A pocos días de lo que muchos políticos consideran un plebiscito la población se mantiene al margen y no le da mayor trascendencia porque sus preocupaciones son otras. 

La actual administración ha hecho lo que mejor supo para llegar a estas elecciones en un clima económico favorable sabiendo que al asumir encontraría tierra arrasada. A los ojos del grueso de la población ha logrado poco, aunque impropio sería desconocer que mucho han modificado el descontrol moral, social, económico y de posicionamiento internacional que aceptaron a sabiendas recibir para tomar el poder.

Los nuevos responsables, los operadores financieros y la población informada no desconocían que existía un déficit primario y secundario generado por gastos sociales inelásticos e improductivos por falta de contraprestación, y una emisión monetaria descontrolada para pagarlos y que los precios relativos estaban distorsionados por subsidios y controles con tendencia a aumentar en una inflación asimétrica, desconocida en su magnitud por distorsión de datos. 

La nueva administración estaba bien al tanto al tomar la conducción que liberar el mercado cambiario y simultáneamente destrabar al sector agropecuario  cancelando simultáneamente la deuda externa pendiente generaría inicialmente más inflación, caída del salario real, depresión de la productividad y mayor baja de empleo, pero también ayudaría a crear un clima inicial de credibilidad y un supuesto esbozo de seguridad jurídica favorable para  la inversión privada interna y externa, algo que aún no se ha conseguido.

Lo que resultaba difícil de medir era la magnitud de lo positivo y lo negativo y se hizo lo que había que hacer para evitar una crisis. Esta administración desde que se hizo cargo opera en lo macroeconómico y en toda área políticamente sensible mucho más gradualmente que lo que muchos desearían (desde una posición de poder económico es fácil exigir medidas extremas que impacten a otros) y ese gradualismo es criticado por los halcones adinerados que nada tienen que perder y mucho que ganar con el ajuste real si se hubiera hecho de golpe.

La nueva administración decidió tratar de dar al sector privado mayor protagonismo para ir reemplazando al sector público como motor de crecimiento. Asumieron que el control de la inflación y un impulso ordenado hacia la producción y el consumo se producirían en la segunda parte de 2016 y así lo anunciaron al igual que indicaron que la meta de inflación para 2017 sería del 17%.

No ocurrió. 

El control de la inflación se extendió mucho más de lo esperado y la reactivación de la economía es aun embrionaria luego de 6 meses de finalizado el año 2016. 

Cierto es que tomado en conjunto se detuvo la caída de la actividad, pero en forma despareja con sectores con alto rendimiento y otros en franco retroceso.  El crecimiento es casi nulo, 0.3% del PBI en seis meses de 2017. La población no percibe en su bolsillo ni en su calidad de vida esa cifra; para el 90% de la gente las elucubraciones cuantitativas en lo económico carecen de significado real y esa falta de capacidad de comunicación puede costar muy caro a una administración políticamente inexperta. 

Es  cierto que ¨una recesión termina cuando se alcanza el nivel en que comenzó la caída…¨ afirmación teórica muy razonable que no ayuda a poder comprar un abrigo invernal cuando el costo es 400%  más costoso que en una economía grande y competitiva y 250% más costoso que en otra – como la chilena – pequeña pero bien ordenada. 

La administración actual en su discurso mudo, parece empeñada en perder votos y gobernabilidad. Porque los que leen este tipo de análisis y comprenden la gravedad de la situación, la buena calidad de la reorientación macro y el esfuerzo acertado de algunos de los numerosos y desordenados ministerios, son una minoría, una insignificancia electoral. 

Mientras tanto, el sector privado – especialmente  las grandes empresas formadoras de precio y actividad continúan –  operando sin hacer ninguna inversión productiva a la espera del referéndum de Agosto y Octubre, disimulando su inacción con grandilocuentes y  vacías muestras de apoyo a la nueva administración. 

Como dirían en EE.UU. ni una sola de las grandes empresas ha puesto su plata donde pone la boca. Y le trasladaron todos los problemas a sus proveedores, las Pymes quienes soportan el peso de las tasas hiperpositivas que contienen la inflación achicando sus estructuras y trabajando casi sin stock. 

A nivel internacional un mundo hiperlíquido ha ofrecido una cautelosa bienvenida a la nueva administración, pero de ninguna manera le han otorgado carta blanca.

Ningún organismo o empresa privada ha  realizado inversiones  y el mundo civilizado mediante sus voceros anuncia claramente que confían en la administración actual pero ¨…aunque el mercado …argentino cumple la mayor parte de los criterios de accesibilidad de los mercados emergentes, la irrevocabilidad de los cambios, recientes, todavía debe ser evaluada …¨ antes de invertir en estructuras productivas de largo plazo. 

