo, nadie le presta la misma atención el efecto psicológico de la constante variación de precios. Esto se debe, en parte, a la dificultad metodológica que presenta este tipo de investigaciones porque implican estudios no objetivos ni mensurables y terminan siendo quejas o charlas de café.

Podemos, sin embargo, desde un enfoque descriptivo, identificar cómo nos impactan algunos de estos factores desde una perspectiva psicológica.

Miedo, inseguridad e incertidumbre.

Uno de los ejes en que el ser humano basa su desarrollo personal y profesional es su capacidad de tener control sobre su situación actual y futura. A mayor tasa de inflación, menor es la capacidad de las personas para planificar adecuadamente sus finanzas personales, lo que promueve muchas veces sentimientos de inseguridad, incertidumbre y miedo. A modo de ejemplo, en el caso citado, es muy probable que la falta de certeza, sobre si van a estar en condiciones o no de afrontar los gastos, tenga un alto impacto sobre la relación de pareja, su autoestima, su sensación de tener el control.

Incompetencia relativa.

La mayoría de las personas carecen de las habilidades para manejarse con parámetros que cambian todo el tiempo. Una inflación alta es, en realidad, un cambio relativamente gradual de sistema de moneda. Está muy bien documentada la confusión (y consecuente vivencia de incompetencia) de personas mayores o poco educadas cuando sucede este cambio paulatino.

Frustración

La inflación genera fuertes asimetrías en la economía. Algunos sectores se ven más beneficiados que otros. Las personas varían en su capacidad para tolerar algunos de los cambios bruscos que perciben a su alrededor. Matías puede enojarse con el banco – su empleador – porque aparentemente él puede subir mucho los precios, mientras que él siente que no puede hacer lo mismo porque se quedaría sin trabajo. También se enojará silenciosamente consigo mismo, por sentirse incapaz de mantener feliz a su familia y, por ende, victimizarse.

Sentimiento de injusticia.

Lo anterior puede darse en un marco más amplio. La justicia comprende un conjunto de reglas y normas que establecen un marco adecuado para las relaciones entre personas. En otras palabras, es el arte de dar lo justo o hacer dar lo justo a un individuo, sin tener ningún tipo de discriminación o preferencia hacia ninguna persona.

En el contexto inflacionario que vivimos, hay sectores que actualizan sus ingresos mucho más rápido que otros (a modo de ejemplo: sueldos negociados por los sindicatos con las empresas formadoras de precios). Esto genera en mucha gente la sensación de que su situación es injusta y les cuesta entender los motivos por los cuales a otros sectores de la población les va mejor independientemente de las características intrínsecas de su actividad.

Conductas y emociones asociadas con hechos del pasado.

Si el individuo tiene edad suficiente para haber experimentado previamente algún contexto inflacionario, es probable que, conscientemente o inconscientemente, asocie los hechos actuales con situaciones pasadas y esto tenga algún impacto en su conducta o forma de sentir. A su vez, esta conducta puede o ser o no muy adecuada a la situación actual.

A modo de ejemplo, un ama de casa decide retirar sus ahorros de banco por miedo a perderlos y gastarlos en un viaje o un inversor decide tomar un crédito en pesos a tasa fija especulando que la inflación suba, en búsqueda de una tasa de interés negativa de acuerdo a su experiencia previa. Y siempre se equivocarán.

Conducta especulativa

No solo un empleado, un obrero, un comerciante, un profesional independiente y ni hablar un jubilado han adoptado formas legales, ilegales y hasta picarescas para defenderse contra la erosión que la inflación causa a su calidad de vida.

Los empresarios tienen una completa deformación mental respecto del comportamiento industrial y comercial. En un país sin inflación, una empresa puede planificar y ejecutar dentro de un marco de cierta previsibilidad con un mínimo de incertidumbre sobre circunstancias que no controla.

Puede aplicar sus esfuerzos y su dinero al desarrollo de productos y servicios. En cambio en Argentina la inflación lo obliga a un constante análisis de costos y precios, le quita tiempo para pensar y le agrega tanta inseguridad que no puede planificar a largo plazo.

En un país sin inflación un 5 ó 7% de rentabilidad neta anual es un porcentaje muy aceptable. Para un empresario argentino, con la mente distorsionada por el temor y sus ideas corrompidas por la inflación, pensar en menos de un 30% anual de utilidades sobre la inflación es un suicidio y ese es otro motivo para que aumente la inflación, más allá de la incongruencia de la disparatada emisión monetaria o el exótico gasto público.

El tremendo efecto psicológico de la inflación permanente afecta nuestra vida mucho más que lo imaginable.

La inflación afecta nuestras vidas, no sólo en términos económicos sino también, como hemos visto, tiene importantes efectos en otros aspectos de nuestra cotidianeidad. La inflación moldea nuestros sentimientos, nuestras acciones y nuestra forma de pensar. Cuanto más consciente tengamos las repercusiones de este proceso, más fácil será afrontarlas y evitar que se generen conflictos tanto a nivel personal como con los demás.

Está totalmente fuera de nuestro alcance modificar las variables económicas que afectan la inflación, entonces nuestro gran desafío es cuidarnos, aprendiendo a identificar, manejar y neutralizar los efectos espantosamente negativos de la inflación.

Comienza un 2018 muy complejo para la economía y que definirá el futuro de esta administración

Nuestro déficit es tan grande que ya se puede cuidar solo. Ronald Reagan

1. En 2018 la política condiciona fuertemente a la economía.
2. La desaceleración del incipiente crecimiento
3. El déficit elevado y la recaudación impositiva
4. El fracaso de las Reformas Laborales e Impositivas
5. La pírrica victoria Previsional
6. Cambio de enfoque en las metas de inflación
7. La imagen de la actual administración.
8. El efecto de las nuevas metas de inflación.

Al terminar la feria judicial

 se reactiva la causa contra la ex Presidente y su principal ministro por 22.500 millones de pesos pagados por Vialidad como sobreprecios;

 se definen las prisiones preventivas dictadas en la causa del Memorándum con Irán;

 se define la situación judicial sobre la venta de las empresas de INDALO y los 13 pedidos de concurso preventivo que tienen en la justicia comercial;

 se define el pedido del EX Jefe de la AFIP para que se levante la inhibición de sus bienes. No realizará revelaciones en la causa que enfrenta por favorecer a INDALO.

Esta administración no está exenta de problemas:

 la Oficina Anticorrupción tiene denuncias por las designaciones en la intervención en dos gremios (Somu y Upsara) por el Ministerio de Trabajo;

 entra en discusión la compra de las empresas eólicas del grupo con participación del Jefe del Ejecutivo

 se define la resolución de la apelación de la AFIP contra el fallo que eximió a los bingos de pagar el aumento del impuesto a las ganancias que puede resultar en un grave conflicto

 La actual administración ha decidido abandonar las reformas para evitar al Congreso y los costos políticos, pero la aprobación del DNU de desburocratización obligará a desgaste y a ceder algo nuevamente.

 El conflicto con el sindicalismo es central en febrero y tendrá como eje
los juicios que amenazan a Moyano por un lado y la movilización de
protesta convocada para el 22, junto con la discusión de las paritarias.

La política exterior fue activa y con poco resultado

El jefe del ejecutivo tuvo pocos encuentros con empresarios de primera línea en Davos, algo que ya ocurrió en 2016. De los líderes relevantes, sólo se reunió con Merkel.

La visita a Rusia dejó un saldo positivo a nivel expectativas y la que realizó a Francia no fue buena por exceso de expectativas.

La visita del Secretario de Estado Tillerson es parte de una intrascendente recorrida por México, Perú y Colombia.

La desaceleración del incipiente crecimiento económico.

Los datos del nivel de actividad indican que el último año habría sido positivo sólo si se analiza a la distancia.

La economía acumuló su sexto trimestre consecutivo en expansión, tuvo un fuerte impulso de la actividad de la construcción que crece a tasas altas.

Un poco por debajo la industria que se recuperó desde 2016, lentamente.

La cobranza de impuestos de enero 2018 muestra aumento del IVA, indicador de que la economía se expandió en 2018, pero fue la inflación – en gran medida – la que generó ingresos adicionales y nominales de recaudación. Mayores precios, mas recaudación de IVA para el Tesoro y menos recursos para la población más desprotegida. Las ventas en unidades fueron las mismas.

En el área no productiva los mercados fueron impactados por la suba de tasas en EE.UU., bajaron los valores de las acciones internacionales y locales y de los bonos argentinos, sin embargo el dólar más firme contra el peso, estable y alcanzando un nuevo nivel tras los cambios en las metas de inflación y en la tasa de la autoridad monetaria, es buena noticia.

El nivel general de actividad muestra – en consecuencia – un final de 2017 con un incremento bajo de 0,4% respecto a octubre y de 3,9% con relación a un año atrás. Esto es inferior que los primeros 9 meses del año 2017 pero no deja de ser un sexto trimestre consecutivo en crecimiento, algo que no ocurre desde 2011.

Hubo 11 meses con 2,9% de crecimiento, en línea con lo esperado por los analistas mediáticos que batallan por figurar aportando sus datos al Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA y también estimaciones privadas serias.

Los números son ciertos pero pueden ser presentados de diversas formas: como foto o como película porque en 2017 el PBI creció al 2.8% y el año anterior había bajado 2.2%. Es decir que creció 0.6%

La recuperación fue por la mayor demanda de consumo e inversión, pero el sector externo fue muy negativo la importación aumentó mucho y la exportación cayó. Si se analiza el crecimiento de las importaciones puede apreciarse que en gran medida fueron bienes de capital y repuestos de producción para Pymes, un buen síntoma a nivel expectativas.

Lo mejor fue la construcción (+9% anual); como siempre los bancos (+5%) por el “boom” del crédito hipotecario; y el sector agropecuario que aportó (bueno fuera) su +5%.

Por lo dicho parecería que la economía está en franca recuperación, pero no es asi.

Desde octubre 2017 se está desacelerando.

Solamente 2 de los 14 indicadores que utilizamos en nuestro modelo tienen variación positiva en el último mes con respecto al trimestre anterior cuando en octubre sólo 1 de estos indicadores mostraban cifras negativas.
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El nivel de actividad económica entre junio y diciembre creció poco, 2.0% anualizado y en los últimos tres meses 1.3%, lo cual confirma la desaceleración.

2018 será un año de muy poco crecimiento (2.5/2.6%) con mayor caída a medida que avance, con crédito y salarios. Que tenderán a perder fuerza en medio de grandes conflictos y huelgas.

El crédito al sector privado, disminuyó de 50.8% nominal en 2017 a 28% en enero, sin tener relación estacional. Los salarios que habían aumentado 8.4% entre julio de 2016 y julio de 2017, dejaron de crecer al fin de año.

El déficit fiscal y la recaudación:

El déficit primario (sin los intereses) en 2017 fue 3.9% del PBI, menos que 2016 similar al 2015.

El déficit global (incluyendo los intereses) aumentó sin pausa llegando a más del 6% mientras que en 2015 no llegaba al 5%.

El déficit sigue siendo muy elevado porque esta administración decidió no reducir el gasto público para no aumentar la pobreza que es un alarmante 30%.
Se ha hecho lo posible para realocar los gastos: bajaron subsidios aumentado tarifas de servicios públicos y aumentaron los planes sociales y ayuda a las provincias reduciendo el pago a jubilados (reales y ficticios).

En 2018 bajarán el déficit a 3.2% del PBI pero el pago de intereses de la deuda utilizada para controlar el déficit hará que el déficit global sea el mismo.

Le ceden a las provincias $ 75.000 ($42.000 a Buenos Aires, el 56%) y le entregan el resto a las otras provincias nada más que para conseguir que les aprueben ajuste en cálculo jubilatorio para ahorrar $ 55.000 millones.

La única forma posible de bajar el déficit primario en 2018 será reducir subsidios, aumentar combustibles y que la mayor inflación les ayude a financiarse (a mas inflación, más impuestos nominales cobrados, menos ingresos a los desprotegidos).

Mejores perspectivas, cierta brisa de cola.

China anuncia más del 6% para 2018, Europa y EE.UU. 2% y Brasil crece a al 1.5%.

Los commodities aumentan de precio, nuestros compradores mejoran, sería un buen momento para dejar de lado las rencillas políticas y aprovechar el momento.

El déficit  y la recaudación impositiva

Como el cuadro indica el déficit primario es poco menor que el de 2015, los interés tiene una tendencia creciente y el déficit sin el blanqueo tiene poco que envidiar al de la administración anterior. Todas las tendencias son negativas en cuanto al control del déficit.

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Algunos errores significativos y simultáneos

En diciembre hubo un cambio en las metas para bajar la inflación con el obvio aumento del dólar y el inicio de enfrentamientos que prometen muchos problemas.

Triaca, sus familiares y su interesante doméstica más todas las esposas y ¨significant others¨ de los ministros destruyeron en 10 días dos años de imagen positiva del jefe de esta administración cuya aceptación bajó 20% en diciembre y sigue en descenso 3.6% en enero y de la confianza de los consumidores que se redujo 20% en dos meses.

La administración – fiel a su estilo – salió tarde y solo para emparchar problemas, no parecen… PRO activos.

Perdieron la reforma laboral para siempre y ya no tienen con quien dialogar en la oposición por lo cual se vieron obligados a iniciar la campaña para la reelección 2019.

Intentaron – con un ya descontado fracaso – gobernar por decreto nombrando 5 embajadores en comisión (algo aprobable), expulsaron en forma vistosa e inoportuna (el timming no es su fuerte) a unos pocos familiares de los funcionarios de las administraciones Nacionales, de CABA y Buenos Aires para recuperar algún punto de aprobación, – sin éxito – porque en el resto del país los gobernadores no se dieron por aludidos, y la aprobación del jefe del ejecutivo no se modificó.

Con la reforma tributaria, lo que lograron es inútil, porque es neutra:

Consiguieron a un costo elevadísimo y con un cálculo de valor actual inaceptable una rebaja de impuestos a mediano plazo (empieza en 2019 y se consolida en 2022) que no mejora ni empeora las operaciones de nadie hoy y tampoco lo hará en el futuro porque los gobernadores serán otros y las negociaciones de otro naturaleza.

Cedieron recursos de la nación a las provincias por $ 75.000 y lograron aprobar el presupuesto, lo único positivo además del muy inteligente gesto de levantar la emergencia económica. ¿A quién se puede pedir prestado US$ 35.000 millones anuales a tasa razonables afirmando estar en emergencia económica?

La imagen de la actual administración.

La pírrica victoria Previsional

Finalmente lograron aprobar en medio de cierto desborde televisivo que generó el esperado elevado costo político y social una reforma previsional que da lugar a un ahorro en 2018 de $55/60,000 M, cediendo recursos a las provincias por $75,000 M.

El sistema previsional no está quebrado sino desintegrado total y definitivamente por la causa intrínseca de su inviabilidad mundial, pero fue aplastado – si eso fuera posible – por la moratoria a millones de personas que no habían aportado nunca al sistema, aun mas desbordado por la fórmula de movilidad jubilatoria que terminó tomando el 70% de sus necesidades de fondos del Tesoro y por una inoportuna Ley de Reparación Histórica que nadie pidió a esta administración.