En otras palabras: el gobierno debe ganar las elecciones y asegurar su continuidad y corregir la incorregible justicia argentina donde los imputados no declaran sino con insípidas cartas victimizándose políticamente ante hechos probadamente criminales. Algo que eriza a los prestamistas de un país que ha entrado siete veces en default a lo largo de su historia. 

 Por eso Morgan Stanley – en nombre de la comunidad financiera internacional – decidió no cambiar la calificación de “mercado periférico” para la Argentina y anunció que observarán que ocurre durante el año 2018.

El fin de la recesión – un crecimiento parejo y visible del consumo y de la producción privada – están postergados hasta fin de 2017 y no ayudan a la administración para nada en estas elecciones. La inflación será menor y la actividad crecerá, la administración hizo, pero no llegó a tiempo para que su buena orientación le diera leverage eleccionario desde los bolsillos de la gente. No llegaron con la fuerza necesaria para influir en las elecciones.

La economía ha sido positivamente reorientada pero aun no le llegan mejoras a la población, por lo cual la única opción que le queda a esta administración para hacer un papel más que decoroso en las elecciones es polarizar la oposición y generar un enfrentamiento, algo que en apariencia habría conseguido.

Esta administración, dado el medio ambiente condicionante en que se mueve tanto localmente como internacionalmente no tiene margen de ningún tipo para absorber el schock de un triunfo populista que anticiparía un futuro inmediato sombrío y ya conocido por varias generaciones.

Ahora bien: si la administración es respaldada con poca ventaja deberá decidir entre mantener este peligroso gradualismo asimétrico o hacer un  ajuste dentro de un Programa Macroeconómico y una reforma fiscal inmediatamente.

Continuar mucho más tiempo con este tipo de gradualismo para evitar un schock social que sería fogoneado ardorosamente por el 30% de la población en estado de hipnotismo populista no es conveniente porque en ese caso serán las empresas, las corporaciones y la población quienes se enfrenten y provoquen una reacción imprevisible, especialmente para una administración que casi no tiene entrenamiento político. 

Se llegará al límite del gradualismo cuando no convenga (o no sea posible) incrementar el endeudamiento externo para financiar el gasto corriente (algo así como comprar la comida del mes en 3  pagos mensuales con tarjeta) y el límite del schock es cuando comienza a manifestarse la angustia social a mayor escala que en la actualidad.

No se puede seguir en 2018 con gradualismo porque durante todo 2017 la inflación se contuvo con un tipo de cambio bajo por los ingresos de los préstamos externos y porque no se aumentaron – como era necesario – las tarifas para que los precios relativos se acomodaran al menos en ese rubro. 

Con la devaluación de 65% para salir del cepo cambiario, el tipo de cambio real multilateral (el que tenemos con los países con quienes comerciamos) fue 12% más alto pero terminó más atrasado que en los 12 años de gestión anterior. 

La situación fiscal (heredada y agravada) para el 2018 tampoco es favorable. El gasto primario nacional en el 2017 se mantendría en el mismo y muy alto nivel que en el 2015 (24,5 % del PBI), que a su vez era 5 puntos del PBI más elevado que el del 2011. 

Screenshot_1

El cuadro muestra con datos reales del Ministerio de Hacienda que desde 2009 se inició un fuerte déficit que aún no fue resuelto dado el gradualismo y que la diferencia entre ingresos y gastos de la administración tiende a incrementarse.

Screenshot_2

Al comenzar su gestión esta administración fue criticada porque perdía la oportunidad de ajustar con más energía en el momento de su mayor fortaleza política. Decidieron mantener un peligroso statu quo con gradualismo y ajustes desiguales que no alinearon los precios relativos y no ayudaron a controlar la inflación para llegar con buenas perspectivas a las elecciones de medio término y luego hacer ajustes de fondo. Ese fue el timming y los resultados son dudosos.

Aun con un éxito importante – la actual administración seguirá siendo minoría en ambas Cámaras. Las elecciones de octubre no cambian nada. 

Lo genuino sería una corrección de precios relativos y un ajuste que abarque acuerdos con otras fuerzas políticas. Lo ideal – el objetivo principal de mediano plazo para la actual administración – parecería ser conseguir posicionarse en las elecciones y lograr un acuerdo con algunos partidos de la oposición para compartir las ventajas de un plan de largo plazo pero también conllevar juntos el costo político de ser parte en las decisiones gobierno. 