Fue el primer acto fallido grave. Aun sin todos estos tropezones, los sistemas de reparto operan en la misma forma ineficiente en todo el mundo, excepto donde el frío impone sensatez y solidaridad.

La relación activos/pasivos es tan mala como en cualquier parte (algo peor por la cantidad de trabajadores en negro) porque los sistemas de reparto corresponden a la época de Bismarck , sin embargo el cambio en la fórmula de indexación impidió que el déficit previsional – hoy de 3% del PBI – se convierta en una crisis.

Según afirman algunos miembros de esta administración restarle $ 60.000 millones de ajuste a los jubilados, les mejora la situación. Por momentos parecería que hay mucha gente autorizada a hablar en esta administración.

Lo justos financiaron a muchos (no a todos) los pecadores: los que no aportaron siguen cobrando con ajustes y a los que aportaron les entregaron un Relato de la Reparación Histórica, sin ofertas razonables (u otras exageradas y muy sospechosas) y reparaciones asimétricas donde algunos reciben más que otros, sin justificación ni cálculo público y visible, algo impropio de una administración que corrigió un camino hacia un abismo, pero que tiene como impronta la pésima implementación de sus decisiones, sean éstas acertadas o no.

Lo que consiguieron aprobar fue lo más antipático, poco ambicioso y sin impacto positivo para mejorar la competitividad, algo que hubiera resultado de mucha mayor significación.

Cambio de enfoque en las metas de inflación

En diciembre se decidió cambiar las metas de inflación de 12% en 2018 a 17%, y elevar la meta para 2019 a 10% para llegar al 2020 con 5% e inflación. Todo con un margen de 2%.

Esto se ha hecho para poder bajar las tasas de interés y poder manejar el tipo de cambio nominal. Ciertamente el desaceleramiento económico, la caída de las exportaciones, cuando el mundo comercia más que nunca, el creciente déficit de la cuenta corriente que llegó demasiado rápido a US$ 28.500 millones (más del 4.6% del PBI) llevan a este cambio de rumbo.

La política macro desordenada – no atribuible a esta administración – hacía imposible alcanzar metas de inflación monetaria en una economía donde las corporaciones inciden demasiado y hasta llegan a afectar las políticas monetarias el BCRA.

En un medio ambiente condicionado por un enorme déficit, endeudamiento externo para cubrirlo y tipo de cambio flotante no disminuye sino se incrementa el déficit fiscal a causa del endeudamiento que aumenta la carga de intereses.

Ingresan muchos capitales que provocan superávit de la cuenta capital, generan atraso cambiario afectan al sector exportador y fomentan importaciones. Si se gasta más de lo que se produce hay un deterioro de la balanza comercial y acumulación de activos externos que no es otra cosa que salida de capitales y caída de ahorro. En 2017 se perdieron por esto u$s22, 000 millones de dólares.

Si ajustamos mediante un simple algoritmo lo proyectado con la realidad lo que puede esperarse es lo siguiente:

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El efecto de las nuevas metas de inflación.

Esta administración tiene como objetivo subir las metas de inflación bajar la tasa de interés. Evitar la contracción monetaria y subir el tipo de cambio. Es coherente, puede ocurrir, y puede controlarse porque hay muchas reservas en el BCRA.

Se busca incrementar la actividad interna y las exportaciones, pero cambiando hacia arriba la meta inflacionaria subió la tasa de inflación esperada, las expectativas de devaluaciones y el spread del riesgo argentino.

Algo lógico y esperable. Una apuesta que valía la pena tomar.

Este cambio muestra que hay un programa heterodoxo que se permite ir reajustando cuando las circunstancias lo hagan conveniente, lo cual no está mal, es heterodoxo simplemente.

2018 será un año muy difícil y crucial para la economía.

Los aspectos institucionales que afectarán a la economía de todo el año 2018

El año comenzó con un fracaso importante para la actual administración, tal vez el más perjudicial desde que comenzó su gestión.

  1. El ajuste de impuestos – llamado Reforma Tributaria – no tendrá efectos en la economía hasta 2019.
  2. El costo político de la única reforma inmediata y de alto impacto -la Previsional- ha resultado muy elevado: pérdida de 10 puntos de aceptación al jefe del ejecutivo, disconformidad de gobernadores por la mayor asignación de esos recursos a Buenos Aires, una imagen deteriorada en el exterior por los disturbios mal controlados y un decreto tardío y forzado que no conforma a nadie para compensar solo a algunos jubilados.
  3. La reforma laboral, la más importante porque generaba estabilidad jurídica y fuerte disminución de costos operativos en las empresas y facilitaba la productividad – aspecto clave – no pudo ser aprobada y no lo será durante toda la gestión de esta administración.

Como consecuencia del fracaso se ha decidido que el Congreso ya no será el lugar de decisión política durante el tiempo restante de mandato.

Casi como una señal para alejarse del foco de atención en su peor momento, entre Navidad y el 1 de febrero el jefe del ejecutivo prácticamente no estará presente, ya que tomó    vacaciones y realizará una gira internacional (Moscú, Davos y Paris) que será la más importante del año algo que lo favorece porque en 40 días habrá estado solo 5 presente en la conducción del peor momento de su administración.

Administrar con poca participación de un Congreso que no ofrece garantías.

Es una decisión tomada que no se convocarán las sesiones extraordinarias del Congreso el 1 de febrero. Esto parecería indicar que se abandonó la reforma laboral, y cualquier otra reforma que no pueda hacerse con DNU.

Se evitarán los conflictos hasta el Mundial de Fútbol en junio evento que postergará ligeramente a la política y desde agosto, ya a un año de las PASO de la elección presidencial, comenzará una nueva, febril campaña electoral, muy perjudicial para la población y la economía.

El Congreso sólo será para proyectos obligatorios, como el presupuesto 2019. Una demostración evidente es que los cinco nuevos embajadores designados (EE.UU., Ecuador, Paraguay, Uruguay y ALADI), han sido nombrados en comisión y por decreto, eludiendo el acuerdo del Senado, y el gran esfuerzo para agilizar el estado que define temas centrales y que deberían ser leyes que el Ejecutivo debería presentar al Congreso, porque dejó caer la emergencia económica se hizo por DNU.

Por lo tanto, la reforma electoral, el voto electrónico y la derogación de las PASO, los temas centrales para esta administración son nuevas derrotas que deben ser tomadas muy en cuenta, como síntoma de cierta impericia que las oposiciones divididas no pueden capitalizar, por ahora.

Por último en materia institucional el ataque – muy loable y justificado -a las cabezas sindicales más repudiables – puede empujar al sindicalismo peronista, por temor, a formar parte del bloque opositor junto con el resabio duro de la administración anterior.

El nuevo enfoque de política monetaria

Se anunció una nueva política monetaria – financiera que apunta al crecimiento con mayor inflación. Ese cambio en la orientación económica, que casi podría calificarse de ideológico deja de lado al aumento de precios como el primer enemigo a vencer y concentra los esfuerzos en reducir el déficit, asumiendo los costos políticos que se han manifestado de inmediato.

El cambio de las metas de inflación anunciado a fin de 2017, que básicamente implica bajar el objetivo de 10 a 15 por ciento anual para 2018, es un nuevo episodio de prueba y error de una administración que recibió tierra arrasada, pero que cometió algunos errores por asumir con un plan incompleto y sin el suficiente ensamblaje. Los numerosos e inconexos ministerios son parte del problema; también el constante replanteo de las metas fiscales.

Estos vaivenes afectan la credibilidad, pero sin alcanzar a oscurecer los avances de gobernabilidad del último período. En este momento – consideran – es más relevante cumplir con la reducción del déficit fiscal que acertar en materia de inflación para que el volumen de la deuda pública se haga manejable.

Concretamente: decidieron retrasar un año el objetivo de alcanzar una inflación de un dígito, postergada ahora para 2020 (5%). Simultáneamente, se modificaron las metas para 2018 a 15% (desde 10% ±2%) y para 2019 a 10% (desde 5% ±1,5%). Tal como se presentan los primeros números en 4 meses ya se estaría superando la mitad del porcentaje previsto para 2018.

La política económica pragmática sin plan integrador y las elevadas tasas reales de interés comenzaban a amenazar la pequeña evolución del nivel de actividad, con lo que podría haberse afectado la recaudación impositiva, impidiendo la meta de un déficit primario en 3,2 puntos del PBI para 2018.

En la práctica, los anuncios de fin de año significan que la tasa real de interés será al menos tres puntos menor a la de diciembre, y que el tipo de cambio puede estabilizarse en un valor algo superior cercano a los $ 19 y creciendo con la inflación.

Una buena señal

El cambio hacia bajar el déficit recibió un primer espaldarazo porque el primario terminó 2017 en 3,9% del PBI, menos que el 4,2% previsto por el Gobierno. Se logró que los gastos fueron inferiores a la recaudación por 1ra vez desde 2004. No incluye el resultado con los intereses de la deuda, que subió hasta el 6,1% desde el 5,9% de 2016, sin embargo es muy relevante haber conseguido reducirlo, la tendencia es saludable.

El cambio indica y acepta que el proceso de bajar la inflación es más lento de lo esperado y que continuará siendo gradual y complejo, con una inercia elevada y fuertes ajustes de tarifas pendientes.

Todo lo anterior requiere que el Banco Central baje las tasas de interés, generando en consecuencia un dólar más caro pero lo que no se puede prever es si será en la forma gradual que aparenta. Si fuera asi esteriliza los cambios pretendidos generando conflictos en el seno de la administración.

Por otra parte habrá que ver como se superan los problemas monetarios del verano porque la nueva meta de inflación se instaló en el peor momento posible dado que diciembre/marzo son meses de alta inflación a lo que se les ha sumado expectativas de crecimiento anunciando aumentos de tarifas de todo tipo, un incremento del 12% de los combustibles, 6% de prepagas y un fuerte aumento en ABL tanto en CABA como en Buenos Aires. Por momentos el timming de esta administración no parece ser su fuerte.

No hay un cálculo fino sobre el impacto de liberar el precio de los combustibles y los ajustes preanunciados de las tarifas reguladas.

Hay un ligero descontrol en esa área y es probable es que la inflación de 2018 supere el 20%, lejos de la meta fijada, algo que puede costar caro a las aspiraciones de reelección, en especial si las paritarias resultan tan duras como ya se puede prever.

Macroeconómicamente, al terminar el verano se conocerá cómo resultaron las decisiones que pretendían disminuir el crecimiento generalizado de los precios sin ponerle techo a la reactivación.

La intención de reactivar la economía y bajar la inflación son objetivos contrapuestos y seguirán estando presente todo el año, pero el resultado del primer trimestre será muy negativo en términos inflacionarios y provocarán fuerte rechazo de la población.

La primera muy mala señal ya se conoce: diciembre volvió a mostrar una fuerte aceleración de la inflación, que alcanzó el 3,1% mensual a nivel nacional, convirtiéndose en el mayor registro del año. Los fuertes aumentos en los precios de servicios regulados (9,1% mensual) volvieron a impulsar la inflación del último mes.

El déficit fiscal a enero 2018 es el mismo que en el 2015

Tomado como porcentaje del PBI es el mismo déficit, nominalmente más bajo, con mejor distribución de gastos, mejor conducción y seriedad en el tratamiento, pero el mismo déficit. Se redujeron retenciones y ganancias, se redujeron subsidios energéticos y se aumentaron otros gastos como planes sociales, provincias y la fracasada Reparación Histórica.

El déficit primario sigue en $ 400 mil millones y el interés de la deuda que lo financia lo hacen aumentar $ 100 mil millones por año.

La única forma de una minúscula reducción del déficit primario en 2018 no será la reactivación   sino que la AFIP y la inflación mantengan los ingresos y que los subsidios energéticos sigan bajando. No se puede esperar nada de las reformas y mucho menos que desde la administración bajen el gasto público al que – esperemos – no consideren un instrumento de competencia populista dónde el que más gasto público ofrece a los electores tenga mayores chances de ganar las elecciones.

Esta administración trata de cobrar cada vez más impuestos para redistribuir entre los llamados planes sociales. Las cifras son un tanto alarmantes: 8 millones de argentinos trabajan en blanco y 18 millones cobran del estado dinero que proviene de los que trabajan en blanco. Lo correcto sería analizar cuanta aceptación se pierde con impuestos hasta el límite a un sector minoritario y cuanto se gana por redistribuir esa presión entre un amplio sector que vota.

Si bien no hay números para respaldarlo, parece que esta administración para poder gobernar tiene que afectar al que puede trabajar para repartir entre los que trabajan a medias o no lo hacen. Es levemente inquietante que el jefe de gabinete se sienta cómodo afirmando que administración gasta más en planes sociales que lo que gastaba la anterior.

Como impacta el sistema previsional

Obviamente desequilibrado per se, ha sido destruido a causa de moratorias, fórmula de movilidad y Reparación Histórica. Un régimen previsional como el vigente – de aportes menos jubilaciones – genera un déficit de 3 puntos del PBI con un resultado de caja total de la ANSES negativo. El reciente cambio de la fórmula de la movilidad es el reconocimiento implícito de que el sistema previsional depende cada vez más del Tesoro, sin que se puedan siquiera imaginar soluciones de fondo. Este tema se irá agravando sin que entre en el radar de esta administración.

Los mercados de capitales.

Hubo mucho movimiento para financiar al sector público y también participó el sector privado. Las necesidades totales del sector público nacional (pesos y dólares) en 2018 superarán los US$ 40 mil millones de dólares – si se cumple lo que calcularon – y sería la necesidad más baja de los últimos tres años por los menores vencimientos de la deuda en dólares. Parte de los cuales se financiarán con emisión monetaria del BCRA, aproximadamente un 15%.

Habrá que renovar la deuda en pesos en el mercado local, con LETES en dólares y préstamos de bancos internacionales. Y seguir colocando bonos.

El dólar

El tipo de cambio real bajó porque subió 18% contra una inflación de 25% en 2017.

Los actuales 19 pesos por dólar es 15% más alto que el de noviembre de 2015 previo a la unificación cambiaria pero 18% más bajo que el de febrero de 2016 poco después de la unificación.

Es un tipo de cambio real idéntico al promedio del período 2012 – 2015 y 8% más alto que el del final de la Convertibilidad.

Es muy posible que la política monetaria utilice instrumentos del BCRA para que el tipo de cambio acompañe o supere a la inflación durante todo 2018 sin permitir otro atraso y desalentando el carry trade por lo cual sería razonable suponer un dólar de $22/23 al cierre de 2018.

La Balanza comercial:

El déficit de la cuenta corriente externa consumió 5 puntos del PBI por la fuerte baja de la exportación, un tipo de cambio real bajo y el crecimiento de la cuenta de intereses de la deuda.

De seguir asi en 2018 el déficit de la cuenta corriente externa consumirá más que los 5 puntos del PBI (más de US$ 30 mil millones).