En nuestro país ese tipo de acuerdo no deja de ser un pensamiento ilusorio y voluntarista sin viso alguno de realidad considerando dos aspectos, uno objetivo: que una fuerte minoría ideologizada y con mayor egoísmo político que sus restantes colegas lo impedirían y uno subjetivo: nuestra sociedad, ergo, nuestros políticos solo reaccionan cuando ya no pueden evitarlo. La pro actividad no existe en argentina. 

La inesperada mala noticia

Como ya se ha dicho MSCI – Morgan Stanley Capital International mantuvo al país como mercado fronterizo hasta 2018 por debajo de Brasil, Grecia y más cerca Chile. Reconocen algunas mejoras y mencionan que el mercado de capitales podría ser recalificado a emergente. Pero ponen en duda que los cambios introducidos puedan concretar buenos resultados dado su gradualismo y por la debilidad de la justicia que no garantiza seriedad a las inversiones de largo plazo.

Nadie puede negar que no tengan razón. Esperarán el resultado de las elecciones para decidir si argentina tiene posibilidades de seguir adelante por la buena senda – lenta – ya trazada.

La actual administración descontaba el ascenso, el mercado local también pero la razón del mantenimiento en la tan baja categoría se debe a que se teme un retroceso sorprende que se sorprendan.

El mundo está hiperlíquido e interesado en prestar, pero se tuvo más en cuenta la posibilidad de trabas ideológicas populistas o hasta un retorno al populismo más que los cambios positivos y reformas hechos y conocidos.

Por otra parte internamente no se tomaron decisiones de fondo, hubo ajustes correctísimos y fundamentales pero no en dirección a resolver el principal problema que es el déficit fiscal y sus consecuencias.

Situación inesperada para la administración y para la mayoría de los analistas mediáticos, pero en realidad solamente impacta a las acciones y al costo del endeudamiento pero no a los bonos. No es una modificación que altere el escenario de reactivación económica en el corto plazo, ni a la tasa de inflación descendente y menos al mínimo descenso del riesgo argentino.

La recalificación hacia arriba no se hizo porque no hubo un ajuste sobre las variables más sensibles, y el riesgo país no variará mucho si no se sale del gradualismo. 

La realidad actual

El nivel de actividad correspondiente al primer trimestre de 2017 muestra cifras mejores a las esperadas: el PBI creció 0.3% comparado con el mismo período de 2016 y anualizado sería 4.3%, superior a todo lo proyectado por el Indec (2.4% anualizado).

El crecimiento del PBI de 0.3% interanual se debe a que la demanda doméstica creció 1.3% y por la acumulación de inventarios a pesar de la caída de las exportaciones que fue 1.8% anual y el aumento del 4.3% en las importaciones

La demanda interna aumentó en el primer trimestre: el consumo privado subió 0.9% anual, el consumo público 1.0%, y la inversión creció 3.0%, siendo la primera variación anual positiva después de cuatro trimestres negativos.

La inversión en maquinaria y equipos – lo que es la base del futuro crecimiento – creció 1.1%

Pese a este repunte, la inversión bruta es casi inexistente. En el primer trimestre apenas llega al 15.0% del PBI, la tasa de inversión más baja de toda América Latina que es la región del mundo que menos invierte, menor aunque el convulsionado Brasil (15.6% del PBI).

CIFRAS: la expansión interanual del PBI fue por el sector de transporte y almacenamiento que creció 3.7%, por la actividad inmobiliaria +2.7%, el sector agropecuario+4.3% anual y lo habitual: la intermediación financiera +2.4%.

Decreciendo sigue la actividad comercial -0.9%, la minería -5.4% y la industria manufacturera -2.2%.

Si todo sigue igual – lo cual no es muy probable dada la positiva tendencia de algunos sectores – es probable que el crecimiento anual supere el 2.7% del PBI.

CIFRAS: Hay un aumento de la desocupación: el desempleo subió a 9.2% en el primer trimestre de este año, lo que implica que 212,000 personas son nuevos desempleados. El total es 1, 150,000 personas en los 31 conglomerados urbanos relevados por el Indec y 1, 800,000 personas en todo el país.

Esto se debe a que se perdieron 131,000 puestos de trabajo y aumentó la cantidad de personas que se incorporaron al mercado laboral buscando trabajo que son 81,000 personas más.

El crecimiento demográfico es 1.1% por año y la población en edad de trabajar aumenta 1.2% por año la economía necesita generar 140 mil puestos de trabajo por año para mantener sin aumento la tasa de desempleo. Algo que no ocurre ni ocurrirá en el futuro cercano.