La nueva política monetaria elevará el tipo de cambio pero habrá que vigilar los costos internos y las negociaciones salariales. Si se consolida la posibilidad de un crecimiento por encima de 2,5 % anual para 2018, esto puede facilitar paritarias que incluyan un componente de productividad sin sacrificar poder adquisitivo, los salarios pueden ayudar a anclar las expectativas de inflación, siempre que exista consenso alrededor de la expansión del PBI. Sin embargo, los componentes políticos y la oscuridad del residuo de la administración anterior pueden impedir casi cualquier cosa.

La expectativa de crecimiento es clave también para la inversión, que ha aumentado pero está lejos de ser adecuada: desde 2015, la tasa de inversión aumentó 0,4 % (de 19,4% a 19,8 % del PBI), pero el déficit de cuenta corriente del Balance de Pagos pasó de 2,3 % a 4,5 % del PBI en igual período. Es decir, sólo un 20% del financiamiento externo se destinó a la formación de capital, el 80% fue especulativo.

El origen del problema es la falta de ahorro nacional, por el elevado déficit fiscal. Es por eso que el Banco Central no puede hacer milagros en la lucha contra la inflación.

 

Factores de expansión y contracción monetaria en 2017

(en miles de millones de pesos)

Compra de divisas          266

Asistencia al Tesoro       143

Cuasifiscal y otros           201

Esterilización (Lebacs)   415

 

La coyuntura económica. Primera semana enero 2018 . Ajustes. Perspectivas.

 

Para comprender las decisiones adoptadas el 28 de diciembre de 2017 por la actual administración es necesario tener presente el medio ambiente que las condiciona.

El año 2018 se ha iniciado con las siguientes características:

  1. El PBI que es la suma de productos y servicios producidos en el país más las inversiones realizadas (son consumos postergados) y las exportaciones efectuadas menos lo importado puede estimarse en US$ 700.000 millones.
  2. El estado consume US$ 38.000 millones de dólares anuales por encima de lo que recauda. Eso es lo que se mide cuando se dice que el déficit primario es del 4.3% del PBI en 2017.

Es muy alto porque además:

  • el déficit por intereses de deuda externa es 2.30% del PBI.
  • el déficit provincial es 1.00% del PBI.
  • el déficit cuasifiscal por intereses de Lebacs es 1.70% del PBI (stock inicial menos final en dólares).
  • El déficit consolidado es de 9.30% del PBI, o US$ 46.500 millones de dólares, y debe agregarse el
  • déficit de 4% en cuenta corriente por caída de exportaciones record.
  • los gastos que realiza el estado son inelásticos, es decir que no se pueden disminuir porque se componen de la siguiente manera:
  • Los gastos que deben cubrirse en las provincias tanto como  las jubilaciones y pensiones son inelásticos a la baja, no pueden disminuirse, de manera que hay un 69% del total que son fijos. Pueden transferirse fondos de jubilaciones a las provincias o viceversa – que fue lo que se decidió – : US$ 3.200 pasaran de los jubilados nacionales a las provincias para sostener sus déficit.
  • La inflación tiene múltiples orígenes pero alcanzó en 2017 a 25%, ocho puntos por encima de lo que propuso la administración., que logró bajarla en un 50% en base a una política monetaria estricta, aunque recesiva y que dio lugar a especulaciones como subproducto no deseado.
  • La balanza comercial es muy deficitaria, es decir que se exporta menos de lo que se importa. En 2017 el déficit comercial fue de US$ 7.635 es el resultado más negativo de la historia, medido en dólares corrientes y afecta al PBI en casi un 1%
  • Para financiar el déficit ingresaron US$ 38.000 millones en 2017. Eso dólares fueron comprados por el BCRA para entregar pesos al Tesoro y cubrir el gap. A su vez el BCRA debe recogerlos mediante deuda remunerada al sector privado – las Letras del Banco Central – algo que no se hace en ningún país que opera con metas de inflación.
  • Esta situación daba lugar a especulaciones elementales: un mundo híper líquido toma fondos al 2/3 % y los coloca por encima del 20% sabiendo que por su mismo accionar el dólar no aumentaría de precio. Y pone al Banco Central en la vereda de enfrente, haciendo lo inverso y generando déficit cuasi fiscal.

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Ha sido positivo lo logrado por la autoridad monetaria para bajar la tasa de inflación en un contexto particularmente difícil por los lentos avances en materia fiscal y de realineamiento de precios relativos distorsionados durante 14 años (2002 a 2015) por intervenciones poco meditadas de la administración anterior en los mercados de bienes y servicios.

Esta administración dejaba constante el gasto en términos reales a la espera a que la economía generase un mayor PBI a lo largo de un período desconocido, provocando un supuesto incremento en la recaudación impositiva, y con ello la reducción del déficit fiscal.

El cambio

Hasta el 28 de diciembre de 2017 apostaban a que el crecimiento de la actividad a lo largo de los años licuaría el déficit global. Nuestros modelos econométricos muestran plazos muy largos, y más prolongados aun  si se incorporan datos reales como que el crecimiento alcanzado en dos años fue forzado y se estancó hace unos meses, excepto en algunos rubros.

El crecimiento junto con el endeudamiento externo para cubrir la caja esperando un aumento del PBI en unos – supuestos – cinco años, corregiría lo actuado por la administración anterior pero como mínimo en 10 años. Nuestros modelos indican que otro plazo es ¨pensamiento ilusorio¨ y los números son brutales, no mienten.

El contexto internacional no puede mantenerse inalterado por cinco o diez años, no se debe subestimar la posibilidad de cambios, de modo que decidieron salir de este esquema un tanto keynesiano con algo de audacia para achicar el gasto y soportando  un fuerte dolor político.

El intento de ajuste

El 28 de diciembre la administración intentó modificar de forma sustancial el enfoque monetario de la política económica, relativizando las metas inflacionarias fijadas en 10% para 2018 para elevarlas a 15%, un incremento del 50% que indica la dificultad que tienen para reducir el déficit fiscal.

Siendo el principal problema de la economía el déficit para reducirlo es necesaria la eliminación de los subsidios lo cual no puede hacerse sin generar aumentos de precios.

Desde 2015 hasta el momento la prioridad manifiesta fue reducir la inflación mediante accionar monetario estricto del Banco Central y el control de los pocos gastos que pueden disminuirse.

Los resultados no pueden considerarse malos, por cuanto la tasa de inflación se redujo desde un 40% a un 24%. Eso fue posible en base a dejar de emitir moneda pero sin disminuir el déficit fiscal utilizando financiación externa. Esa política continuará por lo menos hasta 2019 sin que la deuda supere la media de la región y la de los países emergentes. Eso es solo una referencia cuantitativa, porque lo que ocurre en otros países – todos con características diferentes – no debe tomarse como modelo.

El verdadero problema que el cambio intenta resolver es el déficit, tan enorme que solo puede ser transitorio. No se lo puede seguir financiado permanentemente con deuda externa y generando LEBACs porque en algún momento el mundo dejaría de prestarnos y los inversores especulativos dejarán de financiar al Banco Central.

Ese modelo de déficit, endeudamiento y dólar flotante no podía durar. Por eso se apeló a modificar las prioridades: atacar primero el déficit – eliminando subsidios y realocando recursos y soportando una inflación que llegará al 20% en 2018 con un crecimiento de un 3.5% del PBI y una reducción del déficit consecuente de 1 ó 2% del PBI, es decir bajar el déficit en US$ 10.000 millones anuales (hoy son US$ 38.000 aprox.).

En los países que se fijan metas de inflación, éstas son establecidas por la administración central y no por el Banco Central, que tiene independencia solamente para utilizar los instrumentos que crea oportunos para llegar a esas metas. Era una irregularidad que el Banco Central se fije sus propias metas, y esa irregularidad se corrigió.

Para ello es necesario conseguir superar la recesión estructural de la economía. 

Con el paquete de reformas negociado no alcanza, porque para alentar la inversión y la productividad, el impacto de las reformas aprobadas será casi nulo, ya que  la modificación impositiva no reducirá la presión tributaria en 2018 sino que la aumentará para luego bajar un 1.5% del PBI en los cuatro años siguientes, siempre que el déficit fiscal lo permita.

Por su parte la reforma laboral después de negociar con sindicatos, empresas y gobernadores, resultó en un híbrido respecto del proyecto original y que no será siquiera considerada en el Congreso durante todo 2018.

La flexibilización del mercado de trabajo y la reducción del costo laboral fue trabada por la oposición que está despertando, por los sindicalistas y no tiene fecha de tratamiento parlamentario.

Es muy difícil anticipar – en materia laboral – qué aprobará Congreso y que pueden aceptar los sindicalistas, que están ahora soportando fuertes amenazas, presiones y caricias.

 El día a día

Precios

El efecto del aumento de tarifas de transporte no impacta en la inflación nacional. El ajuste será menor a 0.3% en la inflación nacional de 2018 o menor si se puede calcular el efecto de la tarifa compuesta pero mucho mayor en el AMBA donde llegará al 1%, durante febrero. Con ese aumento y el ajuste de la tarifa eléctrica en febrero tendremos 2.0% o más de inflación.

La tasa de inflación de diciembre no será inferior a 3% por los aumentos en las tarifas de gas y luz, transporte, comunicaciones, medicina prepaga y combustibles. Este último rubro no paree tener techo impactando en el índice por su incidencia en la totalidad de las otras actividades.

El 2017 cerrará con una inflación superior al 24% %, por encima de la meta de entre el 12% y el 17% que trató de alcanzar con instrumentos monetarios el Banco Central desde fines de 2016.

Es obvio que con un déficit fiscal de 6 puntos del PBI no hay forma de tener una tasa de inflación baja.

La economía está creciendo poco, pero muy afectada por el atraso cambiario que aceleró un poco el consumo. Habrá que ver que hace el Comité de Política Monetaria del Banco Central, que va a fijar la tasa de interés de la política monetaria.

Hay expectativas por el cambio en las metas de inflación que estaban en 10% y por decisión del equipo económico se cambiaron a 15% con posibilidades de estirarse a 17 ó 18%, lo que obligará a generar una política monetaria nueva. Si bien habrá una baja de la tasa de interés en el Comité de Política Monetaria, hay muchas dudas y discusiones respecto de cuantos puntos será la baja de la tasa. No habrá una baja mayor a 1.5%, o mejor 1% que sería lo adecuado para que el dólar siga fluctuando en el rango que se está moviendo ahora.

La recuperación del dólar es muy bienvenida para recuperar el atraso cambiario y también que empiece a acompañar a la inflación porque todas las producciones regionales requieren condiciones de rentabilidad y con un cambio atrasado en 15% no la tienen porque los costos y los impuestos son enormes.

La administración – y esto es muy importante para nuestros clientes – procura impulsar la inversión que necesita rentabilidad y la rentabilidad necesita un tipo de cambio lógico, porque el consumo que se reactivó a partir de julio es insuficiente para impulsar la economía.

Con un déficit fiscal tan enorme no existe ninguna posibilidad, ni remotamente, de alcanzar una tasa de inflación baja, porque en algún momento la administración necesaria y esperemos que transitoriamente, va a encender los equipos de imprimir billetes, por ahora en descanso.

Resulta imprescindible que mejore la situación fiscal que en 2016 y 2017 casi no mejoró, en 2018 bajará – como dijimos – unos US$ 10.000 millones o 1% del PBI. Si así fuera puede bajar la inflación, de otro modo será muy complicado.

La administración no está quieta: han planteado la reforma tributaria, la movilidad jubilatoria, los pactos fiscales, todos tibios intentos para bajar el déficit fiscal. Reformas de fondo, como la laboral serán prenda política de la oposición y nunca llegarán a sancionarse, a pesar de ser imprescindible.

En 2018 contra lo que pasó en otros años no electorales en que la economía cayó, va a tener un crecimiento.

No se debe menoscabar la credibilidad del BCRA. Antes con una tasa del 10 estaba empeñado en una política monetaria durísima para mantener una meta de inflación que no tenía credibilidad en la opinión pública.  Fue saludale corregir y estimar 17 o 18%. Los mercados – creíbles porque son los que arriesgan dinero y no palabras – cree mayoritariamente que un 15/18% puede ser creíble.

Política monetaria

El Banco Central seguramente reducirá la tasa de política monetaria, pero la suba de expectativas inflacionarias ya hizo bajar la tasa real.

El tipo de cambio multilateral, el que nos interesa porque es el que corresponde a los países con los que comerciamos, se depreció con respecto a noviembre.

Se colocaron US$ 9.000 millones en bonos a 5, 10 y 30 años. Las tasas de 6% y 6.95% por los bonos a 10 y 30 años son bastante buenas dada la mala calificación argentina.

Pronóstico complejo

La estrategia fiscal de la actual administración en el contexto en que la aplicó ha sido correcta.

Un ajuste fiscal en los primeros dos años hubiera puesto en peligro la viabilidad política y las chances electorales del gobierno.  Hubiera reducido mucho la posibilidad de recuperación de la actividad y el empleo.

Todas las experiencias internacionales evaluadas descartan totalmente llevar adelante afianzamientos fiscales en contextos recesivos. Un cambio fiscal mayor hubiera mantenido a la economía atrapada en la recesión en la que ingresó a fines de 2011 y de la que parece estar saliendo recién ahora. No hay sostenibilidad fiscal sin crecimiento.

 

 

La coyuntura económica a mediados de Diciembre 2017. Una tibia transición.

Una decisión de inversión es aquella que después de un análisis estima seguridad para el capital invertido en una empresa o emprendimiento, esperando con cierta seguridad un retorno adecuado. Para ello se requiere un medio institucional y económico estable con reglas conocidas y probadamente cumplidas.  Las inversiones que se realizan donde estos requerimientos no se cumplen son especulativas, de corto plazo y volátiles.

(Benjamín Graham (Londres, mayo de 1928) Inversionista, autor y profesor. Autor del Value Investing (inversión en valor), un conjunto de estrategias de inversión que aún se enseña en Columbia Business School.

El crecimiento de la economía depende de la inversión del sector privado, y esto no está ocurriendo.

En un país donde las cifras macroeconómicas muestran mucho desequilibrio, con elevada inflación aun no controlada, un elevado déficit público que consume más del 35% de los ingresos del sector privado y aun así requiere de un fuerte endeudamiento externo, y sin un programa económico bien definido que pueda ser evaluado econométricamente, cualquier evaluación de una inversión a riesgo no especulativo contiene demasiada incertidumbre y no se realiza.

Nuestra economía está muy lejos de ofrecer seguridad para inversiones y el medio ambiente condiciona negativamente un retorno adecuado desde las empresas. No se ha generado aun confianza suficiente en la actual administración y sus aun no conocidos programas. Tampoco se cuenta con un medio ambiente estable, sólido, creciente y sin conflictos. Si bien las reglas que se han comenzado a establecer son razonables también son dispersas y   su cumplimiento – a medias – solo se ha iniciado durante los últimos dos años. El resto de las condiciones son un ¨trabajo en proceso¨ algo por demás insuficiente para cualquier inversor genuino en la industria, agro o servicios.

Por esa causa la economía local solamente recibe inversiones especulativas, de corto plazo y volátiles, dejando en manos del estado las inversiones de todo tipo, lo cual, debido al gran déficit no pueden llevarse a cabo sin seguir forzando al sector privado, en una constante situación de ¨crowding out¨ inevitable.