La evolución del empleo privado asalariado formal:   son solamente 6, 200,000 trabajadores en todo el país. Aquí hubo alguna recuperación del empleo privado formal en 2017. Lo cual indica que hubo una baja del empleo en el segmento de trabajadores informales.

El empleo privado formal crece desde junio pasado, se crearon 30,000 nuevos puestos de trabajo sin llegar a los niveles de fines de 2015.

La mejora fue en la construcción: se crearon 26,000 nuevos empleos sobre los habituales 429,000 obreros y técnicos. O sea que el sector que ocupa al 7% del total de ocupados registrados fue responsable del 82% de la mejora observada del empleo privado formal. La construcción siempre impulsa el crecimiento del empleo a comienzos de cualquier expansión. 

RESUMEN

CIFRAS: Lo más complicado de lograr es bajar el déficit fiscal porque afecta a la administración política y socialmente, en especial saliendo de una recesión. 

La inercia del déficit es muy fuerte. Si no se toman acciones concretas el déficit aumenta porque hay 65% de gasto indexado (jubilaciones, sueldos públicos, empleados del estado…) y otros gastos totalmente inelásticos. Si alguien imagina que la reactivación será lo que reduzca el déficit, debe saber que transcurrirá demasiado tiempo. Hay que tomar acciones fiscales muy activas e inmediatas para evitar que el déficit siga subiendo y otras muy difíciles para hacerlo bajar. 

Si se quiere bajar la tasa de inflación antes que el déficit fiscal debe tomase en cuenta que la caída de la inflación es contraria a la recaudación, obviamente, bajarla dramáticamente no ayuda al déficit. Pero ha sido elegida como prioridad.

Se bajaron impuestos a sectores aislados (retenciones y algo de Ganancias) con lo cual creció el déficit que se compensó por única vez con el blanqueo

Se dijo que la Reparación Histórica previsional, la devolución de recursos a las provincias y el aumento de los planes sociales son las causas. Una al menos es falsa: la Reparación Histórica no va más allá de un relato,  casi nadie ha cobrado nada, y muy difícilmente haya ofertas, siendo éste el peor problema que enfrentará la administración durante el cuarto trimestre, cuando se inicien los novedosos juicios por incumplimiento de la ley.

A este ritmo de reducción del déficit fiscal, de cumplirse la meta de 4,2% del PBI, esto será el mismo que el de 2015, el pronosticado para 2018 que es 3,2% del PBI no llegará a ser menor que el 2014 y el previsto para 2019, el 2,2% no llega al del 2013.

Estas cifras son oficiales y son muy malas porque al final del día el déficit fiscal primario acumulado del cuatrienio 2016 – 2019 sería más grande que el del período 2012 – 2015. 

Uno de los tantos problemas del déficit fiscal no es solamente el déficit primario porque cada día aumentan los intereses de la nueva deuda pública, local e internacional.

Lo que en 2014 era un gasto menor, en 2015 es mayor a 1% del PBI, en 2016 y 2017 será 1.5% y en 2018 y 2019 más de 2%. De esta manera el déficit total (el primario más intereses) de 2019 será mayor al de 2015 (5 puntos del PBI)

 Una prioridad ineludible

Un déficit fiscal elevado implica que no se puede tener una política fiscal programada hacia un crecimiento porque primero hay que encontrar la política de financiamiento de ese déficit. Algo obvio.

Financiar los vencimientos de deuda y financiar el déficit es algo que tiene que conseguirse de cualquier manera y a cualquier costo. El programa hoy es macro dependiente del endeudamiento y el financiamiento es la prioridad.

Donde obtener recursos si el déficit fiscal es demasiado elevado para una economía tan pequeña como la Argentina, con un mercado de crédito en pesos y un mercado cambiario en dólares que son liliputienses, insignificantes, incapaces de aportar nada?

No importa de dónde se obtengan los recursos eso tendrá fuertes efectos macroeconómicos muy incómodos y el sector privado ya no puede seguir aportando incrementalmente.

Aumentar impuestos y bajar subsidios es más recesivo en medio de una recesión e insostenible para la rentabilidad del sector privado.

Emitir y usar reservas como hacía la administración anterior es – en este momento – hiperinflacionario –  

Tomar deuda interna en pesos paraliza más al sector privado

Tomar deuda externa (que es lo que se hace), obliga al BCRA a emitir pesos y a esterilizar con LEBAC y generar más atraso cambiario y más déficit cuasi fiscal (por cierto aun manejable).