Prueba de ello es que en los dos últimos meses ingresaron para carry trade (especular con LEBACs contra el dólar) US$ 2.500 millones y para inversión productiva genuina solamente US$ 72 millones, es decir menos del 3%. En Brasil ingresan US$ 80.000 millones anuales para inversión no especulativa por año y en nuestro país ingresan menos de US$ 430 millones.

Los números son los portadores de las más crueles verdades.

Aun no hay confianza suficiente para invertir en nuestro país, concepto tan válido para un inversor extranjero como local.

Variables macro muy desacomodadas y una administración sin aliados genuinos para modificarlas.

Si bien todas las variables macroeconómicas están íntimamente relacionadas, todas se influyen entre si y condicionan mutuamente. La más visible es el enorme déficit del estado que distorsiona la relación entre la base monetaria, las reservas internacionales y el tipo de cambio, siendo una clara muestra de la interrelación entre ellas.

Tanto con un tipo de cambio libre como en un medio con controles de cambio esas relaciones marcan claras tendencias y muestran los caminos hacia el crecimiento o la crisis.

Hoy en nuestra economía con cambio flotante el ingreso de divisas especulativas genera desequilibrio junto con el endeudamiento externo necesario para cubrir el déficit fiscal. Ambas provocan el mismo efecto depresor del valor de las divisas y agravan la situación del conjunto de desequilibrios macroeconómicos.

Si se analiza la relación entre las variables, es posible elaborar un diagnóstico elemental referido al gran problema del tipo de cambio.

Su atraso y la política monetaria restrictiva para contener la inflación resulta un freno para la exportación, generan una balanza comercial negativa e impiden que se consolide más rápidamente el volátil crecimiento impulsado por la construcción y los créditos tanto hipotecarios como para la compra de bienes durables.

La relación entre la base monetaria, las reservas internacionales y el valor en pesos de un dólar indica que es necesario ajustar el rumbo con un programa económico explícito y consensuado, sin los espasmódicos intentos de reformas tibias, sin efecto inmediato más que reducir mínimamente el déficit bajando las jubilaciones y reduciendo los impuestos a las empresas (dentro de dos años) a la vez que incrementando el aporte de los trabajadores con mayores impuestos al trabajo.

Síntomas negativos

  1. la Base Monetaria, es la cantidad de pesos en poder de la población, más los depósitos bancarios y los encajes depositados en el BCRA. Es decir todos los pesos que existen en la economía.
  2. las Reservas Internacionales es la cantidad de moneda extranjera l en poder del banco central. Dólares, euros, yenes, libras esterlinas y activos de valor como oro y Derechos Especiales de Giro (la moneda del FMI). La información del Banco Central se expresa solamente en dólares para mejor comprensión del ciudadano común. Se valúan las distintas monedas y activos, todos, en dólares y se informa.
  3. la cotización del Dólar es el tipo de cambio entre el peso y dólar que se usa para las compras y ventas y actualmente surge de la oferta y demanda. El BCRA eventualmente podría intervenir como el mayor operador local, y en algunas – hasta ahora muy pocas oportunidades – lo ha hecho.

 

Entre 1996 y 2001 hubo control de cambios, es decir que era la administración de aquel entonces determinaba la relación entre un peso y un dólar. La relación puede verse en el cuadro:

 

Año Base  Monetaria Reservas Tipo de cambio de regencia Cotización controlada Diferencia %
1996 14.030 22.087 0,64 1 -36,48%
1997 15.966 29.298 0,54 1 -45,50%
1998 16.370 32.903 0,50 1 -50,25%
1999 16.493 33.940 0,49 1 -51,41%
2000 15.054 32.478 0,46 1 -53,65%
2001 11.981 15.318 0,78 1 -21,78%
2002 29.151 10.420 2,80 3,36 -16,74%

Es decir que en el hipotético caso que si la población de aquel entonces hubiera deseado convertir todas sus tenencias de pesos a dólares – en el año 1996 – siendo las reservas de US$ 22.000 millones y la base monetaria era de AR$ 14.000 millones podían utilizar 0,64 pesos para comprar un dólar. Naturalmente y como se verá,  esto es teoría pura porque cuando la demanda de dólares adoptó esa tendencia el valor no pudo seguir siendo fijado en la práctica por la administración de entonces porque las reglas del mercado son inviolables y se creó un mercado paralelo.

Queda claro lo antedicho cuando a fines del año 2001 la base monetaria creció   – por emisión monetaria para cubrir el déficit y las reservas internacionales se desplomaron porque fueron usadas con el mismo fin en una decisión similar a lo hecho por la administración anterior a ésta – y la relación dólar/base monetaria que en el año 2000 estaba a 0,46 llegó a 2,8 en 2002 (500% de aumento).

Hubo varios factores cruzados que desencadenaron eso. Pero la principal variable fue la confianza. Algo que aun hoy no se ha logrado generar para que las reservas no sean volátiles.

Los inversores y la población sin confianza comenzaron a retirar depósitos e inversiones en dólares de forma masiva y esto llevó casi a 0 las reservas internacionales.

Actualmente la situación es la siguiente

Año Base  Monetaria Reservas Tipo de cambio de regencia Cotización Diferencia %
2011 222.922 46.376 4,81 4,30 11,79%
2012 307.352 43.290 7,10 4,91 44,60%
2013 377.197 30.599 12,33 6,52 89,07%
2014 462.564 31.443 14,71 8,55 72,06%
2015 623.890 25.563 24,41 13,01 87,59%
2016 821.664 38.772 21,19 15,85 33,70%
HOY 947.103 55.163 17.16 17.60 -2.5%

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Hasta el año 2015 se consumían las reservas monetarias y se emitía sin mayor control para cubrir el déficit autogenerando un desequilibrio entre la base monetaria y las reservas internacionales que hubieran provocado una crisis y un posterior ajuste que resulta difícil de imaginar. El cambio de administración suspendiendo la emisión y tomando deuda externa modificó la tendencia dramáticamente como puede apreciarse en el cuadro siguiente, frenando la inminente crisis.

Naturalmente la decisión tuvo efectos colaterales intensos: la venta en el mercado libre de las divisas ingresadas hace bajar el precio del dólar por presión de la oferta y aumenta el déficit cuasifiscal porque los pesos entregados al Tesoro para pagar sus deudas deben ser recomprados en gran medida con instrumentos como las LEBACs que pagan intereses elevados si bien son un instrumento monetario que contiene la inflación. Sin las LEBACs el tipo de cambio de equilibrio sería hoy el mismo o casi que el del mercado.

Pero las LEBACs representan parte de la base monetaria, por lo cual si las incluyéramos en el cálculo teórico de relación entre la base y las reservas para determinar la cotización de referencia nos encontraríamos con un tipo de cambio de equilibrio muy diferente superior a $ 36 por US$ 1.

Año Base  Monetaria Reservas Tipo de cambio de regencia Cotización Diferencia %
2016 821.664 38.772 21,19 15,85 33,70%
HOY 947.103 55.163 17.16 17.60 -2.5%

Con Lebacs

 

2.016.356

 

 

55.163

36.55

   

Esto es un síntoma de desequilibrio un tanto riesgoso en una economía volátil y con pocas defensas frente a situaciones internacionales adversas y en relación con la confianza de la población y los operadores internacionales, porque una fuerte pérdida de confianza por un Acto de Dios interno o externo nos colocaría en una situación sumamente vulnerable.

Si bien las LEBACs tienen vencimientos variados, cuentan con un mercado secundario que las puede convertir a pesos y en una situación extrema podrían transformarse en divisas muy rápidamente – si el mercado siguiera libre –con impacto sobre las Reservas y sobre el tipo de cambio y generar medidas contrarias a las adoptadas.

La economía argentina es lábil:

¿Qué pasaría si no se mantiene por varios años seguidos el incipiente crecimiento por problemas con Brasil y con el tipo de cambio?

¿Qué ocurriría si un shock externo – nada imposible con Trump y el terrorismo más norcorea – afecte al mercado de commodities?

¿Qué pasaría si el proceso de normalización de tasas internacionales de la Fed se acelera más de lo esperado?

El análisis anterior se presentó con el objeto se dejar establecido que la economía no está aún asentada sobre bases sólidas propias y que el medio mundial condicionantes es solamente propicio en cuanto a la liquidez internacional, pero nuestra economía no atrae inversiones genuinas.

La situación es precaria y el desencadenante de un serio problema escapa al control de esta administración y es la confianza de operadores y población. Por eso, la cabeza de la administración insiste desde todo ángulo y en todo momento en generar confianza respecto del país y de su administración.

Se está en un proceso donde esta administración ha reorientado el rumbo y apunta lentamente a poner en marcha un proceso mucho más sano.

Sin embargo han adoptado por razones que no se pueden analizar sin estar dentro de gobierno, sin conocer la relación de fuerzas políticas verdaderas ni la fortaleza de cada una, sin conocer los intereses que se contraponen y menos aún cuales son los próximos pasos ya decididos.

El déficit

(Nuestro déficit es tan grande que ya se puede cuidar solo. Ronald Reagan)

Es muy alto:

  1. el déficit fiscal primario es 4.30% del PBI.
  2. el déficit por intereses de deuda externa es 2.30% del PBI.
  3. el déficit provincial es 1.00% del PBI.
  4. el déficit cuasifiscal por intereses de Lebacs es 1.70% del PBI (stock inicial menos final en dólares).
  5. El déficit consolidado es de 9.30% del PBI, o US$ 46.500 millones de dólares, y debe agregarse el
  6. déficit de 4% en cuenta corriente.

La suma exime de todo comentario.

Cualquier analista comprende que a causa de esto los bonos argentinos operan muy pesadamente porque hay clara evidencia de lo vulnerable que es la economía a shocks externos.

Cuál es el camino elegido por la actual administración para corregir estos desequilibrios

Esta administración deja constante el gasto en términos reales a la espera a que la economía genere un mayor PBI a lo largo del tiempo provocando un incremento en la recaudación impositiva, y reducción del déficit fiscal.

Un crecimiento de la actividad – suponen – a lo largo de los años licuaría el déficit global. Cualquier modelo econométrico – aun torturando los números – muestra plazos muy largos, demasiado largos.

El esbozo de crecimiento junto con el endeudamiento externo para cubrir la caja y esperar el crecimiento del PBI en unos – supuestos – cinco años, corregiría lo actuado en la administración anterior pero como mínimo en 10 años, los modelos indican que otro plazo es ¨pensamiento ilusorio¨ y los números son brutales, no mienten.

Por otra parte el criterio de esta administración parece decir “el gasto del estado es inelástico”, sólo es posible bajar remuneraciones a los jubilados – sin tocar los privilegios – y a los que no tienen lobby que en definitiva son los que financian al estado.

El contexto internacional no va a mantenerse inalterado por cinco o diez años, no se debe subestimar la posibilidad de cambios, de modo que hay que salir de este esquema un tanto keynesiano apoyado en deuda externa con audacia para achicar el gasto y en base a un gran acuerdo.

Estos políticos necesitan un estadista que logre un acuerdo consistente, difícil en argentina y quizás no imposible.

En cuanto a la evolución del día a día parece un buen momento para la economía real.

La inflación llegará a 23.5 24% en 2017. En noviembre fue menor con respecto a de octubre. El IPC tuvo un incremento de 1.4%, por debajo del registro de 1.5% de octubre. La inflación acumulada en 2017 se ubica en 21.0%.

Transporte, Restaurantes y Hoteles y Alimentos y Bebidas no Alcohólicas subieron en promedio 2%, la inflación núcleo estable en 1.3%, En tres meses la inflación núcleo fue 1.4%. Acumulando 19.2% en 2017. Mejores números que 2016.

En diciembre el índice crece estacionalmente y reflejará – además- los aumentos en las tarifas de servicios públicos por lo cual se mantendrá la política monetaria de altas tasas. Las expectativas de inflación futura se mantienen por encima del objetivo de inflación del BCRA en 2018 y alejado de los niveles compatibles con el objetivo de 10%+-2%

El nivel de actividad, indica que la construcción creció un 25,3% en un año.

El sector impulsa el crecimiento por la obra pública y la privada, por demanda del mercado inmobiliario y de crédito hipotecario, que se duplicó en 6 meses

La industria produjo un 4,4% i.a. en octubre sexta suba consecutiva,

Brasil va dejando atrás su recesión, crecerá 1% este año y 2,6% en 2018, y ya se ve en los patentamientos de automotores. En Brasil, las ventas de vehículos crecieron 9% en lo que va del corriente año, tras caer 27% en 2015 y 20% en 2016

En la recaudación de impuestos de noviembre hubo un crecimiento de 23,1% anual (similar a la inflación) descontando e blanqueo en realidad fue 32,5% (+8% en términos reales). Se destaca aquí el aumento de la recaudación por mayor nivel de actividad, y del IVA que aumentó 41,85 una mejora de 16% en términos reales.

Pero los ajustes en las tarifas de los servicios públicos, suman volatilidad a las variaciones del nivel general de precios en el corto plazo.

Los analistas consultados por el BCRA estiman 2,1% mensual para diciembre y 23,5% para 2017.

Ellos no prevén una baja de las tasas de interés hasta abril, de acuerdo con las intenciones del BCRA. La tasa de política monetaria será 28,75% hasta marzo, bajando hasta 22% a fin de 2018.

A pesar de la política monetaria, el nivel de actividad crece y no se esperan cambios, previéndose un crecimiento del PBI de 2,9% para 2017, 3,1% en 2018 y un ya dudoso por lejano 3,3% en 2019.

Esto reflejaría un proceso de ordenamiento macroeconómico todo un desafío, con la economía creciendo de manera sostenida,

EL MUNDO Y ARGENTINA 

El mundo es para Argentina más importante que para otros países. La calificadora Standard &Poor`s piensa como países vulnerables a un aumento de la tasa de interés internacional a Qatar, Pakistán, Turquía, Egipto y Argentina. Son países chicos pero su posición en términos geopolíticos es estratégica y relevante.

Ante un aumento del riesgo global estratégico Argentina es más vulnerable que el resto. Por ejemplo, un incremento del riesgo de una guerra con Corea del Norte o una escalada del conflicto en Medio Oriente, impactarían muy fuerte sobre el país.

Todo el aumento del riesgo global está en EE.UU., con un Donald Trump, con permanentes muestras de controvertida personalidad. Sacó a EE.UU. del acuerdo migratorio de la ONU aprueba por decreto prohibir la inmigración de ciudadanos de seis países; cuestiona a la OMC, logró una alarmante reforma impositiva del Congreso, apuesta fuerte en el Rusiagate y coquetea desde la soberbia el riesgo de conflicto militar con Corea del Norte sin escenario de guerra probable. Traslada la embajada norteamericana en Israel de Tel Aviv a Jerusalén (en Tel Aviv hay 88 embajadas, en Jerusalén ninguna, excepto la de EE.UU.) y provoca que enemigos como Arabia Saudita e Irán se unan ofendidos.

O sea, todo un panorama bastante cerca de una volatilidad que de ninguna manera favorece a argentina.