Ningún camino deja de tener grandes piedras.

En los hechos, la política de financiamiento elegida fue el endeudamiento externo, para los vencimientos de deuda (capital e intereses) y para cubrir el déficit fiscal primario.

Utilizar el mercado internacional de capitales es posible por la gran liquidez mundial, las bajas tasas de interés (para otros países no para argentina) y permite evitar el financiamiento inflacionario o el financiamiento recesivo del mercado de crédito local en pesos (efecto “crowding – out” al sector privado). 

Pero el endeudamiento externo obliga  a emitir pesos para financiar el déficit fiscal primario porque el mercado cambiario local es muy chico para absorber los dólares del financiamiento del sector público y el único comprador posible es el BCRA que termina emitiendo y luego recuperando pagando tasas por las LEBACs.

Resultado: más emisión monetaria que la programada, un incremento del stock de LEBAC (hoy supera al billón de pesos), dificultades para bajar la tasa de interés porque hay que renovar cada vez más LEBAC, crecimiento del déficit cuasi – fiscal por el pago de los intereses de esta deuda.

Si se quiere llegar a una meta de inflación de 12% en 2018 entonces la tasa de interés de las LEBAC debería ubicarse en17% anual.

La tasa actual arriba de 25% está muy lejos alejada de ese posible objetivo.

La contrapartida del endeudamiento externo y del mayor stock de LEBAC es la acumulación de reservas en el activo del BCRA. Algo fundamental como un seguro para eventuales crisis o inesperados actos de Dios fuera del país.    

Conclusión

Es necesario seguir consiguiendo dólares o pesos en cualquier mercado.

Los efectos negativos del financiamiento (inflación, altas tasas de interés, “crowding – out”, bajo crecimiento económico, atraso cambiario) es algo secundario – lamentablemente – porque primero hay que tener cajas en pesos y dólares para pagar los gastos del estado.

Este año, todavía falta el equivalente a US$ 5,800 millones de dólares. 

Hay que conseguir que el déficit primario muestre realmente que baja y que la cuenta de intereses no crezca demasiado. Por ahora, no se ha logrado.

En cuanto a renovar el stock de LETES en dólares y el de LEBAC en pesos no ningún mecanismo a la vista para desarmarlos. 

El otro déficit fiscal, el completo, el que incluye los pagos y gastos financieros más intereses será mayor en el 2017 (6.1 % del PBI) que en el 2015 (5.6%) a pesar de incluir el ingreso por única vez de un importante y exitoso blanqueo.

 

LA INFORMACIÓN PROPORCIONADA POR DINÁMICA ECONÓMICA PARA SUS CLIENTES ES UN COMPLEMENTO A LOS SERVICIOS HABITUALES. TIENE ÚNICAMENTE PROPÓSITOS INFORMATIVOS Y NO DEBE CONSIDERARSE UN SUSTITUTO DEL JUICIO CRÍTICO DEL RECEPTOR. NO TIENE POR OBJETO PROPORCIONAR ASESORAMIENTO PROFESIONAL A NUESTROS CLIENTES, NI DEBERÍA SER UTILIZADO POR ELLOS CON EL PROPÓSITO DE EVALUAR LA MARCHA DE SUS ACTIVIDADES SINO MERAMENTE VISUALIZAR UN CONTEXTO. LOS COMENTARIOS PROSPECTIVOS SON MERAS PROYECCIONES Y DE NINGUNA MANERA CONSTITUYEN GARANTÍAS DE LA OCURRENCIA DE HECHOS O EVENTOS FUTUROS A OCURRIR. LAS PROYECCIONES ESTÁN SUJETAS A RIESGOS, INCERTIDUMBRES Y FACTORES NO CONTROLABLES, Y LOS RESULTADOS REALES PUEDAN SER TOTALMENTE DIFERENTES U OPUESTOS A LOS EXPRESADOS EN LAS PROYECCIONES. NUESTRO NEWSWEEK ESTÁ DESTINADO EXCLUSIVAMENTE A SU DESTINATARIO (CLIENTES Y NO CLIENTES INVITADOS) Y NO DEBERÍA SER REPRODUCIDO, O PUBLICADO EN SU TOTALIDAD O EN PARTE SIN PREVIA AUTORIZACIÓN DE DINÁMICA ECONÓMICA INC., QUE NO PUEDE – OBVIAMENTE – ASUMIR RESPONSABILIDADES DERIVADAS DEL USO DE ESTA INFORMACIÓN.
Anuncios